22/07/2026
«𝐀𝐥𝐚𝐛𝐞𝐦𝐨𝐬, 𝐝𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐠𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚𝐬 𝐲 𝐩𝐢𝐝𝐚𝐦𝐨𝐬»
Uno de los momentos más significativos de la celebración fue la homilía, confiada a Mons. Roberto Balmori, Obispo Emérito de Ciudad Valles, quien, a la luz de este Jubileo Sacerdotal, nos invitó a contemplar la vida y el ministerio de Mons. Julio desde tres actitudes fundamentales: 𝑙𝑎 𝑎𝑙𝑎𝑏𝑎𝑛𝑧𝑎, 𝑙𝑎 𝑎𝑐𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒 𝑔𝑟𝑎𝑐𝑖𝑎𝑠 𝑦 𝑙𝑎 𝑜𝑟𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒 𝑝𝑒𝑡𝑖𝑐𝑖𝑜́𝑛. Con un mensaje profundo y cercano, fue conduciendo a toda la asamblea a reconocer la obra que Dios ha realizado durante estos cincuenta años de fidelidad sacerdotal.
El primer momento fue el de la alabanza a Dios. Mons. Balmori nos recordó que «𝐞𝐥 𝐒𝐞𝐧̃𝐨𝐫, 𝐞𝐧 𝐬𝐮 𝐛𝐨𝐧𝐝𝐚𝐝, 𝐧𝐨𝐬 𝐩𝐞𝐫𝐦𝐢𝐭𝐞 𝐚𝐝𝐦𝐢𝐫𝐚𝐫 𝐬𝐮 𝐠𝐫𝐚𝐧𝐝𝐞𝐳𝐚 𝐚 𝐭𝐫𝐚𝐯𝐞́𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐝𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐬𝐮 𝐠𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚 𝐲 𝐝𝐞 𝐬𝐮 𝐚𝐦𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐜𝐞𝐝𝐢𝐝𝐨 𝐚 𝐌𝐨𝐧𝐬. 𝐉𝐮𝐥𝐢𝐨». Así, nos invitó a volver la mirada al Señor y reconocer que todo don, toda vocación y todo ministerio encuentran su origen en Él.
El segundo momento fue el de la acción de gracias a Dios por todos los beneficios recibidos a lo largo de 50 años y de toda su vida. En este sentido expresó que Mons. Julio puede decir con el corazón lleno de gratitud:
"Gracias, Señor, porque me diste la existencia, la vida, la familia, la formación humana y cristiana; la vocación a la vida consagrada en la Congregación de Misioneros Josefinos; la vocación sacerdotal y la ordenación episcopal para servicio pastoral de los hermanos y hermanas de la Diócesis de Tlaxcala, de toda la Iglesia y del mundo entero."
El tercer momento fue la oración de petición, porque —como señaló Mons. Balmori— «es el mismo Jesús el que nos invita a hacerlo», y «qué mejor momento para elevar nuestras oraciones al Señor que las bodas de oro sacerdotales de Mons. Julio». Por ello, invitó a pedir a Dios que le conceda la abundancia de sus bendiciones, la fidelidad a Cristo y a su Iglesia, haciendo presente la oración sacerdotal de Jesús en la Última Cena:
"Padre, te pido por todos los que me has dado; cuídalos en tu nombre, para que sean uno como nosotros; guárdalos del maligno; conságralos en la verdad."
Al concluir la celebración, Mons. Julio recibió un ramillete espiritual, signo del cariño, la gratitud y la oración de los fieles de nuestra Diócesis.
Con el corazón agradecido, damos gracias a Dios por estos cincuenta años de sacerdocio y pedimos que continúe fortaleciendo a Mons. Julio para que siga guiando a nuestra Iglesia con la alegría y fidelidad de un pastor según el corazón de Cristo. Que Nuestra Señora de Ocotlán y San José lo acompañen siempre en su ministerio.