11/04/2026
Señor, no permitas que pase frente a Ti en el altar… y siga siendo un paralítico del alma.”
Señor Jesús Resucitado,
hoy caigo de rodillas ante Ti,
porque Tú eres el mismo que levantaste al cojo en la puerta del Templo
y el mismo que abriste los ojos de tus discípulos al partir el Pan.
Levanta también mi alma, Señor.
Porque muchas veces he estado tan cerca de Ti…
y aun así he seguido caído.
Tan cerca del Templo…
y sin entrar de verdad.
Tan cerca de tu Palabra…
y con el corazón frío.
Tan cerca del altar…
y con los ojos cerrados ante tu Presencia.
Perdóname, Jesús mío,
por las veces que he mendigado migajas del mundo
Perdóname por mis tibiezas, mis distracciones, mis durezas, mis resistencias.
Perdóname por las veces que te he escuchado…
pero no te he obedecido.
Por las veces que mi corazón quiso arder…
pero mis rodillas no quisieron doblarse.
Hoy te suplico, Señor:
háblame en el camino,
quémame con tu Palabra,
levántame con tu poder,
hazme entrar en tu Templo,
y ábreme los ojos al partir el Pan,
para reconocerte vivo, real y glorioso
en la Santa Eucaristía.
Jesús Eucaristía,
no quiero seguir viéndote como rutina.
No quiero mirarte en la Hostia consagrada
y seguir con el alma dormida.
Quiero adorarte con lágrimas.
Quiero amarte con temblor.
Quiero recibirte con reverencia.
Quiero defenderte con valentía.
Quiero anunciarte con un corazón encendido.
Arranca de mí toda incredulidad,
rompe toda soberbia,
destruye toda tibieza,
y haz que, como el cojo sanado y como los discípulos de Emaús,
yo me levante, vuelva, entre, adore
y corra a gritarle al mundo:
¡Jesucristo está vivo, y se ha quedado con nosotros en la Eucaristía!
“Señor, que nunca me acostumbre a mirarte en la Hostia… sin llorar por no haberte amado lo suficiente.”