Adoración Nocturna Mexicana Diócesis de Cordoba

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Vigila de Acción de Gracias por  el 22 Aniversario Sacerdotal del Pbro. Leobardo Neri García Director Espiritual Diocesa...
08/07/2022

Vigila de Acción de Gracias por el 22 Aniversario Sacerdotal del Pbro. Leobardo Neri García Director Espiritual Diocesano de la Adoración Nocturna Mexicana de la diócesis de Córdoba,Ver. En en Santuario de Cristo Rey Silao Guanajuato Muchas felicidades Padre Leo.🎉🎂🎉🎈🎈

09/05/2022
Adorado sea el santísimo sacramento!Ave María purísima! Hermanos los esperamos este 19 de marzo en la parroquia de los S...
14/03/2022

Adorado sea el santísimo sacramento!Ave María purísima! Hermanos los esperamos este 19 de marzo en la parroquia de los Santos REYES en amatlan para realizar juntos el 2o retiro espiritual de cuaresma de Adoración Nocturna Mexicana Pbro. Leobardo García Neri director espiritual Diocesano de Córdoba.

Los esperamos en el 1er retiro de cuaresma en huatusco en San Antonio de Padua 26 de febrero 2022 iniciamos a las 9 a.m.
23/02/2022

Los esperamos en el 1er retiro de cuaresma en huatusco en San Antonio de Padua 26 de febrero 2022 iniciamos a las 9 a.m.

Tepatlaxco tuvo su primer retiro espiritual a cargo del padre Leobardo Neri García director espiritual diocesano de Córd...
15/02/2022

Tepatlaxco tuvo su primer retiro espiritual a cargo del padre Leobardo Neri García director espiritual diocesano de Córdoba.

14/02/2022

13 de febrero Asamblea de presidentes de la diócesis de Cordoba dirigida por el Padre Leobardo Neri García director espiritual diocesano de la adoración nocturna Mexicana.

Hoy 6 de febrero 22 estuvimos en la comunidad de Tlapala con las diferentes secciones de la zona el director espiritual ...
07/02/2022

Hoy 6 de febrero 22 estuvimos en la comunidad de Tlapala con las diferentes secciones de la zona el director espiritual Padre Leobardo Nery García realizo este pequeño retiro espiritual hubo una participación de 400 fieles acompañado del consejo superior diocesano de Córdoba

Retiro de instrucción sede colonia Manuel González zentla con una participación de 80 ADORADORES de las diferentes comun...
06/02/2022

Retiro de instrucción sede colonia Manuel González zentla con una participación de 80 ADORADORES de las diferentes comunidades citadas 5/02/22 a cargo del padre Leobardo Neri García director espiritual Diocesano 🙏

05/02/2022

Etimología y sentido de la expresión litúrgica AMEN.
La expresión “amén” está presente en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, y contiene en ambos casos significados muy diversos y ricos en matices.


Es palabra hebraica, derivada de la raíz ‘mn, que evoca estabilidad, solidez y seguridad. La idea fundamental es la de una realidad capaz de sustentar (Num 11, 1112), apoyándose en ella los demás sentidos de esta raíz. Es un sustantivo que significa un acto por el cual la persona se apoya en una realidad capaz de realizar su ser y su vida.

Se usa como respuesta individual (1 Reg 1, 36) o colectiva (Neh 5, 13); el profeta Jeremías explica el sentido salvador de esta respuesta: es una actitud ante la Palabra de Dios que instaura la Alianza (Ier 11, 5), y una respuesta a la Palabra que compromete el futuro de un pueblo con el fin de darle la salvación (Ier 28, 6). Es, pues, un acto de aceptación y de comunión con la voluntad divina que quiere salvar a su Pueblo.



Amén



En el Antiguo Testamento el empleo de la expresión es exclusivamente cultual. Se usa en Dt 27, 15 ss. en las llamadas maldiciones de Siquém. Dt 27 recoge la conclusión del esquema de la Alianza (v.), cuyas cláusulas se encuentran en Ex 2023, de modo que aquí “amén” tiene el sentido de aceptación de la Alianza que exige un compromiso personal y colectivo (los 24, 15.16.19).

Como respuesta a una maldición, le expresión es un compromiso personal frente a la posibilidad que se abre para el pueblo ante la vida o la muerte (Dt 27, 15 ss.; Dt 30, 15 ss.).

En Num 5, 22 tiene ese mismo sentido. En Num 5, 1131 es respuesta a un tipo de ordalía que propone el juicio divino como una alternativa entre la bendición y la maldición. “Amén” es una aceptación de la Palabra de Dios que juzga (ls 65, 16).



¿Qué significa la expresión "Amén"? 3



Neh 8, 6 emplea este vocablo en una liturgia que consiste fundamentalmente en una lectura de la Palabra de Dios que lleva al arrepentimiento y a la conversión (Neh 89); es una aceptación de la Palabra que obra en la historia para realizar entre los hombres los beneficios del amor y de la fidelidad divinos. Aceptación también de la Palabra y del Amor divinos que salvan y constituyen al Pueblo (Neh 9., 3233).

También es significativo el uso de esta expresión en 1 Par 16, 36 como respuesta del pueblo que concluye toda la liturgia del traslado del Arca a Jerusalén, fundamento de la organización del culto levítico en la ciudad santa (1 Cron 13; 16, 443).

Efectivamente el cronista nos dice que la historia es una sucesión de generaciones, recordadas en las genealogías, que terminan en la tribu de Judá y de los levitas; y toda la historia converge en David, el fundador del único y verdadero culto celebrado en Jerusalén. En torno a David se congrega el Pueblo (1 Cron 11, 13).

Y es David el instaurador del culto de Jerusalén por el hecho del traslado del Arca, a cuyo servicio están los levitas (1 Cron 13, 1 ss.). De este modo 1 Cron 16, 4 ss. aparece como una liturgia final que da sentido a este culto.



¿Qué significa la expresión "Amén"? 4

Esa liturgia final se caracteriza por el nuevo empleo de los salmos 105, 15 y 96, 1 ss., que son una meditación del pasado a fin de reforzar la esperanza en la salvación definitiva.

Así, pues, el “amén” de 1 Cron 16, 36 es una participación en la acción litúrgica que consiste en alabar, narrar y recordar las maravillas divinas que realizan la salvación (1 Cron 16, 9.12.15.35).

Este vocablo viene a significar la aceptación del designio de Dios de salvar a su Pueblo, que le tributa culto en Jerusalén y espera la realización plena de la promesa hecha en su día al rey David: la aparición del Mesías (1 Cron 17, 1 ss.).

“Amén” aparece también como conclusión sacral en el Salterio (Ps 41, 14; 72, 19; 89, 53, 106, 48). En la Biblia griega la palabra significa en Tob 8, 8 un deseo, y en Tob 14, 15 se usa como conclusión del libro.

En Idt 13, 20 y 15., 10 tiene un sentido cultual. En la comunidad de Qumrán, a. está empleado en el aspecto cultual de la aceptación de la bendición y de la maldición (en 1QS 1, 20; 2, 10, 18).

En el Nuevo Testamento. En los Evangelios sinópticos a. sirve para introducir alguna palabra o frase (logion) de Jesús. Generalmente se trata de frases en las que Jesús dice algo sobre su Persona o sobre su misión de instaurar el Reino de Dios.

Bastan algunos ejemplos: Mt 5, 18 muestra la autoridad personal de la palabra de Jesús; en Mt 11, 26 y Lc 10, 21 las palabras iniciales primitivas arameas eran ciertamente Amen Abba que resumen el sentido de la relación de Jesús con el Padre; en Mt 24, 2 sirve para plasmar la certeza de lo que es anunciado.

En Juan aparece la forma reforzada «Amén, amén» como introducción de las palabras de Jesús, testigo del juicio y verdad reveladora de vida.

S. Pablo, en 2 Cor 1, 20, emplea “amén” con un sentido teológico. El apóstol quiere mostrar el significado de su predicación sobre Cristo. Y conforme a la característica propia del anuncio del mesianismo de Jesús (Mt 5, 37) la predicación de Pablo se caracteriza por un «sí», pues anuncia a Cristo como el realizador de todas las promesas.

Cristo es el Amén del Padre. Es la afirmación de la voluntad del Padre que la comunidad debe aceptar como la confirmación sólida del designio trinitario de salvación (1 Cor 1, 21).

En el Apocalipsis, a. aparece igualmente con un sentido teológico. Primeramente Apc 3, 14, en la línea de Is 65, 16 (LXX), dice que Cristo es el Amén. Esta afirmación es paralela a otras representaciones de Cristo, en las que los atributos de Dios, contenidos en Is 4066, son aplicados a Cristo, Hijo del Hombre, nuevo Adán y principio de la nueva vida de la humanidad por su muerte y resurrección. É1 es el Vivo (Apc 1, 18), el Santo (Apc 3, 7), el Verídico (Apc 3, 7).



amén



El es Amén en cuanto testigo victorioso que realizará el juicio definitivo, que el Apocalipsis presenta con terminología inspirada en la ley de talión: si la ra**ra embriagó a las naciones con su copa (Apc 17, 1 ss.), el Hijo del Hombre, que es el juez escatológico, prepara la copa de la cólera de Dios (Apc 14, 10 ss.).

Cristo Amén es el juez; Él es el Verbo fiel que por medio de su victoria en la muerte y resurrección venció al mal y mudó el sentido de la marcha de la historia.

Es Amén como Juez que viene a juzgar; y juzgar es decir la verdad sobre la historia, sobre los hombres y sobre sí mismo. Su palabra es el testimonio fiel. Lo que Cristo dice de sí mismo en cuanto A. es recordado siete veces en el Apocalipsis: «Yo soy el Alfa y Omega» ; es decir, Yo soy la totalidad, la realidad verdadera y trascendente.

Amén es la realidad capaz de salvar. Cristo Amén es, pues, el misterio de su vida victoriosa de Verbo de Dios que da sentido y realiza la vida de los hombres. Se emplea también la palabra “amén” en el Apocalipsis con sentido cultual en la liturgia celeste (Apc 5, 14; 7, 12; 19, 4), y como aceptación del testimonio de Jesús que sustenta la esperanza de su triunfo definitivo (Apc 22, 20).



En los otros libros del Nuevo Testamento, “amén” se utiliza como una aclamación y respuesta de la comunidad en el culto (1 Cor 14, 16), como conclusión de oraciones y doxologías (Rom 1, 25; 9, 5; 11, 36; 16, 27; Gal 1, 5; Eph 3, 21; Philp 4, 20; 1 Tim 1, 17; 6, 16; 2 Tim 4, 18; Heb 13, 21; 1 Pet 4, 11; 5, 11; Ids 25). En los manuscritos más recientes, a aparece como conclusión de los libros del N. T.; en los mejores manuscritos solamente en Rom 15, 33 y Gal 6, 19.

De la Escritura y de la liturgia judía “amén” ha pasado a la liturgia cristiana. En la liturgia antigua se decía en tres lugares: después de la consagración, en el momento de la comunión y al final de las doxologías (v.); actualmente se dice en los dos últimos. S. Jerónimo afirma que el amén resonaba como un trueno celestial en las basílicas romanas (PL 26, 355) y S. Ambrosio indica su significado en el momento de la comunión:

04/02/2022

En los primeros siglos del Cristianismo hubo pandemias de gran virulencia

Padres de la Iglesia como san Cipriano, obispos e historiadores evocan como los cristianos atendían a los enfermos y moribundos, mientras los paganos los abandonaban.


En el tercer año de la pandemia, cuando quizá podemos pararnos a reflexionar sobre cuál debería ser la específica contribución cristiana a esta crisis, nos puede servir de maestra la historia, pues antes que nosotros, cuando los conocimientos médicos eran aún rudimentarios, ya había quién tenía una idea muy clara de cómo aprovechar las ocasiones.

En el año 165, una epidemia de viruela devastó el imperio romano, incluido el propio emperador Marco Aurelio. Provocaban las pestes cifras altísimas de mortalidad -hasta un tercio de la población- pues afligían a personas que nunca habían pasado esas enfermedades. Los historiadores modernos se refieren a estas epidemias como una de las posibles causas de la decadencia de Roma, junto al descenso de la natalidad.

Un siglo después, en el 251 llegó otra epidemia de sarampión, que afligió tanto las zonas rurales como las ciudades. En los picos de mayor difusión se cuenta que, sólo en la ciudad de Roma, morían 5000 personas al día.

De esta segunda epidemia, tenemos testimonios de la época, sobre todo de fuentes cristianas. Cipriano escribe desde Cartago en el 251 que “muchos de los nuestros también mueren de esta epidemia”, y Dionisio -obispo de Alejandría- escribe en su mensaje pascual que “ha caído sobre nosotros esta epidemia, más cruel que cualquier otra desgracia”.

La medicina era rudimentaria e incapaz de ofrecer algún tratamiento eficaz, lo que provocaba el abandono de los enfermos y el aislamiento por miedo al contagio. El mismo Galeno se refiere muy por encima a la primera de estas epidemias pues, una vez que consiguió sobrevivir, escapó de Roma y se refugió en una villa de campo, en el Asía Menor.



uncion enfermos pandemia



Y, sin embargo, los Padres de la Iglesia se refieren a estas pestes en un modo sorprendentemente positivo, como un regalo para la purificación y desarrollo de la causa cristiana, con reflexiones cargadas de esperanza y hasta de entusiasmo. En contraste con el abandono de los paganos a los enfermos, el amor al prójimo se llevó a extremos de heroísmo, y esto determino un notable crecimiento del número de cristianos y, sorprendentemente, un porcentaje de supervivencia mucho más elevado que entre la población pagana.

Este es el contexto de la carta del obispo de Cartago, Cipriano, en el 251:

“Junto a los injustos mueren también los justos, y esto no sucede para que penséis que la muerte sea el destino común de buenos y malos. Los justos son llamados al descanso eterno y los injustos arrastrados al suplicio (…).

Qué oportuno y necesario que esta epidemia, esta peste, que parece horrible y letal, pongan a prueba el sentido de justicia de cada uno, que examine los sentimientos del género humano; este flagelo va a demostrar si de verdad los sanos se ponen al servicio de los enfermos, si los parientes aman a sus familiares como se debe, si los cabezas de familia tienen compasión de sus siervos enfermos, si los médicos no abandonan a sus enfermos….

Y si esta circunstancia funesta no hubiese traído otra consecuencia, ya nos ha servido a nosotros cristianos y a los siervos de Dios por el hecho de empezar a desear ardientemente el martirio, al tiempo que se aprende a no tener miedo a la muerte.

Para nosotros, estos eventos son ejercicios, no lutos: ofrecen al alma la corona de la firmeza y nos preparan a la victoria gracias al desprecio a la muerte. (…) Nuestros hermanos han sido liberados del mundo gracias a la llamada del Señor, pues sabemos que no los hemos perdido definitivamente, sino que han sido sólo enviados por delante y nos preceden, como sucede a los que viajan o se embarcan. Estos queridos hermanos tienen que ser buscados con el pensamiento, no con el lamento (….).

A los paganos, además, no se les debe ofrecer una ocasión de merecida burla si lloramos como mu***os y perdidos para siempre a aquellos que afirmamos que viven en Dios”.



Unos años después, Dionisio, obispo de Alejandría, escribe en su carta pascual:

“la mayor parte de nuestros hermanos, sin ningún reparo por ellos mismos, en un exceso de caridad y de amor fraterno, uniéndose os unos a los otros, visitaban sin preocupación a los enfermos sirviéndoles de un modo maravilloso, los socorrían en Cristo y morían alegremente con ellos. Contagiados de la enfermedad de los otros, atraían la enfermedad del prójimo y asumían con gozo los sufrimientos.

Muchos, después de haber cuidado y dado fuerzas a los demás, acababan muriendo ellos mismos. (…) Los mejores entre los nuestros perdieron así la vida: algunos presbíteros, diáconos y laicos fueron justamente alabados, hasta el punto de que este tipo de muerte, fruto de grande piedad y fe valiente, no pareció para nada inferior al martirio”.



Escribe Eusebio de Cesarea:

“Completamente opuesta era la conducta de los paganos: ellos alejaban a los que comenzaban a enfermar, evitaban las personas queridas, echaban a la calle a los moribundos, trataban como basura a los cadáveres sin sepultar, buscando escapar de la difusión y contagio de la muerte, que no era fácil alejar a pesar de todas las precauciones”.



No exageraba sobre el contraste de la actitud de los cristianos, que no dejaban de acudir a los enfermos con riesgo de la propia vida. Un siglo después, Juliano (el apóstata) lanzó una campaña para instituir iniciativas de imitación de la caridad cristiana.

En una carta al sumo sacerdote (pagano) de Calata, se lamentaba el emperador del imparable crecimiento del cristianismo, debido a sus “cualidades morales, aunque ficticias” y a su “benevolencia con os extraños y su cuidado de las tumbas de los mu***os”.

En otra carta, escribe: “pienso que cuando los pobres fueron olvidados y rechazados por nuestros sacerdotes, los impíos galileos lo vieron y decidieron dedicarse ellos”. “Los impíos galileos -añade- no ofrecen apoyo sólo a sus pobres sino también a los nuestros; todos ven que nosotros no cuidamos de nuestra gente”

Juliano odiaba a los “galileos”, pero reconocía la eficacia de ese sorprendente estado de bienestar que habían logrado llevando a la práctica el mandamiento de la caridad cristiana. Así superaban el miedo al sufrimiento y a la muerte.

El testimonio de los primeros cristianos, alentados por sus Pastores, nos sorprende y nos llena de admiración. Y sobre todo, nos plantea la duda sobre si la primera reacción de personas de fe tendría que ser siempre el miedo. Ellos no han inventado las epidemias; ellos han aportado un estilo nuevo de vida, capaz de sobrellevar con alegría todas las dificultades humanas.

En la comunidad de paso pimiento municipio de boca del monte se llevó a cabo el retiro de instrucción con la participaci...
30/01/2022

En la comunidad de paso pimiento municipio de boca del monte se llevó a cabo el retiro de instrucción con la participación de 45 adoradores y adoradoras de las secciones vecinas comapa, el jobo, San Felipe de Jesús,sonora, diócesis de Córdoba presbítero Leobardo Neri García director espiritual diocesano de la adoración nocturna y el consejo superior diocesano. Ave María purísima! 🙏

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03/01/2022

Adorado sea el santísimo sacramento hoy 2 de enero 2022 se llevó a cabo la reunión de vocales en la comunidad de Tlamatoca dónde participaron los adoradores de la sección San Lorenzo mártir reflexionamos el Evangelio según san Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de Oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: "¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo".

Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: "En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel".

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: "Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño, y cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo".

Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Palabra del Señor.

Meditacion

La vida del hombre es un peregrinar a Dios; así como estos magos el hombre busca a Dios. Pero ¿dónde está Dios? ¿Dónde lo podremos encontrar? ¿Cuál es el camino que debemos
La vida del hombre es un peregrinar a Dios; así como estos magos el hombre busca a Dios.

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