18/02/2026
En un mundo que intenta constantemente redefinir quiénes somos, como ocurre hoy con el fenómeno "therian", es vital recordar que nuestra identidad no es algo que nosotros inventamos o que una moda dicta, sino un regalo que Dios ya nos otorgó. La Biblia afirma en Génesis 1:27 que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios; esta es una distinción sagrada que nos otorga una dignidad superior a la de cualquier otra criatura y nos conecta directamente con nuestro Creador. Identificarse como un animal o dejarse llevar por tendencias que desdibujan nuestra humanidad es, en esencia, renunciar al propósito glorioso para el cual fuiste diseñado. Por eso, la invitación de la Palabra en Romanos 12:2 es clara: "No os conforméis a este siglo", lo que significa no permitir que las corrientes pasajeras del mundo moldeen tu mente o tu corazón. No busques refugio en instintos o etiquetas virales para sentirte especial, pues tu verdadero valor ya fue sellado por Dios. Mantente firme en la verdad que no cambia, recordando que eres su obra maestra y que solo en Él tu identidad encuentra descanso y propósito real.