30/03/2026
El Domingo de Ramos nos introduce en el misterio central de nuestra fe: el amor de Dios que se entrega hasta el extremo. Aclamamos a Cristo en su entrada en Jerusalén con ramos en las manos, reconociéndolo como Rey; pero ese mismo Rey nos sorprende al revelarse no desde el poder, sino desde la humildad y la cruz.
La liturgia de este día nos invita a contemplar esta paradoja: la alegría del “¡Hosanna!” que pronto se entrelaza con el silencio y el dolor de la Pasión. En ella descubrimos que el camino cristiano no es ajeno al sufrimiento, sino que lo asume y lo transforma. La cruz no es el final, sino el paso hacia la vida nueva.
Al ver estos momentos vividos en comunidad, recordamos que también nosotros estamos llamados a caminar con Cristo: a reconocerlo en los momentos de gozo, pero también a permanecer fieles en las horas difíciles. La fe auténtica no se queda en la emoción pasajera, sino que madura en la entrega, la confianza y la esperanza.
Que esta Semana Santa sea para cada uno una oportunidad de entrar con Jesús en Jerusalén, de acompañarlo en su Pasión y de disponernos a la alegría de la Resurrección. Que nuestro “Hosanna” no sea solo un canto, sino una vida que proclame, con obras, que Cristo es nuestro Señor.