26/02/2020
MILAGROS DEL PADRE PIO...!
Los primeros milagros no tardaron en ocurrir. El primer caso es el de Gemma di Giorgi, quien nació sin pupilas en sus ojos. Después de que el fraile la visitara comenzó a ver, como si nada. Un médico que se interesó en sus historias dijo que en varios casos podría tratarse de una respuesta psicosomática de tanto creer en Pío, pero en otros, no.
Entre sus extraños “poderes”, la gente hablaba de que podía estar en dos sitios a la vez. El caso más conocido es el de monseñor Damiani, que viajó a Italia desde Uruguay para verlo. El deseo de este hombre era que el Padre Pío estuviera presente el día de su muerte. Sin embargo, este le contestó que eso no sería posible por el momento, ya que moriría en 1942.
Ese año, estando Damiani en su país natal y agonizando, el arzopispo de Montevideo, fue despertado por un fraile capuchino, contando la noticia. Cuando fueron a ver religioso, este ya había fallecido. En sus manos tenía una nota escrita por él mismo que decía “Vino a verme el Padre Pío”.
Pero esto no termina allí, ya que siete años después el arzobispo viajó a Italia para conocer al Padre Pío y para su sorpresa, lo recibió en el convento el mismo fraile que lo había despertado aquella noche.
Lo mismo ocurrió durante la guerra, cuando el Comandante Mayor estaba pensando en suicidarse y apareció ante él este personaje, diciéndole que no lo hiciera. Cuando lo convenció, desapareció como por arte de magia. El general ingresó a una iglesia donde Pío brindaba misa, esperó a que terminara y se le acercó. El religioso le dijo: “tuvo suerte de escapar, amigo mío”.
La explicación
Cuando el Padre Pío murió, la Iglesia católica sugirió tres posibles causas de los fenómenos que se le atribuyen: intervención diabólica, intervención divina y sugestión inconsciente. Fue canonizado por Juan Pablo II en 2002.
Los creyentes dicen que sus dones fueron el discernimiento extraordinario (leía la consciencia), la curación milagrosa, la bilocación (estar en dos sitios al mismo tiempo), las lágrimas (las derramaba al rezar el Rosario), el perfume (“olor de santidad”) y, por supuesto, los estigmas (exhibidos por 50 años).