04/10/2024
AMIG@ DE FE, TE CONVIENE HACER ESTA LECTURA HASTA EL FINAL
TU LUGAR DE ORACIÓN
LECTURA BÍBLICA Daniel 6:10. Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes.
Daniel era amigo del rey Nabucodonosor, éste le tenía mucha estima al joven hebreo, sin embargo, firmó el decreto de que, si la estatua de Nabucodonosor no era adorada, la persona que se resistiera iría a la muerte al foso de los leones. Así, Daniel fue confrontado con una prueba de lealtades. Daniel era leal a su rey, pero tenía claro que no podía serle más leal que al Rey de Reyes, quien merece la más firme lealtad de lealtades. Así que Daniel se negó a rendirle una obediencia al gobierno que sólo merecía Dios; no obedeció al gobierno porque el decreto impuesto iba en contra de su obediencia a Dios.
En contraste a la medida tomada por el gobierno, la medida tomada por Daniel fue desafiante y consistente. Al enterarse que el decreto había sido firmado, con total confianza en Yahweh, su Dios, fue a su casa, abrió las ventanas de su cuarto que daban en dirección a Jerusalén y que además eran públicamente visibles, y se tomó intencionalmente el tiempo para arrodillarse tres veces al día, orar y dar gracias a Yahweh, como acostumbraba hacerlo.
Hoy necesitamos este espíritu expectante, desafiante y de confianza que hubo en Daniel. Él estuvo condenado a la muerte, pero su fe y su actitud causó que Dios lo salvara. Creo que nadie de nosotros está aquí amenazado de muerte, condenado a ella. Pero sí quizá estás al punto del divorcio, tu matrimonio está desecho, tu relación con tus hijos está hecha pedazos, tu situación financiera está en el precipicio, hasta has pensado en quitarte la vida, huir en lugar de ser desafiante. Sé lo que es eso, lo he pensado, he pasado por esos desiertos.
Ver a un hombre como Daniel me ha alentado a simplemente hacer lo que debo hacer en lugar de acobardarme y serle desleal a mi Dios. La fórmula es sencilla, sólo hay que entrar en ese lugar personal de oración, sea tu cuarto, sala, el patio, incluso el vehículo, humillarse delante de Dios, orar y dar gracias, y créeme, si sabes esperar en Dios, en el momento preciso vendrá la respuesta. ¡Es necesario obedecer radicalmente a Dios!
Lamentablemente, hoy muchos nos encontramos en la encrucijada de la prueba de lealtades, el trabajo o Dios; nuestra salud mental, o Dios; esas malas amistades o Dios; me divorcio por mi bien, o Dios. Resulta más fácil complacer a otros, o complacerse a uno mismo, que honestamente confiar en Dios. Al no hacer lo que Daniel hizo, estando en una encrucijada en su vida, querámoslo o no, dejamos en las personas el poder de contratarnos o despedirnos, de romper nuestros corazones, de volvernos cobardes, de deprimirnos, de calumniarnos, de hacer de nuestra vida una miseria. Despreciamos el poder de la obediencia a Dios. El poder de obedecer a Dios y de permanecer firme, por Él proviene del entendimiento adquirido por medio de la comunión con Dios que Él tiene en realidad el control de todo y no nosotros.
No permitas que las circunstancias de tu vida definan tu relación con Dios, que cambien tu obediencia a Su Palabra, a las instrucciones que Él ha establecido. Daniel no cambió sus actos por el decreto; no oró ni más ni menos, él siguió con su estilo diario de oración. El problema es que muchos hoy ni estilo de vida de oración han desarrollado.
Si aún no tienes tu lugar de oración, hazte uno. Un lugar donde te asegures estar a solas con Dios, donde puedas cantar en voz alta, leer la Biblia y orar sin interrupciones; puede ser, incluso, un parque, jardín, una montaña, a donde lleves tu Biblia y tu libreta devocional. Como sea, haz intencionalmente un momento y un lugar de oración.
Si aún no lo has hecho, designa tu lugar de estudio de la Biblia y para arrodillarte cada día a orar. Si ya lo estás haciendo, bien hecho, continua así cada día.