19/09/2024
"En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella?" - Jn 4:27.
La historia de Jesús es una historia real. Tan vívida en los detalles de la cotidianidad que no se pueden pasar por alto.
"Ya no encaras un argumento que te exige estar de acuerdo, sino una Persona que te exige tu confianza". CSL.
Cuando los discípulos regresaron de comprar la comida, se sorprendieron de ver el cuadro ante el pozo de agua donde Jesús debería estar bebiendo. Sin embargo, y sin embargo, nadie dijo nada porque había autoridad en cada acto disrruptivo de Jesús.
¿Por qué tendrían que decir algo? Porque la cultura en aquel momento dictaba que lo hicieran. No era "correcto" que Jesús le hablara a una mujer, por ser consideradas ellas inferiores. Y mucho menos por ser samaritana, discidente, pagana, sub-humana.
Todo lo que Jesús estaba haciendo era muy avanzado para ellos en moral, espiritualidad, bondad, ética y justicia. Sin embargo ahí estaba, irrumpiendo en la "publicidad estridente" de la humanidad, levantando la voz y señalando a voces lo incorrecto. Esta es la actitud de principio inevitable con que Jesús colisionó en el mundo caído con el cual había venido a involucrarse cuando interrumpió su eternidad.
Este mundo tan secular y tan familiar ha comenzado a elevarse porque Cristo, su creador, vino a él para elevarlo sobre toda justicia, moral, ética y bondad lisiadas por el pecado y llevarnos de una vez por todas a Dios.