25/07/2026
25 de julio de 1926: La Carta Pastoral que anunció la suspensión del culto público en México.
En la Fiesta del Apóstol Santiago, el 25 de julio de 1926, los arzobispos y obispos mexicanos publicaron una Carta Pastoral colectiva en la que anunciaron la suspensión del culto público en todos los templos de la República a partir del 31 de julio de ese año.
El documento surgió como respuesta a la aplicación de la Ley del Ejecutivo Federal del 2 de julio de 1926, conocida por los católicos como una medida contraria a la libertad religiosa. Los obispos manifestaron que, después de tiempo de tolerar restricciones y buscar soluciones pacíficas, consideraban imposible continuar ejerciendo el ministerio sacerdotal bajo las nuevas disposiciones.
En uno de los párrafos más importantes de la Carta expresaron:
«"En la imposibilidad de continuar ejerciendo el Ministerio Sagrado según las condiciones impuestas por el Decreto citado, después de haber consultado a Nuestro Santísimo Padre, Su Santidad Pío XI, y obtenida su aprobación, ordenamos que, desde el día 31 de julio del presente año, hasta que dispongamos otra cosa, se suspenda en todos los templos de la República, el culto público que exija la intervención del sacerdote."»
Asimismo, aclararon que la suspensión del culto no significaba el cierre de los templos:
«"No se cerrarán los templos para que los fieles prosigan haciendo oración en ellos. Los sacerdotes encargados de ellos, se retirarán de los mismos para eximirse de las penas que les impone el Decreto del Ejecutivo..."»
La Carta también hizo un llamado a los fieles para mantenerse firmes en la defensa de su fe, utilizando únicamente medios pacíficos:
«"Procurad por todos los medios lícitos y pacíficos la derogación de esas leyes que a vosotros y a vuestros hijos os arrebatan el tesoro necesario e inestimable de la vida religiosa."»
Finalmente, los obispos concluyeron con un mensaje de esperanza, convencidos de que la persecución no prevalecería:
«"La Iglesia mexicana es hoy entregada a sus encarnizados enemigos, es burlada, escarnecida, reducida a un estado parecido al de la muerte. Pero también la Iglesia mexicana, tras de breve plazo, resucitará llena de vida, pujanza y lozanía... Tened en ello firmísima esperanza."»
Esta decisión marcó uno de los momentos más importantes del conflicto entre la Iglesia y el Estado mexicano, dando inicio a una nueva etapa que desembocaría en la Guerra Cristera (1926–1929), en la que miles de católicos defendieron sus creencias y sus templos bajo el grito de «¡Viva Cristo Rey!».
La Carta fue firmada por los principales arzobispos y obispos del país, entre ellos Monseñor Manuel Fulcheri y Pietrasanta, Obispo de Zamora, diócesis a la que pertenecía Sahuayo en aquel tiempo.
Las páginas de esta Carta Pastoral anunciaron el silencio de los templos, pero también el despertar de un pueblo decidido a defender sus convicciones.