22/08/2026
Evangelio de hoy sábado 22 de Agosto 📖
Del Santo Evangelio según San Mateo 23, 1-12
En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame 'maestros'.
Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen 'maestros', porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen 'padre', porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar 'guías', porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido».
Palabra del Señor
Escucha el Evangelio de hoy y su reflexión
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Reflexión
Reflexión
Jesús está evidenciando la falta de consistencia entre lo que enseñan y lo que viven, por eso decimos que ser cristiano no es una tarea de memorizar solamente o de aprender una serie de ritos, sino que nuestra vida diaria sea un testimonio de nuestra fe, que las acciones y decisiones que llevamos a cabo, hablen de ella, hablen de que deseamos imitar al Señor.
Los fariseos en muchas ocasiones son confrontados por Jesús por llevar una vida que aparenta estar en comunión con Dios, pero que en realidad está muy alejada de la misericordia y el amor que el Señor quisiera que ejercieran. Esto no es algo exclusivo de aquellos que están a cargo de llevar las riendas de la Iglesia, también nos aplica a cada uno de nosotros, a los padres de familia, siendo congruentes con su fe al educar y corregir a sus hijos, a todos al honrar a nuestro padre y nuestra madre y también al invitarnos a ser más como el buen samaritano que dejó a un lado sus actividades para atender al necesitado y no como el sacerdote y el levita, que se supone deberían ser muestra de la misericordia de Dios y pasaron de largo sin ayudar al necesitado.
Un gran ejemplo de lo que significa ejercer la misericordia nos lo dejó San Francisco de Asís, él escribió dentro de la regla que dejó a sus hermanos que debían vivir con alegría junto a los pobres, marginados y enfermos. Él mismo daba testimonio al inicio de su conversión, que le parecía extremadamente amargo ver a los leprosos y que el Señor le había conducido a ellos.
Todos tenemos la oportunidad de ejercer la misericordia todos los días, en medio de nuestras actividades: en el trabajo, en el camino, en la casa, con la familia, con los amigos, seguramente no se comparará con lo que hizo Francisco, pero en nuestros espacios tenemos esa gran oportunidad de ser misericordiosos, particularmente con aquellos con los que más nos cuesta trabajo. Hacer eso, también tiene que ver con el mandato del Señor que nos dijo ‘si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame’.
Hoy hagamos nuestro egoísmo a un lado y observemos más a los que están a nuestro alrededor, en el nombre de Jesús, regalemos un saludo, un abrazo, nuestro tiempo a alguien que necesita que lo escuchen, el perdón a quien nos ofende. El Señor te envía para que seas samaritano en estos tiempos.