Capilla San Mateo Apóstol

Capilla San Mateo Apóstol MISAS:
DOMINGOS : 9:00 A.M. MISA DE ENFERMOS: SEGUNDO VIERNES DE MES 5:00 P.M.

11/06/2026

El Evangelio de Hoy
Mateo 5, 20-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.

Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.

Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda.

Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

Reflexión
En este pasaje Jesús aplica literalmente lo que en algún otro momento les mencionó, “no vine a abolir la ley sino a darle plenitud”, y utiliza ejemplos que todos podemos ubicar perfectamente pero que ya son parte de nuestra vida y por lo tanto ya no los vemos tan mal.

Jesús compara el enojo contra un hermano con el acto de quitar la vida a alguien, que forma parte de los mandamientos. Y podríamos preguntarnos: ¿en serio?, ¿es lo mismo? Seguramente no es exactamente lo mismo, pero Jesús nos deja claro que el enojo no es algo pequeño. Es decir, quien se enoja con su hermano será llevado al tribunal, lo que nos muestra que guardar enojo en el corazón puede tener consecuencias graves. Y vaya que hay de enojos a enojos, el mismo san Pablo les escribe a los Efesios “enójense, pero no pequen”, es casi inevitable enojarnos ante ciertas cosas, sin embargo, la invitación es a no dejarnos llevar por la pasión de la ira, no nos es lícito enojarnos con ira, aún y cuando la ofensa sea grande, “amen a sus enemigos” dirá Jesús en otra cita.

Cuántas historias conocemos de familias divididas porque en algún momento alguien hizo o dijo algo que no le pareció a la otra parte y de ahí se construye un muro impenetrable, a veces ya ni siquiera se sabe cuál fue el origen de ese distanciamiento, pero el rencor sigue ahí, el rencor que es guardar un veneno en el corazón como si eso le fuera a hacer daño a la otra persona.

Y la otra invitación de la que nos habla Jesús es a la reconciliación, si tengo claro en mi pensamiento que cometí un error y otra persona tiene algo contra mí por eso, porque la ofendí, le robé, dije algo inapropiado o qué sé yo, nos dice, deja tu ofrenda que llevas al altar, reconcíliate y luego regresa. No podemos decirnos amigos o discípulos de Cristo si llevamos eso en el corazón; si llevas esa carga en el corazón, enfrenta la realidad, ve con ese hermano y pide perdón para que la paz regrese a tu corazón. Y si tú piensas que no tuviste la culpa, pues todavía mejor, ofrécele eso a Jesús, pero reconcíliate como dice la lectura, mientras vas por el camino, no sea que no se te vuelva a presentar la oportunidad.

Esta reflexión del Evangelio es una producción de Evangelización Activa.

10/06/2026

El Evangelio de Hoy
Mateo 5, 17-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.

Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos».

Reflexión
Pocas palabras, pero muy profundas. Ahora quizá nos podríamos preguntar ¿cuál es esa ley de la que habla Jesús? ¿Cuáles son esos preceptos que nos invita a cumplir? Las obras de misericordia corporales y espirituales, los mandamientos; ése será grande en el Reino de los Cielos, el que cumpla y enseñe los preceptos, los mandamientos, las obras de misericordia.

Hay un video circulando que se llama Comiendo pastelitos con Dios. La verdad es que está precioso y muy atinado. Pero lo que más me gusta de ese video es cuando el niñito empaca su mochila, pone dos pastelitos, dos jugos y muy decidido le dice a su mamá: ‘voy a buscar a Dios’. Recorre las calles, los trenes, hasta que llega a un parque y se encuentra una viejita indigente en la banca; se sienta junto a ella, le comparte el jugo y el pastelito, le da un abrazo fuerte y regresa feliz a su casa y le dice a su mamá: ‘Dios es mujer y tiene una sonrisa preciosa’.

Los niños son muy sabios y a veces nos dan lecciones de vida. Quizá más de una vez nos hemos preguntado ¿Cómo encuentro a Dios? o ¿cómo puedo llegar al cielo? Cristo hoy nos los deja clarito: ‘el que cumpla y enseñe mis mandamientos será grande en el Reino de los Cielos’.

El niñito del video lo entendió perfecto, salió a buscar a Dios y lo encontró cumpliendo con una de las obras de misericordia. Y no solo se trata de cumplir, sino se trata de cumplir y vivir los mandamientos, es decir: amando y sirviendo, compartiendo el pan, una sonrisa, compartiendo el tiempo.

Que no se nos olvide: Dios está allá afuera, es cuestión de salir con el corazón abierto a buscarlo como este niño. Y a veces nos podemos pasar horas en la capilla; y no me malinterpreten, hay que ir justo a la capilla, hay que ir justo al Sagrario para pedirle a Dios que nos ablande del corazón y para que escuchemos qué es lo que nos pide hoy y salir y darle ese abrazo, y salir y encontrarlo en el hermano, y salir y encontrarlo en el otro. Dios está ahí afuera, salgamos a encontrarlo. Hoy, pasar tiempo de calidad con alguien.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Paola Treviño, consagrada del Regnum Christi. En colaboración con Evangelización Activa.

09/06/2026

El Evangelio de Hoy
Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos".

Reflexión
En el pasaje del Evangelio de hoy nos encontramos a Jesús hablando de cosas muy comunes en nuestra vida: la sal y la luz; dos elementos esenciales que transforman lo que tocan y revelan aquello que puede parecer desapercibido. En tiempos de Jesús, la sal era muy valiosa, se usaba principalmente para dos cosas: dar sabor a la comida y por otro lado, evitar que la carne o los alimentos se pudrieran, preservando su duración.

Como la sal, la vida del cristiano tiene la misión de dar un sabor diferente a la vida de los demás y a la sociedad en la que vive; dar un sabor a esperanza, un sabor a alegría, un sabor a bondad. Un cristiano que vive triste, amargado, quejándose todo el día o de manera pesimista, es como esa sal que se ha echado a perder, que se ha vuelto sosa, que ya no sirve, se vuelve como una vida que ha perdido su sabor.

Como elemento para preservar los alimentos, la sal evita la corrupción o la descomposición. Y así nosotros estamos también llamados a frenar el mal en nuestro entorno, con nuestra presencia y nuestras acciones; señalar y frenar las injusticias, dejar los chismes, las envidias. Eso es lo que se esperaría de un buen cristiano.

Jesús dice también que nadie enciende una lámpara para esconderla debajo de un cajón. La luz tiene una función externa: iluminar a los demás. A veces nos da vergüenza mostrar nuestra fe o nuestros valores en el trabajo o con los amigos, pero Jesús es claro: si tienes luz es para que el que camina en la oscuridad pueda ver el camino con esa luz que tú puedes dar.

Y no se trata de presumir ser buenos, sino de que nuestra forma de actuar dé un buen testimonio de la fe cristiana, siendo honrados, trabajadores, congruentes, respetuosos y siendo factores de cambio en nuestro entorno.

Santa Teresa de Calcuta decía: ‘No siempre podemos hacer grandes cosas, pero podemos hacer cosas pequeñas con gran amor’. Sé la expresión viva de la bondad de Dios: bondad en tu rostro, bondad en tus ojos, bondad en tu sonrisa.

Basta a veces que con nuestra sonrisa o con nuestro trato amable sea suficiente luz que le cambie el día a alguien que lo está necesitando. Dice Jesús: ‘que vean sus buenas obras’. Y la fe no es algo privado que se queda encerrado en la Iglesia, la fe se debe de notar en cómo tratamos a los demás, independientemente de quiénes sean o en cómo ayudamos a aquel que quizá no nos puede devolver el favor. Que el Señor nos dé la fuerza de su Espíritu, para que en un mundo que a veces parece oscuro y sin sentido, nosotros seamos ese toque de sabor y esa luz constante que guíe a otros hacia Él.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo. En colaboración con Evangelización Activa.

08/06/2026

El Evangelio de Hoy
Mateo 5, 1-12

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:

"Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los que lloran,
porque serán consolados.
Dichosos los sufridos,
porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque obtendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque se les llamará hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos, puesto que de la misma manera persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes".

Reflexión
El Evangelio que acabamos de escuchar es el primer gran discurso que el evangelista Mateo recoge de Jesús, en el cual escuchamos las bienaventuranzas. Y aquí Jesús rompe completamente nuestra lógica, pues tal vez nosotros, junto con el mundo, podemos decir que felices son los ricos, los fuertes, los que triunfan, los que imponen, pero Cristo dice exactamente lo contrario: ‘Bienaventurados los pobres, los que lloran, los perseguidos, los que sufren, los que tienen hambre’.

Y la primera bienaventuranza, los pobres de espíritu, contradice lo que el mundo considera como felicidad; primero hay que entender bien, Jesús no está exaltando la miseria material en sí misma. La pobreza de espíritu no es simplemente no tener cosas, es algo mucho más exigente, es no depender de ellas, no construir la propia seguridad en lo que se posee.

Vivimos convencidos de que cuanto más tenemos, más seguros estamos: dinero, reconocimiento, control, incluso certezas personales; todo eso lo acumulamos como si nos fueran a dar estabilidad definitiva, pero en el fondo, genera totalmente lo contrario: ansiedad, miedo a perder, necesidad constante de más.

Por eso San Agustín dice, no es pobre el que tiene poco, sino el que desea más. Esta frase no es una idea bonita, sino que es un diagnóstico. El verdadero problema no es la cantidad de bienes, sino el corazón que nunca se sacia; el que siempre necesita más, nunca es libre, vive atrapado en una lógica de carencia permanente. Puede tener mucho y sin embargo, sentirse vacío.

En cambio, el pobre de espíritu, el que ha aprendido a no absolutizar nada, a no aferrarse, a no vivir dependiendo de lo que posee, es el que de verdad es libre. Claro, esto no significa despreciar los bienes, sino ponerlos en su justo lugar. Usarlos, sí, pero no vivir para ellos, porque cuando algo ocupa el lugar de Dios, termina esclavizando, termina siendo ídolo.

Y por eso Jesús dice: ‘de ellos es el reino de los cielos’. Lo dice en presente, porque el Reino comienza en el corazón libre, en el que no está lleno de sí mismo; el que no está lleno de cosas terrenas, pasajeras, mundanas; es el que ha dejado espacio libre a Dios.

Y aquí está la pregunta que no podemos evitar, ¿mi vida está marcada por la libertad o por la necesidad constante de más? ¿poseo cosas o las cosas me poseen a mí? La pobreza de espíritu no es pérdida, es ganancia, porque solo el que se vacía de lo que no sacia, puede llenarse de lo que sí salva.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Pbro. Miguel Ortiz, de la Arquidiócesis de Monterrey. En colaboración con Evangelización Activa.

06/06/2026

El Evangelio de Hoy
Marcos 12, 38-44

En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y le decía: "¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las calles; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Estos recibirán un castigo muy riguroso".

En una ocasión Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, mirando cómo la gente echaba allí sus monedas. Muchos ricos daban en abundancia. En esto se acercó una viuda pobre, y echó dos monedas de muy poco valor. Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: "Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos; porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza, ha echado todo lo que tenía para vivir".

Reflexión
Al igual que en otros pasajes de la Biblia, Jesús hoy nos enseña a través del contraste. Por un lado está la crítica explícita hacia los escribas de su tiempo, que buscaban ser importantes, ser vistos y reconocidos e incluso los acusa de aprovecharse de quienes más necesitan.

Ante este primer mensaje, quizá podrías pensar ‘como yo no soy escriba, ni religioso, ni ocupo un cargo importante, entonces no me aplica’. Sin embargo, en diferentes circunstancias, todos nos podemos ver en ese espejo; la manera como fuimos educados para triunfar a toda costa o nuestra pobre naturaleza que nos incita a ser reconocidos para podernos sentir bien, hace que busquemos sobresalir para que nos vean. Y no estoy diciendo que querer destacar en algo signifique que no debamos buscar, a lo que me refiero es que sea el ego lo que nos gobierne, porque eso ocasionará que hagamos lo que sea con tal de ser reconocidos, incluso si en eso que hacemos, nos llevamos a alguien de encuentro sin que nos importe.

O bien, a veces, alguna obra que nace con una buena intención en el corazón y logramos alcanzarla, no termina por ser un fruto agradable a Dios porque dejamos que nuestro ego transforme esa buena obra en algo que abona a nuestra condenación, la hicimos por hacer el bien y terminamos alabándonos a nosotros mismos, en lugar de agradecer a Dios la oportunidad de haber sido útiles en algo.

Y el contraste lo pone el mismo Jesús con la viuda, que teniendo unas cuantas monedas, las puso en las manos de Dios, como quien dijera en las apuestas “puso su resto” para que Dios hiciera con eso lo que quisiera.

El Señor te invita a hacer cosas buenas con lo mucho o poco que te ha dado y a hacerlas por puro amor a Él, aunque tengamos solo tres monedas, pero que hagamos el bien no para que nos vean, sino para llevar su mensaje de amor a los demás. Como nos dijera el Papa Francisco, ‘invierte tus dones en actos de amor que permanecen, todo lo demás se desvanece’.

Esta reflexión del Evangelio es una producción de Evangelización Activa.

05/06/2026

El Evangelio de Hoy
Marcos 12, 35-37

Un día, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: "¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, ha declarado: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, y yo haré de tus enemigos el estrado donde pongas los pies". Si el mismo David lo llama 'Señor', ¿cómo puede ser hijo suyo?" La multitud lo rodeaba, que era mucha, lo escuchaba con agrado.

Reflexión
En el Evangelio de hoy vemos a Jesús en el templo de Jerusalén. Esta vez no está realizando un milagro espectacular ni sanando a un enfermo, pero está haciendo algo igual de importante, está enseñando. Jesús lanza una pregunta que parece una adivinanza, un acertijo: ‘¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? y se refiere a la cita del Salmo 110 donde David llama al Mesías Señor; lo que quiere enseñar es algo sencillo, pero de mucha profundidad y hace énfasis en que el Mesías no es solo el descendiente humano del rey, en este caso de David, sino que es alguien mucho mayor.

Ese Mesías es, nada más y nada menos, que el Hijo de Dios. Recordemos que en tiempos de Jesús la gente esperaba a un hijo de David, un líder militar, alguien que expulsara a los romanos y devolviera la gloria material a Israel y liberarlos de la esclavitud.

Al cuestionar a los escribas, Jesús les está diciendo: no se limiten a lo puramente humano, porque yo soy capaz de liberarlos de algo mucho más grande que la sola libertad material, porque el Mesías al que se refiere David viene a darles la libertad eterna. No solo es un líder humano, es el Señor de la historia.

A veces nosotros hacemos lo mismo, queremos y creemos en un Jesús que solo resuelve nuestros problemas materiales, económicos o que se ocupa de darnos salud cuando se lo pedimos, como si fuera un empleado que cumple nuestros deseos, pero Jesús es el Señor, Aquél ante quien incluso el rey David se inclinaba y reconocía antes de conocerlo; mientras los sabios y expertos se confundían con sus teorías sobre quién era, la gente sencilla disfrutaba escuchando a Jesús, porque la identidad de Dios es revelada para quien tiene un corazón dispuesto a dejarse enseñar con un corazón abierto, generoso. Por eso el Evangelio termina diciendo que la multitud le oía con agrado.

El Papa Francisco, en una de sus homilías, en donde hablaba de la identidad de Jesús, decía, no se puede conocer a Jesús sin tener una relación con Él. Para conocer a Jesús no basta el estudio, las ideas no sirven, se necesita el diálogo, la oración y caminar con Él.

Y esta frase conecta muy bien con el Evangelio de hoy. Los escribas sabían mucho de las Escrituras, las ideas, los conceptos, pero no reconocían al Señor que tenían enfrente. La gente sencilla, en cambio, no necesitaba analizar tanto, simplemente escuchaba y disfrutaba de su presencia.

El Señor nos pide hoy cuestionarnos ¿quién es Él para nosotros? ¿Alguien a quien recurro solamente en las emergencias cuando yo no encuentro la salida o puedo decir que el Señor es esa persona a la cual le consulto cuando tomo todas mis decisiones? ¿tendré la sencillez como la de esa multitud que lo escuchaba en el templo y se alegraba o me complico buscándole demasiadas explicaciones a esas cosas que no entiendo?

Hay que pedirle al Señor la sencillez de corazón para reconocerle no solo como el personaje histórico que es, sino como el Señor de toda nuestra vida; que como el rey David, sepamos darle el lugar que corresponde nuestro corazón y en cada una de nuestras decisiones, buscando conocerle en su Palabra, en la Oración y en los Sacramentos.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo. En colaboración con Evangelización Activa.

04/06/2026

El Evangelio de Hoy
Juan 6, 51-58

En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida".

Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?"

Jesús les dijo: "Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí.

Este es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre".

Reflexión
Hay tanto que decir sobre esta lectura, sobre este momento en que Jesús revela un gran misterio, incomprensible entonces para los Judíos, incomprensible para muchos hombres de hoy y poco entendido para muchos católicos bautizados que no han dedicado tiempo a profundizar en su fe.

Hoy es un gran día en nuestra Iglesia, en el que celebramos la fiesta de Corpus Christi, la fiesta del Cuerpo de Cristo, la cual debería ocasionar que nuestras misas estuvieran llenas como lo están en miércoles de ceniza o en la fiesta de Guadalupe, un día en que todos los católicos deberíamos hacer el esfuerzo para estar en gracia y participar del Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor. Y sin embargo, no es así, es más, para muchos este día pasa totalmente desapercibido.

Jesús nos invita a todos a participar de este gran misterio; creo que todos podemos imaginar la dificultad de aceptar sus palabras en ese momento en que todavía no lograban entender claramente a este Mesías, una invitación radical, ‘si no comen mi carne y beben mi sangre, no tendrán vida’ y el que lo coma no solo tendrá vida, sino que Él mismo lo resucitará el último día.

Hoy es un buen día para preguntarte ¿tú crees esto? ¿realmente crees esto? ¿tú crees que solamente si comes su carne y bebes su sangre vas a poder tener vida eterna junto a Jesús en el cielo? ¿realmente experimentas la presencia de Dios cuando comulgas? ¿te esfuerzas por permanecer en gracia? Tantas preguntas que están detrás de nuestro comportamiento, basta con asistir a una Eucaristía los domingos para constatar que una buena parte de los que asisten, no creen esto, porque si creyeran, todos participarían ¿no?

Cuánta razón tenía el Papa Benedicto XVI cuando reflexionaba que ‘en la sinagoga de Cafarnaúm, esta declaración fue un “lenguaje duro” y que, por eso mismo, la Eucaristía sigue siendo “signo de contradicción”: “no se entiende” desde la mera sabiduría humana’.

Te invito a que especialmente hoy abras un espacio en tu agenda, vayas a alguna iglesia a participar del sacramento de la reconciliación, reconcíliate con Dios y participa de una manera activa, presente y alegre de la Eucaristía.

Que el Señor llene tu corazón de alegría y esperanza sabiendo que al participar de la Eucaristía estás comiendo del pan que da la vida, vive esa vida desde ahora y serás verdaderamente feliz.

Esta reflexión del Evangelio es una producción de Evangelización Activa.

03/06/2026

El Evangelio de Hoy
Marcos 12, 18-27

En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús algunos de los saduceos, los cuales afirman que los mu***os no resucitan, y le dijeron: "Maestro, Moisés nos dejó escrito que si un hombre muere dejando a su viuda sin hijos, que la tome por mujer el hermano del que murió para darle descendencia a su hermano. Había una vez siete hermanos, el primero de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo se casó con la viuda y murió también, sin dejar hijos; lo mismo el tercero. Los siete se casaron con ella y ninguno de ellos dejó descendencia. Por último, después de todos, murió también la mujer. El día de la resurrección, cuando resuciten de entre los mu***os, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque fue mujer de los siete".

Jesús les contestó: "Están en un error, porque no entienden las Escrituras ni el poder de Dios. Pues cuando resuciten de entre los mu***os, ni los hombres tendrán mujer ni las mujeres marido, sino que serán como los ángeles del cielo. Y en cuanto al hecho de que los mu***os resucitan, ¿acaso no han leído en el libro de Moisés aquel pasaje de la zarza, en que Dios le dijo: "Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob?" Dios no es Dios de mu***os, sino de vivos. Están, pues, muy equivocados".

Reflexión
Fíjense familia, hay un error muy común y no es exclusivo de los saduceos, y es el pensar que sabemos o conocemos de Dios o sobre Dios y su forma de actuar, cuando en realidad lo estamos reduciendo. Sabemos que los saduceos eran gente culta, que conocían la Escritura pero niegan la resurrección, y es que esto no encajaba en su lógica y entonces hacen lo que muchos hacemos hoy en día, que adaptamos a Dios a nuestra razón, a nuestras circunstancias, a nuestros intereses.

Después, le presentan a Jesús un caso un poco absurdo sobre el matrimonio, como diciendo: ‘la resurrección no tiene sentido’, pero Jesús no entra en su juego, no responde al problema superficial, va a la raíz: que ellos están en el error y señala dos causas tanto que no conocen la Escritura como no conocen el poder de Dios; y esto es brutal porque muchos de nosotros podemos conocer las Sagradas Escrituras, dar versículos de algún pasaje, conocerlo de memoria, manejar ciertos conceptos, pero vivir en el error. El problema no es intelectual, es teológico y de experiencia con Dios: han encerrado a Dios dentro de sus categorías.

Y luego Jesús afirma algo hermoso: ‘Dios no es Dios de mu***os, sino de vivos’. Y esto cambia todo. Nuestra fe no es una filosofía, no es un recuerdo del pasado, es una relación viva; cada una de las historias que conocemos en la Sagrada Escritura no son historias cerradas, sino de personas que aún viven en Dios.

Y aquí viene algo que también es interesante, la vida eterna no es una prolongación de esta vida; no es lo mismo, pero para siempre, es algo totalmente nuevo. Por eso Jesús menciona el que seremos como ángeles en el cielo, eso hace saber que esta realidad no es una continuación de nuestras estructuras humanas terrenas, es la plenitud de la vida en Dios.

¿Dónde está entonces nuestro error hoy? tal vez puede ser muy parecido al de los saduceos, que queremos entender todo, controlar todo y cuando Dios no encaja en nuestra lógica, lo descartamos. Y es que la fe empieza cuando termina nuestro control.

Si Dios es Dios de vivos, entonces tu historia y mi historia no termina en la muerte; entonces nuestra relación con Él es ahora y es para la eternidad. La pregunta de hoy podría ser ¿estamos viviendo como alguien que cree en Dios, en ese Dios de vivos? porque creer en la resurrección no es una idea; es vivir con una esperanza que lo transforma todo.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Pbro. Miguel Ortiz, de la Arquidiócesis de Monterrey. En colaboración con Evangelización Activa.

02/06/2026

El Evangelio de Hoy
Marcos 12, 13-17

En aquel tiempo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos le enviaron a Jesús unos fariseos y unos partidarios de Herodes, para hacerle una pregunta capciosa. Se acercaron, pues, a él y le dijeron: "Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa lo que diga la gente, porque no tratas de adular a los hombres, sino que enseñas con toda verdad, el camino de Dios. ¿Está permitido o no, pagarle el tributo al César? ¿Se lo damos o no se lo damos?".

Jesús, notando su hipocresía, les dijo: "¿Por qué me ponen una trampa? Tráiganme una moneda para que yo la vea". Se la trajeron y él les preguntó: "¿De quién es la imagen y el nombre que lleva escrito?" Le contestaron: "Del César". Entonces les respondió Jesús: "Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios". Y los dejó admirados.

Reflexión
Este pasaje del Evangelio nos muestra a un Jesús que no se deja atrapar por las trampas. La pregunta capciosa que le hacen sobre si es lícito pagar impuestos al César o no, podía hacerlo quedar mal con los judíos si decía que sí, o meterse en problemas con los romanos si decía que no.

Pero Jesús se da cuenta de la trampa y les responde: ‘al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios’. Pero ¿qué significa esto para nosotros o qué podemos aprender de esto hoy? Para empezar, yo diría que por una parte es un llamado a recordarnos la importancia de ser honestos, de cumplir con nuestras obligaciones, de ocuparnos de pagar nuestros impuestos, respetar las leyes, evitar la corrupción y la mentira, algo que desafortunadamente se ha perdido hoy en nuestra sociedad.

Porque ser un buen cristiano empieza por ser un ciudadano ejemplar y eso lo tenemos que tener bien claro y de eso debemos dar también un buen testimonio, siendo personas que se preocupen por construir una mejor sociedad. Por otro lado, debemos aprender también a reconocer y poner límites a las cosas que no son de Dios y que nos absorben o nos distraen.

A veces el trabajo, el dinero o el éxito se vuelven nuestros dueños y está bien poner mucho empeño en el trabajo porque pues es lo que nos da dinero, pero debemos cuidar que el estrés y los excesos o la ambición no nos roben el tiempo de la familia o la paz interior, porque ese tiempo y esa paz le pertenecen a Dios. Por eso, ‘al Cesar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios’.

Hay que tener bien claro el valor de nuestra persona a los ojos de Dios. Cuando el mundo nos intenta decir que valemos más por lo que tenemos o producimos, recuerda que eso no es lo más importante, porque tú le perteneces a Dios, tu valor no te lo da una cuenta de banco ni un puesto en una empresa, sino el hecho de ser hijo de Dios.

El Papa Francisco dijo algo que nos ayuda a aterrizar muy bien esto, dar a Dios lo que es de Dios significa reconocer que nosotros mismos somos su imagen y que a Él debemos regresarle nuestra existencia y nuestro amor. Lo que Dios nos enseña con esto es que nuestra fe no nos saca del mundo, sino que nos enseña a vivir en él con responsabilidad.

Nos dice que tenemos compromisos aquí en la tierra, pero hay una parte de nosotros: nuestra dignidad, nuestro corazón, nuestra conciencia, que no le pertenece a ningún gobierno, a ninguna empresa y a ningún poder humano. Esa parte le pertenece solamente a Dios. Debemos cumplir con nuestras obligaciones del día a día, sin olvidarnos de que nuestro corazón le pertenece a Dios. Se trata de vivir en el mundo, pero sin dejar que el mundo nos quite nuestra esencia.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo. En colaboración con Evangelización Activa.

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