21/08/2026
Querida comunidad de San Juan de Mata:
Hoy me toca despedirme de esta comunidad y, sinceramente, no es fácil encontrar las palabras para expresar todo lo que llevo en el corazón. Dios me ha llamado ahora a continuar mi camino en una nueva comunidad, y aunque sé que cada etapa tiene su momento, dejar este lugar no deja de darme un poco de nostalgia.
Quiero agradecer de todo corazón a cada una de las personas de esta comunidad que me recibieron desde el primer día con tanta cercanía y cariño. Gracias por cada saludo, cada conversación, cada sonrisa, cada oración, cada consejo y cada gesto que tuvieron conmigo. Quizá algunos detalles parecieron pequeños, pero para mí hicieron una gran diferencia.
Gracias, comunidad de San Juan de Mata, por haberme acogido de la mejor manera. Gracias por permitirme compartir con ustedes una parte de mi camino vocacional, por dejarme servir, aprender, convivir y, sobre todo, crecer como persona y como seminarista.
Quiero agradecer de manera muy especial al Padre Rafa. Gracias por abrirme las puertas de esta comunidad, por la confianza que depositó en mí y por cada oportunidad que me brindó para aprender y servir. Gracias también por sus consejos, por sus palabras, por las correcciones y por esos momentos sencillos que muchas veces terminan siendo los que uno recuerda con mayor cariño.
Me llevo mucho de esta comunidad. Me llevo rostros, nombres, historias, momentos de alegría, celebraciones, conversaciones y experiencias que quedarán guardadas en mi corazón.
Pero, sobre todo, me llevo la certeza de que Dios se hace presente también a través de las personas que encontramos en el camino.
Por eso no quiero decir un adiós, sino simplemente hasta luego. Los lugares cambian, las comunidades cambian, pero el cariño y las experiencias compartidas permanecen.
Les pido que sigan rezando por mí, por mi vocación y por esta nueva misión que Dios pone delante de mí. Yo también llevaré a esta comunidad en mis oraciones.
Gracias, San Juan de Mata, por recibirme, por acompañarme y por hacerme sentir parte de esta familia. Gracias por todo lo que me dieron y, sobre todo, por todo lo que me enseñaron sin darse cuenta.
Me voy con un poco de nostalgia, pero con el corazón lleno de gratitud. Gracias por haber sido parte de mi camino.
Que Dios bendiga siempre a esta comunidad, al Padre Rafa, al Padre Luis y a cada una de las personas que la forman.
Con cariño y gratitud,
"Obre Dios"
Seminarista José Eduardo Gutiérrez Orona
"La Misión Continúa En El Amor"