26/02/2026
Alza tus ojos a la cruz. Allí: encontramos la fuente del único gozo que tiene el poder de transformarnos. No es un sentimiento pasajero, sino la seguridad eterna de que nuestra deuda ha sido pagada y nuestra vida le pertenece a Jesús. Esta gracia irresistible no nos deja en la pasividad, sino que nos impulsa a vivir con una conducta que honre Su nombre, no por peso de ley, sino por el deleite de ser Suyos. Que nuestro comportamiento hoy sea el eco de un corazón que descansa en la obra consumada del Mesías, viviendo con sobriedad y justicia, motivados por la gratitud de saber que Él nos sostiene y nos dirige hacia Su gloria eterna.