28/04/2026
¿SABÍAS QUÉ? SENTARTE A HABLAR DE OTROS TIENE UN NOMBRE EN LA BIBLIA… Y ES MÁS GRAVE DE LO QUE PENSÁS. NUNCA TE LO HABIAN CONTADO ASI...
Muchos leen el Salmo 1 como una poesía de bendición, pero en realidad es una advertencia profunda sobre los ambientes que frecuentamos y las conversaciones en las que decidimos sentarnos.
“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado.” (Salmo 1:1)
La mayoría piensa que el peligro está solo en “los pecadores”. Pero el texto termina señalando algo más sutil, más religioso y muchas veces más aceptado: la silla de los escarnecedores.
¿QUIÉNES SON LOS ESCARNECEDORES?
La palabra hebrea es לֵצִים (Letsim), plural de לֵץ (Lets).
Describe a personas burlonas, cínicas, despreciativas, que ridiculizan y usan la palabra para humillar o rebajar a otros. No siempre insultan de frente. Muchas veces sonríen, ironizan, comentan “con razón”, o hablan de terceros como entretenimiento.
El escarnecedor no siempre grita.
A veces susurra.
No siempre acusa.
A veces “solo opina”.
No siempre confronta.
A veces se sienta… y disfruta.
¿POR QUÉ HABLA DE UNA SILLA?
El Salmo no dice solamente que pasó por allí. Dice que se sentó.
La palabra hebrea para silla o asiento es כִּסֵּא (Kisé), término que también se utiliza para trono, sede de autoridad, lugar de gobierno y dominio. No habla solo de un mueble físico, sino de una posición espiritual desde donde algo reina.
Esto cambia todo.
Cuando una persona se sienta constantemente en conversaciones de burla, crítica y veneno, no solo ocupa una silla… está levantando un trono. Está dándole autoridad a un clima espiritual equivocado para gobernar ese ambiente.
Donde reina la honra, gobierna la paz.
Donde reina la verdad, gobierna la luz.
Pero donde se levanta el kisé del escarnecimiento, gobiernan la división, la sospecha, la amargura y la frialdad espiritual.
Cada mesa tiene un reino.
Cada conversación tiene una atmósfera.
Cada silla le da lugar a una voz.
Por eso el justo del Salmo 1 discierne dónde se sienta, porque entiende que no toda silla es neutral.
La silla representa comodidad, permanencia, costumbre. Es el lugar donde alguien ya se siente en casa. Ya no le incomoda hablar mal del otro. Ya no le pesa destruir reputaciones. Ya no le duele escuchar veneno.
Hoy esa silla puede ser:
una mesa con mates,
una visita a una casa,
una llamada telefónica,
un grupo de WhatsApp,
una reunión “espiritual”,
o una charla después de la congregación.
Lugares donde el tema central siempre termina siendo la vida ajena.
SU RELACIÓN CON EL LASHÓN HARÁ
En la tradición hebrea existe el concepto לָשׁוֹן הָרָע (Lashón Hará), que significa “lengua mala” o uso destructivo de la palabra.
Es hablar del otro para dañarlo, exponerlo, rebajarlo o contaminar la mirada de quienes escuchan.
Y algo importante: no deja de ser pecado solo porque sea verdad.
Se puede decir algo cierto… con un espíritu incorrecto.
Se puede contar algo real… con intención de destruir.
El escarnecedor convierte la lengua en arma.
YESHÚA HABLÓ DE ESTO
Yeshúa dijo:
“¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?” (Mateo 7:3)
También enseñó:
“De la abundancia del corazón habla la boca.” (Mateo 12:34)
Cuando alguien vive hablando de errores ajenos, muchas veces revela heridas no sanadas, orgullo escondido o una vida interior vacía.
Porque quien está ocupado en transformarse, tiene poco tiempo para despedazar a otros.
EL NIVEL MÁS BAJO DE LO ESPIRITUAL
Hay pecados visibles… y pecados respetables.
Una persona puede cantar, congregarse, conocer versículos, levantar las manos y hablar bonito… pero luego sentarse en una silla a analizar, ridiculizar o destruir a otra persona ausente.
Eso es grave, porque usa apariencia espiritual con un corazón sin trabajar.
Ir a un lugar específicamente para hablar mal de otro, con razón o sin razón, es una de las formas más tristes de pobreza espiritual.
EL JUSTO DEL SALMO 1 HACE LO CONTRARIO
El justo no se sienta a destruir.
Se sienta a aprender.
No usa la boca para secar almas.
La usa para dar vida.
No busca defectos ajenos.
Busca corregirse primero.
Por eso luego el Salmo dice que será como árbol plantado junto a corrientes de aguas. Porque quien cuida su lengua, riega sus raíces.
HAY SILLAS QUE RESTAURAN
Tal vez hoy el Espíritu te mostró algo. Quizás participaste de charlas que parecían normales, pero te fueron secando por dentro.
Todavía estás a tiempo de levantarte de esa silla.
No naciste para hablar de vidas ajenas. Naciste para dar fruto, sanar, bendecir y crecer.
Hay mesas que contaminan… y mesas que restauran.
Hay conversaciones que envenenan… y conversaciones que sanan.
Pídele a Yeshua una boca limpia, un corazón humilde y oídos que no disfruten del veneno.
Y recuerda esto: muchas veces la verdadera santidad no se nota en cuánto hablas de Dios… sino en cuánto te negás a hablar del otro cuando no está presente!!!
🙌🔥‼💯TEXTO TOMADO DE REDES SOCIALES 💯‼🔥🙌