Parroquia del Inmaculado Corazón de María

Parroquia del Inmaculado Corazón de María Iglesia (templo) catolica de la Diócesis de Aguascalientes.

Comenzamos el novenario en honor a santa Elena de la Cruz.
10/08/2026

Comenzamos el novenario en honor a santa Elena de la Cruz.

Nunca en la casa de alguien
08/08/2026

Nunca en la casa de alguien

¿Qué son los nichos ? 🤔

Son un lugar de oración, memoria y esperanza, donde se resguardan las cenizas de los difuntos con el respeto y la dignidad que enseña la Iglesia.

Te contamos más aquí: https://dlf.desdelafe.mx/3RL217

SOBRE LA SANTIFICACIÓN DEL DOMINGO« Al principio creó Dios el cielo y la tierra » (Gn 1,1)9. El estilo poético de la nar...
08/08/2026

SOBRE LA SANTIFICACIÓN DEL DOMINGO

« Al principio creó Dios el cielo y la tierra » (Gn 1,1)

9. El estilo poético de la narración genesíaca describe muy bien el asombro que el hombre prueba ante la inmensidad de la creación y el sentimiento de adoración que deriva de ello hacia Aquél que sacó de la nada todas las cosas. Se trata de una página de profundo significado religioso, un himno al Creador del universo, señalado como el único Señor ante las frecuentes tentaciones de divinizar el mundo mismo. Es, a la vez, un himno a la bondad de la creación, plasmada totalmente por la mano poderosa y misericordiosa de Dios.

« Vio Dios que estaba bien » (Gn 1,10.12, etc.). Este estribillo, repetido durante la narración, proyecta una luz positiva sobre cada elemento del universo, dejando entrever al mismo tiempo el secreto para su comprensión apropiada y para su posible regeneración: el mundo es bueno en la medida en que permanece vinculado a sus orígenes y llega a ser bueno de nuevo, después que el pecado lo ha desfigurado, en la medida en que, con la ayuda de la gracia, vuelve a quien lo ha hecho. Esta dialéctica, obviamente, no atañe directamente a las cosas inanimadas y a los animales, sino a los seres humanos, a los cuales se ha concedido el don incomparable, pero también arriesgado, de la libertad. La Biblia, después de las narraciones de la creación, pone de relieve este contraste dramático entre la grandeza del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, y su caída, que abre en el mundo el ámbito oscuro del pecado y de la muerte (cf. Gn 3).

10. El cosmos, salido de las manos de Dios, lleva consigo la impronta de su bondad. Es un mundo bello, digno de ser admirado y gozado, aunque destinado a ser cultivado y desarrollado. La « conclusión » de la obra de Dios abre el mundo al trabajo del hombre. « Dio por concluida Dios en el séptimo día la labor que había hecho » (Gn 2,2). A través de este lenguaje antropomórfico del « trabajo » divino, la Biblia no sólo nos abre una luz sobre la misteriosa relación entre el Creador y el mundo creado, sino que proyecta también esta luz sobre el papel que el hombre tiene hacia el cosmos. El « trabajo » de Dios es de alguna manera ejemplar para el hombre. En efecto, el hombre no sólo está llamado a habitar, sino también a « construir » el mundo, haciéndose así « colaborador » de Dios. Los primeros capítulos del Génesis, como exponía en la Encíclica Laborem exercens, constituyen en cierto sentido el primer « evangelio del trabajo »[10]. Es una verdad subrayada también por el Concilio Vaticano II: « El hombre, creado a imagen de Dios, ha recibido el mandato de regir el mundo en justicia y santidad, sometiendo la tierra con todo cuanto en ella hay, y, reconociendo a Dios como creador de todas las cosas, de relacionarse a sí mismo y al universo entero con Él, de modo que, con el sometimiento de todas las cosas al hombre, sea admirable el nombre de Dios en toda la tierra »[11].

La realidad sublime del desarrollo de la ciencia, de la técnica, de la cultura en sus diversas expresiones —desarrollo cada vez más rápido y hoy incluso vertiginoso— es el fruto, en la historia del mundo, de la misión con la que Dios confió al hombre y a la mujer el cometido y la responsabilidad de llenar la tierra y de someterla mediante el trabajo, observando su Ley.

¿POR QUÉ EL PAPA NO VISITA MÉXICO?La Santa Sede no improvisa: lo que realmente significa que León XIV no visite todavía ...
07/08/2026

¿POR QUÉ EL PAPA NO VISITA MÉXICO?

La Santa Sede no improvisa: lo que realmente significa que León XIV no visite todavía México

En Roma las ausencias hablan tanto como las presencias.

La publicación del itinerario latinoamericano de León XIV ha generado una pregunta inevitable en el mayor país hispanohablante del mundo: ¿por qué México quedó fuera? La respuesta fácil sería atribuirlo a un desinterés del nuevo Pontífice. La respuesta seria exige comprender cómo piensa la Santa Sede.

El Vaticano no organiza los viajes del Papa como una gira política ni como una campaña de popularidad. Cada visita apostólica es el resultado de un largo proceso de discernimiento en el que convergen la pastoral, la diplomacia, la geopolítica, la seguridad, la vida de las Iglesias locales y las prioridades del ministerio petrino. Por ello, leer el mapa de los viajes requiere algo más que revisar un calendario: exige interpretar los silencios de Roma.

La elección de Uruguay, Argentina y Perú responde a una lógica que, vista desde la Curia Romana, resulta coherente. Uruguay representa el desafío de una sociedad profundamente secularizada; Argentina mantiene un peso eclesial e institucional imposible de ignorar; Perú posee un significado singular en la biografía de León XIV, cuya experiencia misionera y episcopal quedó profundamente marcada por ese país. No se trata de una distribución de premios o castigos, sino de prioridades pastorales.

México, sin embargo, no ha desaparecido del radar vaticano. Al contrario. Pocas naciones ocupan tanto espacio en las conversaciones de la Secretaría de Estado. La violencia criminal, las desapariciones forzadas, la migración, el desplazamiento interno, la fragilidad del Estado de derecho y el papel social de la Iglesia convierten al país en un interlocutor permanente de la Santa Sede.

Precisamente por eso adquiere especial significado la presencia del cardenal Pietro Parolin.

En la diplomacia pontificia existe una regla no escrita: cuando el Papa no puede estar, habla quien mejor conoce su pensamiento y posee la autoridad para transmitirlo. Ese papel corresponde al Secretario de Estado. No es un simple canciller ni un ministro de relaciones exteriores. Es el principal coordinador de la acción diplomática del Romano Pontífice y uno de los hombres que mejor conoce los equilibrios internos de la Iglesia universal.

Parolin no llega a México como un visitante protocolario. Regresa a un país cuya evolución ha seguido desde hace décadas. Participó en los años decisivos de la normalización de las relaciones entre México y la Santa Sede, conoce el entramado político nacional y mantiene una comprensión poco común de la Iglesia mexicana. Su presencia permite escuchar, observar y dialogar allí donde una visita papal exigiría hoy un despliegue mucho más complejo.

Algunos interpretan esta circunstancia como una señal de que Roma considera a México un destino demasiado problemático para León XIV. Esa conclusión resulta apresurada. La Santa Sede raramente explica públicamente las razones completas de un viaje o de una ausencia. Quien pretenda encontrar comunicados oficiales diciendo que un país quedó excluido por motivos de violencia probablemente nunca los encontrará. El lenguaje del Vaticano es más sobrio y más prudente.

Sin embargo, tampoco puede ignorarse la realidad. Una visita papal supone movilizar millones de personas, comprometer recursos extraordinarios del Estado y proyectar internacionalmente una imagen del país anfitrión. La Santa Sede evalúa cuidadosamente esas circunstancias. No porque busque escenarios perfectos —Francisco visitó países marcados por guerras, terrorismo y profundas crisis sociales—, sino porque cada viaje debe responder a un objetivo pastoral claramente definido.

Quizá el dato más revelador no sea que León XIV no visite todavía México, sino que Roma haya decidido mantener abierto el canal político y eclesial de más alto nivel mediante Pietro Parolin. En diplomacia, la continuidad del diálogo suele ser más importante que la espectacularidad de los gestos.

Sería un error interpretar esta decisión en clave de desencuentro. México sigue siendo uno de los países con mayor número de católicos del mundo, una Iglesia con enorme influencia continental y un actor imprescindible para cualquier estrategia pastoral en América Latina. Ningún pontífice puede ignorar esa realidad.

Los tiempos de la Santa Sede, sin embargo, rara vez coinciden con la impaciencia de la opinión pública. Roma acostumbra preparar durante meses —a veces durante años— aquello que finalmente aparece como un anuncio de pocas líneas.

Por eso, más que preguntarse por qué León XIV aún no viene a México, convendría observar qué está haciendo el Vaticano mientras tanto. Y la respuesta es clara: mantiene abierto el diálogo político, fortalece la interlocución con la Iglesia mexicana y sigue de cerca una realidad que considera demasiado importante para ser observada desde la distancia.

En Roma existe una antigua convicción: las grandes decisiones no suelen anunciarse cuando todos las esperan, sino cuando las circunstancias permiten que produzcan el mayor fruto posible. Tal vez esa sea también la clave para comprender el lugar que México ocupa hoy en la agenda de León XIV.

(Tomado de: Jorge Luis Zarazua).

Compartimos el programa de la fiesta a santa Elena de la Cruz.Queremos este año encomendar a Santa Elena a los desaperec...
05/08/2026

Compartimos el programa de la fiesta a santa Elena de la Cruz.
Queremos este año encomendar a Santa Elena a los desaperecidos, que así como ella encontró un día la Cruz del Señor, por su intercesión un día podamos encontrar a familiares amigos que ahora no están con nostros.

04 de agostoSAN JUAN MARÍA VIANNEY, Presbítero, Patrono de los sacerdotesMás conocido como “el Cura de Ars”, es modelo d...
04/08/2026

04 de agosto

SAN JUAN MARÍA VIANNEY, Presbítero, Patrono de los sacerdotes

Más conocido como “el Cura de Ars”, es modelo de pastor de almas, entregado de lleno al anuncio de la palabra de Dios, al ministerio de la reconciliación, a la penitencia y a la oración. En ciertas horas se percibía en su rostro un amor que lo transformaba: aquel fuego procedía de la Eucaristía, que celebraba fervorosamente y adoraba con toda su fe (1786-1859).

SOBRE LA SANTIFICACIÓN DEL DOMINGO CAPÍTULO IDIES DOMINICelebración de la obra del Creador« Por medio de la Palabra se h...
01/08/2026

SOBRE LA SANTIFICACIÓN DEL DOMINGO

CAPÍTULO I
DIES DOMINI

Celebración de la obra del Creador

« Por medio de la Palabra se hizo todo » (Jn 1,3)

8. En la experiencia cristiana el domingo es ante todo una fiesta pascual, iluminada totalmente por la gloria de Cristo resucitado. Es la celebración de la « nueva creación ». Pero precisamente este aspecto, si se comprende profundamente, es inseparable del mensaje que la Escritura, desde sus primeras páginas, nos ofrece sobre el designio de Dios en la creación del mundo. En efecto, si es verdad que el Verbo se hizo carne en la « plenitud de los tiempos » (Ga 4,4), no es menos verdad que, gracias a su mismo misterio de Hijo eterno del Padre, es origen y fin del universo. Lo afirma Juan en el prólogo de su Evangelio: « Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho » (1,3). Lo subraya también Pablo al escribir a los Colosenses: « Por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles [...]; todo fue creado por él y para él » (1,16). Esta presencia activa del Hijo en la obra creadora de Dios se reveló plenamente en el misterio pascual en el que Cristo, resucitando « de entre los mu***os: el primero de todos » (1 Co 15,20), inauguró la nueva creación e inició el proceso que él mismo llevaría a término en el momento de su retorno glorioso, « cuando devuelve a Dios Padre su reino [...], y así Dios lo será todo para todos » (1 Co 15,24.28).

Ya en la mañana de la creación el proyecto de Dios implicaba esta « misión cósmica » de Cristo. Esta visión cristocéntrica, proyectada sobre todo el tiempo, estaba presente en la mirada complaciente de Dios cuando, al terminar todo su trabajo, « bendijo Dios el día séptimo y lo santificó » (Gn 2,3). Entonces —según el autor sacerdotal de la primera narración bíblica de la creación— empezaba el « sábado », tan característico de la primera Alianza, el cual en cierto modo preanunciaba el día sagrado de la nueva y definitiva Alianza. El mismo tema del « descanso de Dios » (cf. Gn 2,2) y del descanso ofrecido al pueblo del Éxodo con la entrada en la tierra prometida (cf. Ex 33,14; Dt 3,20; 12,9; Jos 21,44; Sal 95 [94],11), en el Nuevo Testamento recibe una nueva luz, la del definitivo « descanso sabático » (Hb 4,9) en el que Cristo mismo entró con su resurrección y en el que está llamado a entrar el pueblo de Dios, perseverando en su actitud de obediencia filial (cf. Hb 4,3-16). Es necesario, pues, releer la gran página de la creación y profundizar en la teología del « sábado », para entrar en la plena comprensión del domingo.

Iniciamos como Diócesis Mariana la fiesta más grande de los Aguascalentenses
31/07/2026

Iniciamos como Diócesis Mariana la fiesta más grande de los Aguascalentenses

CUANDO LA VIRGEN DE GUADALUPE SALIÓ DEL TEPEYAC PARA PROTEGERLAHoy hace 100 años de este acontecimiento.Dirigimos ahora ...
29/07/2026

CUANDO LA VIRGEN DE GUADALUPE SALIÓ DEL TEPEYAC PARA PROTEGERLA
Hoy hace 100 años de este acontecimiento.

Dirigimos ahora nuestra mirada a un suceso singular en la historia de la Iglesia de México y especialmente de la Virgen de Ntra. Sra. de Guadalupe.

En 1926 se decretó la “Ley Calles” que trajo consigo la suspensión del culto en toda la Nación. 15 días antes de que entrara en vigor dicha ley, el abad de la Basílica convocó al Cabildo a una reunión en calidad de urgente y estrictamente privada para analizar juntos el destino de la imagen y garantizar la seguridad de la tilma, ya que pronto ellos se verían obligados a abandonar la Basílica. Tras consultar al Arzobispo D. José María Mora y del Río, se llegó a la conclusión de que lo más conveniente sería ocultar temporalmente la Sagrada Imagen en un sitio seguro y absolutamente secreto, mientras pasaba la crisis. Tomada la decisión, era urgente dar varios pasos.

Primero había que preparar una imagen lo suficientemente fiel, muy apegada a la original para colocarla en el altar en sustitución de la tilma sin que nadie notara el cambio. La obra se la encargaron al pintor y maestro Rafael Aguirre, quien gustoso aceptó y, trabajando de día y de noche, logró terminarla el 29 de julio, llevándola esa misma noche para que fuera colocada en el marco de oro del Sagrado Original. Durante la noche, con gran cautela, se citó a un grupo de trabajadores de la confianza del señor abad para que procedieran a desprender la imagen original de la Virgen de Guadalupe, el procedimiento fue delicado, difícil y de alto riesgo. ¿Por qué fue delicado? Porque curiosamente, un día antes para evitar que el original se moviera de lugar, el delegado de Bienes Nacionales D. Ángel Vivanco, mandó sellar el marco con la vidriera, esto hizo que dicha maniobra fuera más laboriosa. Finalmente se logró, y habiéndola bajado, envolvieron la tilma en una tela de seda sellada y lacrada y, para darle mayor protección, también con tela de jerga gruesa, quedando la imagen perfectamente empaquetada. Este delicado momento fue entre rezos, discretas lágrimas de emoción, suspiros y varios minutos de silencio.

Después de esto, se colocó la imagen en el doble fondo de un antiguo ropero chino que había en la Basílica, al que se le desclavó la tabla de arriba para introducir por ahí la imagen de la Virgen. Mientras tanto, otro grupo de personas colocaba la imagen pintada por Aguirre. Pero como estaba aún fresco el óleo y brillaba la pintura el ingeniero Luis Felipe Murguía sugirió ahumar el cristal para opacar la pintura y evitar se identificara y él mismo lo hizo quemando periódicos.

Estaba ya amaneciendo cuando definitivamente lograron terminar todo el proceso. Mientras tanto, en el exterior, fuerzas armadas del Gobierno rodeaban ya la Basílica vigilando todas las entradas en previsión de posibles desórdenes, en otras palabras, la situación se tornaba aún más peligrosa. Bajo estas circunstancias, el abad ordenó que abrieran un orificio en un muro que colindaba con el convento de las madres sacramentarias para poder sacar por allí el ropero con la Virgen. En ese sitio esperaba un camión destartalado de mudanzas con camas y colchones del coro de infantes de la Basílica y entre otros objetos, se colocó el ropero chino. Pero de pronto, un soldado inquirió de dónde sacaban esos muebles y trató de impedir que se los llevaran, al final fue ‘convencido’ con una moneda de $50.00, así pudieron llevar la carga hasta la Ciudad de México (antes la Villa de Guadalupe quedaba fuera de la Ciudad).

¿Y a quién se le confió el Sagrado Original? Se encomendó el cuidado a la familia Murguía Lascuráin en pleno centro de la Ciudad, donde permaneció en el ropero por tres años sin que nadie la viera. Dicha medida fue tomada justo a tiempo, ya que, a los pocos días, representantes del Gobierno Federal se presentaron con órdenes de ocupar la Basílica. Como se dijo, tres años después, al haber llegado a los “Acuerdos” en 1929 se procedió a regresar la Imagen en abril y así como salió en secreto, así regresó a su casa del Tepeyac.

Por último, el Cabildo de Basílica regaló a la familia que custodió la imagen en su domicilio la pintura que hizo Aguirre.

(Cfr. Ana Rita VALERO DE GARCÍA LASCURAIN, “Santa María de Guadalupe a la luz de la historia”, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 20014, pp. 147-150; Cfr. Fidel GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, “Guadalupe: pulso y corazón de un pueblo”, Ediciones Encuentro, Madrid 2004, pp. 421-437.
Síntesis: Pbro. Lic. José Alfredo V.
Imagen: “El resguardo”. Óleo sobre lienzo 90 x 70).

SOBRE LA SANTIFICACIÓN DEL DOMINGO Carta: Dies domini 4. Nadie olvida en efecto que, hasta un pasado relativamente recie...
25/07/2026

SOBRE LA SANTIFICACIÓN DEL DOMINGO
Carta: Dies domini

4. Nadie olvida en efecto que, hasta un pasado relativamente reciente, la « santificación » del domingo estaba favorecida, en los Países de tradición cristiana, por una amplia participación popular y casi por la organización misma de la sociedad civil, que preveía el descanso dominical como punto fijo en las normas sobre las diversas actividades laborales. Pero hoy, en los mismos Países en los que las leyes establecen el carácter festivo de este día, la evolución de las condiciones socioeconómicas a menudo ha terminado por modificar profundamente los comportamientos colectivos y por consiguiente la fisonomía del domingo. Se ha consolidado ampliamente la práctica del « fin de semana », entendido como tiempo semanal de reposo, vivido a veces lejos de la vivienda habitual, y caracterizado a menudo por la participación en actividades culturales, políticas y deportivas, cuyo desarrollo coincide en general precisamente con los días festivos. Se trata de un fenómeno social y cultural que tiene ciertamente elementos positivos en la medida en que puede contribuir al respeto de valores auténticos, al desarrollo humano y al progreso de la vida social en su conjunto. Responde no sólo a la necesidad de descanso, sino también a la exigencia de « hacer fiesta », propia del ser humano. Por desgracia, cuando el domingo pierde el significado originario y se reduce a un puro « fin de semana », puede suceder que el hombre quede encerrado en un horizonte tan restringido que no le permite ya ver el « cielo ». Entonces, aunque vestido de fiesta, interiormente es incapaz de « hacer fiesta »[7].

A los discípulos de Cristo se pide de todos modos que no confundan la celebración del domingo, que debe ser una verdadera santificación del día del Señor, con el « fin de semana », entendido fundamentalmente como tiempo de mero descanso o diversión. A este respecto, urge una auténtica madurez espiritual que ayude a los cristianos a « ser ellos mismos », en plena coherencia con el don de la fe, dispuestos siempre a dar razón de la esperanza que hay en ellos (cf. 1 P 3,15). Esto ha de significar también una comprensión más profunda del domingo, para vivirlo, incluso en situaciones difíciles, con plena docilidad al Espíritu Santo.

5. La situación, desde este punto de vista, se presenta más bien confusa. Está, por una parte, el ejemplo de algunas Iglesias jóvenes que muestran con cuanto fervor se puede animar la celebración dominical, tanto en las ciudades como en los pueblos más alejados. Al contrario, en otras regiones, debido a las mencionadas dificultades sociológicas y quizás por la falta de fuertes motivaciones de fe, se da un porcentaje singularmente bajo de participantes en la liturgia dominical. En la conciencia de muchos fieles parece disminuir no sólo el sentido de la centralidad de la Eucaristía, sino incluso el deber de dar gracias al Señor, rezándole junto con otros dentro de la comunidad eclesial.

A todo esto se añade que, no sólo en los Países de misión, sino también en los de antigua evangelización, por escasez de sacerdotes a veces no se puede garantizar la celebración eucarística dominical en cada comunidad.

6. Ante este panorama de nuevas situaciones y sus consiguientes interrogantes, parece necesario más que nunca recuperar las motivaciones doctrinales profundas que son la base del precepto eclesial, para que todos los fieles vean muy claro el valor irrenunciable del domingo en la vida cristiana. Actuando así nos situamos en la perenne tradición de la Iglesia, recordada firmemente por el Concilio Vaticano II al enseñar que, en el domingo, « los fieles deben reunirse en asamblea a fin de que, escuchando la Palabra de Dios y participando en la Eucaristía, hagan memoria de la pasión, resurrección y gloria del Señor Jesús y den gracias a Dios que los ha regenerado para una esperanza viva por medio de la resurrección de Jesucristo de entre los mu***os (cf. 1 P 1,3) »[8].

7. En efecto, el deber de santificar el domingo, sobre todo con la participación en la Eucaristía y con un descanso lleno de alegría cristiana y de fraternidad, se comprende bien si se tienen presentes las múltiples dimensiones de ese día, al que dedicaremos atención en la presente Carta.

Este es un día que constituye el centro mismo de la vida cristiana. Si desde el principio de mi Pontificado no me ha cansado de repetir: « ¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo! »[9], en esta misma línea quisiera hoy invitar a todos con fuerza a descubrir de nuevo el domingo: ¡No tengáis miedo de dar vuestro tiempo a Cristo! Sí, abramos nuestro tiempo a Cristo para que él lo pueda iluminar y dirigir. Él es quien conoce el secreto del tiempo y el secreto de la eternidad, y nos entrega « su día » como un don siempre nuevo de su amor. El descubrimiento de este día es una gracia que se ha de pedir, no sólo para vivir en plenitud las exigencias propias de la fe, sino también para dar una respuesta concreta a los anhelos íntimos y auténticos de cada ser humano. El tiempo ofrecido a Cristo nunca es un tiempo perdido, sino más bien ganado para la humanización profunda de nuestras relaciones y de nuestra vida.

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