22/05/2026
REINADO DEL ESPÍRITU SANTO
1a. Parte
En el marco de la celebración de la Fiesta de Pentecostés, les compartimos unos textos tomados de la Cuenta de Conciencia de la Beata Concepción Cabrera de Armida.
Septiembre 27 de 1918
Habló el Señor. Espíritu Santo.
Antes de comulgar comenzó a hablar el Señor y después prosiguió escribiendo yo lo que decía ahí en el comulgatorio de Coyoacán, sin pararme hasta que acabó.
Me dijo:
"Dile al Papa, que es mi voluntad que en todo el mundo cristiano se clame al Espíritu Santo implorando la paz, y su reinado en los corazones. Sólo este Santo Espíritu puede renovar la faz de la tierra, y traerá la luz la unión y la caridad a los corazones, pues todos son hermanos, e hijos de María.
El mundo se hunde, porque se ha alejado del Espíritu Santo, y todos los males que le aquejan tienen su origen en esto. Ahí está el remedio, porque Él es el Consolador, el Autor de toda gracia, el lazo de unión entre el Padre y el Hijo, y el Conciliador por excelencia porque es caridad, es el Amor increado y eterno.
Que a ese Santo Espíritu acuda todo el mundo pues que ha llegado el tiempo de su reinado y esta última etapa del mundo a Él le pertenece muy especialmente, para ser honrado y exaltado.
Que la Iglesia lo pregone, que las almas lo amen, que el mundo entero se le consagre, y vendrá la paz, juntamente con una reacción moral y espiritual más grande que el mal que a la tierra aqueja.
Con sangre se ha barrido el mundo limpiándose para su reinado, pero ha llegado el tiempo de que la Iglesia emplee todos los medios y pida con ardor y constancia ese Rocío del cielo que apague los odios, que una a los hermanos y que derrama su paz dulcísima en los corazones.
La materia y el sensualismo reinan porque falta el Espíritu Santo; la Iglesia resiente este triste daño y a ella le toca promover con todas sus fuerzas esta devoción y encender esta llama que purifica, deifica y une.
Que a la mayor brevedad se proceda a llamar con oraciones, penitencias y lágrimas a este Santo Espíritu, suspirando por su venida. Y vendrá, hija, Yo lo enviaré otra vez, de una manera patente y en sus efectos, que asombrará al mundo e impulsará a la Iglesia a grandes triunfos. Pero pidan quiero que pidan, que llamen a las puertas de mi corazón, que confíen, esperen, y ansíen su venida, esa venida del glorificador, que salvará al mundo en esta última parte del trienio de la Trinidad, por decirlo así. Porque, aun que todas las tres Divinas Personas han concurrido y consumado todas las épocas del mundo, el Padre se abrogó la Creación, el Hijo la Redención y ahora la tercera Persona Divina la conclusión del mundo en su glorificación.
[CC 42, 155-158]
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