21/08/2026
Las Escrituras son suficientes para mostrarnos quién es Dios, cuál es la verdadera condición del hombre y dónde se encuentra nuestra única esperanza: Jesucristo.
Pablo lo dice claramente en Romanos:
“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.”— Romanos 1:16
El poder de Dios para salvación no se encuentra en una experiencia extraordinaria, en una manifestación sobrenatural o en el testimonio de alguien que asegura haber visitado el cielo o el in****no. El poder de Dios para salvar está en el evangelio.
Y esto podemos verlo claramente en la historia del rico y Lázaro.
Cuando el rico comprende la terrible realidad de su condenación, le pide a Abraham que envíe a Lázaro a la casa de su padre para advertir a sus cinco hermanos. Seguramente pensaba que si ellos contemplaban algo sobrenatural, si un mu**to se presentaba delante de ellos y les hablara acerca del juicio venidero, entonces se arrepentirían.
Pero la respuesta de Abraham fue contundente:
“A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos.”
En pocas palabras: tienen las Escrituras.
Y cuando el rico insiste diciendo que si alguno fuera a ellos de entre los mu**tos se arrepentirían, Abraham responde:
“Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los mu**tos.” — Lucas 16:29-31
Esto debería hacernos reflexionar.
Hoy abundan campañas proféticas, campañas de milagros, nuevas revelaciones, sueños, visiones y testimonios de personas que aseguran haber ido al cielo o al in****no. Pareciera que necesitamos algo cada vez más extraordinario para convencer a las personas de aquello que Dios ya ha revelado claramente en Su Palabra.
Y la pregunta es inevitable:
¿En qué momento las Escrituras dejaron de ser suficientes?
Si una persona no quiere escuchar la Palabra de Dios, el problema no es que le falte una señal más impresionante. El problema está en su corazón.
Quizá, sin darnos cuenta, hemos comenzado a cambiar nuestra confianza en la suficiencia de las Escrituras por una especie de cultura animista cristianizada, donde algo parece ser más espiritual simplemente porque es misterioso, extraordinario o sobrenatural.
Pero la fe cristiana no descansa en nuestra fascinación por lo extraordinario. Descansa en la revelación que Dios ha dado.
Tenemos a Moisés y a los profetas. Tenemos a los apóstoles. Tenemos el evangelio. Tenemos las Escrituras. Y en ellas Dios nos ha mostrado a Cristo.
No necesitamos hacer más espectacular el mensaje de Dios.
Necesitamos volver a creer que el evangelio sigue siendo poder de Dios para salvación.