29/08/2026
LA EXPERIENCIA DEL DUELO ANTICIPADO a la luz del Evangelio Dominical» del 30 de agosto 2026: Mateo 16,21-27
Cuando alguien cercano nos anuncia que va a sufrir gravemente o morir,
-nuestra primera reacción suele ser no creerlo, negarlo o rechazarlo. Algo semejante sucede ante las malas noticias que cuestionan nuestra seguridad personal o social. También podemos negar realidades como la desigualdad, la pobreza o las injusticias porque reconocerlas nos exigiría cambiar.
+Frente a estas situaciones, el camino no es la negación, sino escuchar, empatizar, aceptar la realidad y orar, para poder acompañar al que sufre y responder responsablemente.
En el Evangelio, Jesús anuncia claramente a sus discípulos que debe ir a Jerusalén, donde sufrirá, será ejecutado y resucitará. Su muerte -no significa fracaso:
+es la consecuencia de su actividad profética, de anunciar el Reino de Dios y enfrentarse a unas estructuras religiosas y políticas que se oponen a su proyecto. Jesús sabe que su fidelidad puede llevarlo al conflicto y a la muerte, pero confía en que Dios tendrá la última palabra mediante la resurrección.
Pedro, sin embargo, no acepta este camino. Aunque acaba de reconocer a Jesús como Mesías, quiere un Mesías triunfante, poderoso y victorioso.
+Su fe es correcta en las palabras,
-pero no en la práctica:
+acepta la identidad de Jesús,
-pero rechaza sus consecuencias.
Por eso Jesús lo llama «Satanás» y le dice: «Ponte detrás de mí». Pedro debe volver a ocupar el lugar de discípulo y dejar de intentar dirigir a Jesús. La gran tentación consiste precisamente en querer un cristianismo sin cruz, sin conflicto y sin consecuencias.
El episodio revela también que la tentación puede venir de las personas que nos quieren.
-Pedro no es un enemigo,
+sino un discípulo muy cercano a Jesús.
Sin embargo, puede convertirse en «piedra de tropiezo» cuando pretende desviarlo de su camino.
También nosotros podemos confesar solemnemente nuestra fe y, al mismo tiempo, intentar seguir a Jesús sin asumir ningún riesgo.
El discípulo no debe ponerse delante de Jesús para indicarle el camino, sino detrás de Él para seguirlo.
Por eso Jesús presenta las condiciones del seguimiento: renunciar a sí mismo, cargar con la propia cruz y seguirlo.
-Esto no significa buscar voluntariamente el sufrimiento ni aceptar pasivamente cualquier desgracia.
+La cruz cristiana es el sufrimiento que puede surgir de la fidelidad al Evangelio, especialmente cuando se trabaja por un mundo más humano, justo y solidario.
-Jesús no busca el sufrimiento:
+durante toda su vida lucha precisamente contra la enfermedad, el hambre, la injusticia, los abusos y todo aquello que destruye la vida.
-El cristiano tampoco está llamado a sufrir por sufrir,
sino a amar con fidelidad, aunque ese amor pueda provocar oposición o persecución.
Finalmente, Jesús propone una paradoja: «El que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que sacrifique su vida por causa mía, la hallará».
Hay dos maneras de vivir:
-aferrarse al propio interés, seguridad y ganancia, o
+entregar la vida buscando también el bien de los demás.
«Sólo queda lo que damos».
-La verdadera vida no se encuentra acumulando, dominando o protegiéndose,
+sino entregándose al proyecto humanizador de Dios.
En un mundo cada vez más inseguro, seguir a Jesús significa aprender a «perder» algo de nosotros mismos para que otros puedan vivir. Y cuando el camino resulta oscuro, como para Jesús, la respuesta
-no es negar la realidad,
+sino orar, esperar y permanecer fieles.
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