24/08/2026
Un evangelio que solo nos hace sentir bien nunca podrá mostrarnos la profundidad de nuestra necesidad de Cristo. El verdadero evangelio no consiente nuestro orgullo, lo confronta; revela nuestras heridas, nos lleva al arrepentimiento y nos hace ver cuánto necesitamos la gracia de Dios. Aunque ese proceso puede doler, es un dolor que sana, porque cuando Cristo destruye nuestro viejo “yo”, también nos da una nueva vida, un corazón transformado y una esperanza que no depende de nuestras fuerzas, sino de su amor eterno.