29/03/2026
COMUNICADO DE MONSEÑOR LEOPOLDO GONZÁLEZ GONZÁLEZ
Arzobispo de Acapulco
Con Jesús, en su Pasión, Muerte y Resurrección, Artesanos de Paz.
🌴 🍃 Con la procesión de ramos de este domingo hemos iniciado la Semana Santa. “Vivir la Semana Santa, nos decía el Papa Francisco, es entrar cada vez más en la lógica de Dios, en la lógica de la Cruz, que no es ante todo aquella del dolor y de la muerte, sino la del amor y del don de sí que trae vida”.
Nuestros días han estado marcados por la crueldad de las violencias: de la guerra entre naciones, y de crueles ejecuciones, asesinatos, desapariciones, extorsiones y cobros en nuestra Patria. Jesús en la cruz destruyó el muro que nos separa y nos enfrenta, el odio, la intención de hacer daño. Acompañarlo en su pasión, muerte y resurrección nos lleva a construir con Él la paz.
+ Jesús entra a Jerusalén montado en un b***o, rodeado de una gran multitud de personas, chicas y grandes, que llevan ramos en sus manos, juntos caminan cantando alabanzas. Se respira la paz: la paz de cada persona consigo misma, la paz con Dios, la paz con los demás. Al ver a aquella multitud y sumarnos a ella, caemos a la cuenta de que “la paz sigue a la unidad y brota de ella. “Esto recuerda, nos decía el Papa Francisco, la importancia de trabajar juntos, de anteponer la cohesión a toda división, de afianzar las raíces y los valores compartidos… los fundamentos de la vida común se basan en el derecho y la legalidad. La honestidad, la justicia, el sentido del deber y la transparencia son pilares esenciales de la sociedad… la legalidad y la transparencia… permiten erradicar la delincuencia y la criminalidad…”.
+ El jueves santo, al vivir la Última Cena, Jesús nos muestra en un gesto cómo acoger a las personas, cómo vivir la fraternidad, cómo superar el descarte y el abandono entre nosotros, cómo ser pan que se parte para dar vida. Después de lavar los pies a los apóstoles, nos dice: “Ejemplo les he dado para que ustedes hagan lo mismo”. En ese gesto Jesús resume toda su vida. Lavar los pies era un servicio que prestaban los siervos y los esclavos. Y Jesús subraya que Él, el Maestro y el Señor, es quien lo ha realizado: el más grande sirviendo al más pequeño. Ese es el camino que el Señor Jesús nos muestra para acoger a las personas, vivir la fraternidad, construir la paz: que aquello en lo que somos superiores a los demás, nos hagamos servidores suyos. Así no nos tendremos miedo, para nadie seremos una amenaza, y el tejido social se fortalecerá. Dejemos que Jesús nos lave los pies de todo aquello que nos empuja a hacer de nuestro cargo, de nuestro saber o autoridad, una fuente de privilegios o de opresión sobre los demás.
+ El viernes santo miraremos al Señor Jesús ofrecer por nosotros su vida en la cruz, por cada persona humana, sin excluir a nadie. Cargó sobre sí nuestras culpas y pagó por ellas. Sus brazos están abiertos, fijos en los maderos de la cruz. Son brazos que no se cierran porque en ellos está el espacio de amor para cada persona, aún para quienes lo crucifican. Mirarnos entre los brazos de Jesús, amados así por Él, nos ayuda a superar la lógica de la guerra que ve al otro como enemigo y busca destruirlo de cualquier manera. Mirarnos entre los brazos de Jesús nos impulsa a compartir lo mejor de nosotros mismos, compasión, cuidados, ternura. Vivámoslo en nuestro hogar y que este modo de vivir no se limite sólo a ese espacio, esté presente en las comunidades, pueblos y naciones. El Papa León XIV ha llamado encarecidamente a las partes implicadas a “detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable. Que la diplomacia recupere su papel y se promueva el bien de los pueblos, que anhelan una convivencia pacífica, basada en la justicia”. “La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas, ni con armas, que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable”.
En la cruz de Jesús, somos con Él artesanos de paz.
+ La solemne vigilia de Pascua, el sábado por la noche, pondrá en nuestras manos la luz de una vela, signo de Cristo que resucita. A su luz caminaremos y con su luz iluminaremos. Si no nos cansamos de hacer el bien, nuestra vida es luminosa y nuestra persona tiene el aroma de Jesús. «Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu».
Buen camino hacia la Pascua.