03/12/2021
"EL PROPÓSITO DE LA LIBERTAD"
Leyendo el pasaje de Lucas 21:1 al 4 descubrimos el propósito de la libertad:
Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas. Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas. Y dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos. Porque todos aquellos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; mas esta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía.
No es un pasaje que te enseña a despojarte de algún bien material, más bien te muestra la magnitud del amor que debemos ejercer con acciones al cumplir con el mandamento de Éxodo 20 y el cual es citado por nuestro Señor Jesucristo en Mateo 22:37 donde dice:
Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
Esta mujer del pasaje de Lucas 21 lo dio todo al depositar sus monedas como ofrenda a Dios, pues dice la escritura que se despoja de algo que realmente necesitaba por amor a Dios y honra a su nombre.
Casi todos nosotros presupuestamos nuestros gastos familiares, entre ellos muchos consideramos en estos gastos la ofrenda para Dios.
La pregunta es: si los gastos rebasaran el capital poseído ¿daríamos de nuestros alimentos, pasajes o servicios para honrar a Dios en su santo templo?
Repito, los vienes no son la prioridad en este pasaje, solo que materializando un sentimiento como lo es el amor, normalmente se puede mostrar a la hora de desprenderse de un bien preciado.
Amar a Dios y ofrendarle todo de nosotros por amor a Él, es devaluar el valor de lo que realmente necesitamos y elevar el valor que Dios representa para nosotros.
Las escrituras dicen:
y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
S. Juan 8:32.
Al descubrir que Dios es más grande y valioso que todo, descubrimos el propósito de la libertad.
Poseer el libre albedrío y haber conocido la verdad que hay a través de Jesucristo su hijo, nos da la pauta para disfrutar plenamente el propósito de la libertad. Esta nos mueve a despojarnos de nosotros mismos y decidir por amor a Dios y al prójimo, actuando con total libertad honrando su nombre sin desaprovechar la oportunidad por valorar más otras cosas que a Dios.
Tal como el rey David ofrecía sus Salmos para adorar al Señor ofrendariamos nuestro corazón con la libertad que promueve la gracia de Dios, pues somos inmerecedores de la salvación y su amor. Aún así acepta nuestras Alabanzas y nuestras vidas en arrepentimiento.