02/09/2026
Hay batallas que intentamos resolver pensando más, preocupándonos o buscando respuestas por nuestra cuenta. Y cuanto más lo intentamos, más confundidos nos sentimos.
Eso fue lo que experimentó Asaf, no entendía por qué a él, que servía a Dios, le iba tan mal, mientras que a quienes hacían el mal les iba bien. Sin embargo, buscó la presencia de Dios y eso lo cambió todo:
“Traté de comprender esto, pero me fue muy difícil. Sólo cuando entré en el santuario de Dios comprendí a dónde van ellos a parar.” Salmo 73:16-17
Al reflexionar en este pasaje, entendemos que lo primero que cambió no fue su situación, sino su perspectiva. Antes de entrar en la presencia de Dios, Asaf estaba confundido; al salir del santuario, vio la realidad con ojos espirituales.
Muchas veces nos ocurre lo mismo: le pedimos a Dios que cambie las circunstancias, pero Él primero quiere transformar nuestro corazón.
Hay cargas que se alivian en Su presencia y milagros que comienzan cuando dejamos de mirar el problema para fijar nuestra mirada en el Señor.
Aquello que parece imposible, cuando entras en el santuario de Dios y te refugias en Su presencia, descubres que nunca fue imposible para Él.