12/04/2020
Marcos 10:45 Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. Él había venido a la tierra para morir en sacrificio por los pecados de los hombres; por amor a su padre y por amor a nosotros, Jesús acepto llevar la condenación que debía caer sobre cada uno de nosotros.
Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios. Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él. Mateo 27:39-42
«Si Jesús hubiera descendido de la cruz, yo hubiera podido pensar que era alguien excepcional, ¡pero no hubiera sido salvo, y mis pecados estarían todavía en mi conciencia!».
Jesús había venido de parte de Dios, y había demostrado su poder por medio de muchos milagros. ¡Sin embargo estaba allí, crucificado entre dos malhechores! No fueron los clavos los que lo retuvieron en la cruz, sino algo más fuerte que todas las cadenas: su obediencia a Dios y su amor hacia nosotros. Él había dicho: “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, Como en el rollo del libro está escrito de mí.” (Hebreos 10:7). El Hijo de Dios se hizo el Siervo de Dios. Tenía el poder para descender de la cruz, pero de su propia voluntad permaneció allí.
El Hijo de Dios dio su vida para ser el Salvador del mundo. Se ofreció en sacrificio por el pecado, por nuestros pecados. Se ofreció por amor a la humanidad, por amor a cada uno de nosotros.