27/08/2026
PRIMERA LECTURA
1 Cor 1, 1–9
Pablo visitó Corinto en tres ocasiones; la primera fue durante su segundo viaje misionero, llegando desde Filipos y Tesalónica (Hch 18, 1–18).
La comunidad que fundó durante su estancia de dieciocho meses en Corinto estaba compuesta inicialmente por cristianos de origen judío, pero más tarde pasó a estar formada predominantemente por cristianos de origen gentil. Tras la partida del Apóstol, pronto surgieron graves problemas y conflictos en el seno de la comunidad.
Pablo se dirige a los corintios llamándolos «iglesia de Dios que está en Corinto»: habla a todos, recordándoles que no son simplemente una pequeña asociación, sino parte del gran pueblo de Dios. Este pueblo está formado por todos aquellos que invocan el nombre del Señor; el Señor es Jesucristo, y Pablo es su apóstol.
Los versículos 4–9 contienen la acción de gracias que, a excepción de la Carta a los Gálatas, aparece en todas las cartas paulinas. Abarca el pasado, el presente y el futuro.
Pablo mira hacia el futuro con confianza; Dios es fiel y llevará a término lo que ha comenzado. Él ha llamado a los creyentes a la comunión con su Hijo, Jesucristo, y continuará guiándolos hasta la revelación del Señor Jesucristo en su Día.
EVANGELIO
Mt 24, 42–51
Al gran discurso de Jesús sobre la venida del Hijo del Hombre (24, 1–36) le sigue una exhortación a la vigilancia. El Hijo del Hombre viene como Juez y Salvador; el momento de su llegada es incierto. En esta situación, hay quienes están despiertos y quienes están dormidos, los sensatos y los necios.
Las parábolas del dueño de casa que vela (vv. 43–44), del servidor principal encargado de supervisar al servicio doméstico (vv. 45–51) y de las diez vírgenes (25, 1–13) ilustran la conducta sensata que se requiere.
Las tres parábolas presuponen una demora en la venida del Señor; existe un gran peligro de que la gente viva como si no esperara su regreso. Sin embargo, de repente, él está allí.
La vigilancia y la fidelidad se exigen, sobre todo, a aquellos que tienen responsabilidades en la comunidad. Nadie conoce el día ni la hora de la Segunda Venida; para todos, la sabiduría reside en prepararse para el momento de su propio encuentro con el Señor.