22/05/2026
Hoy, mirando el baúl de recuerdos a través de las fotos…
Estas imágenes cuentan apenas una pequeña parte de nuestras tantas historias aquí en Madagascar.
Pero ahora, en medio de esos dos adultos, también hay dos niños.
Dos niños creciendo entre culturas diferentes, aprendiendo que todo lo que vivimos tiene un propósito: Jesús.
Desde poder respirar este aire, hasta subirnos a un avión.
Desde ir a la escuela, hasta andar en un tuc tuc.
Son cosas que por la Gracia de Dios hoy podemos vivir.
A veces les preguntamos a nuestros hijos de dónde son.
Porque nosotros somos argentinos, ellos nacieron en España… pero viven en Madagascar.
Y el otro día una de las respuestas fue:
“Yo soy de Madagascar.”
Y, en parte, es verdad.
Madagascar ya es parte de nosotros y siempre lo será.
Aquí aprendimos.
Morimos a muchos de nuestros propios deseos.
Dejamos todo.
Pero también crecimos, amamos, disfrutamos y formamos a nuestros hijos.
En algunas fotos simplemente se nos ve viviendo de forma natural:
Matías en una piragua de madera en medio del océano,
los niños montados en un tuc tuc,
riendo, descubriendo, creciendo…
Y así es Madagascar.
Un país hermoso… pero que también ruge esperando que los hijos de Dios se levanten ante tanta desigualdad.