Siervo de Dios Pierangelo Capuzzimati en España

Siervo de Dios Pierangelo Capuzzimati en España Pierangelo era un joven de Taranto (Italia). Allí nace el 28 de junio de 1990. En 2004, a los 14 a?

Pierangelo y la belleza de San Francisco de Asís*Pierangelo tenía un don especial: sabía descubrir la Belleza*, tanto en...
07/09/2026

Pierangelo y la belleza de San Francisco de Asís

*Pierangelo tenía un don especial: sabía descubrir la Belleza*, tanto en la naturaleza, obra del Creador, como en el arte, fruto del talento humano. Ante ella se quedaba extasiado, buscando comprenderla, contemplarla y *dejarse transformar por ella*.

*Desde niño unió cultura, arte, naturaleza y fe*.

En su viaje a Asís, durante el Jubileo del año 2000, quedó profundamente impresionado por la figura de San Francisco, por sus lugares y, sobre todo, por aquella espiritualidad que *veía a Dios reflejado en toda la Creación*.

Años después regresó a Asís para contemplar la Basílica superior y estudiar con pasión sus obras de arte. También visitó San Damián, donde protagonizó un gesto entrañable: saltó la pequeña valla y *se sentó junto a una estatua de San Francisco* que contemplaba la Creación. Parecía querer compartir con él aquel mismo asombro ante la obra de Dios.

Poco antes de morir pidió volver a Asís. Allí, en medio del silencio y la paz franciscana, contemplando a los novicios, le dijo a su padre:

«¡Quién sabe, papá, cómo se hace para quedarse aquí!»

Quizá aquellas palabras revelaban el deseo más profundo de su corazón: *permanecer cerca de Dios*, siguiendo las huellas de Francisco, el santo que hizo de la sencillez, la fraternidad y el amor a la Creación un camino hacia el Creador.

Al marcharse, sus padres encontraron sobre su mesita de noche Las Florecillas de San Francisco.

Pierangelo había comprendido que la verdadera belleza no se contempla solamente con los ojos: se reconoce con el corazón. Y *toda belleza auténtica termina conduciendo hacia Dios*.

Un hijo que enseñó a su padre a confiar en Dios. Angelo, el padre de Pierangelo, está profundamente preocupado y confund...
01/09/2026

Un hijo que enseñó a su padre a confiar en Dios.

Angelo, el padre de Pierangelo, está profundamente preocupado y confundido por la enfermedad de su hijo. Mientras observa las imágenes del Padre Pío en la televisión, comienza a cuestionarse su propia fe y llega incluso a pensar en la posibilidad de conservar las cenizas de su hijo.

Pierangelo, a pesar de su situación, comprende perfectamente la angustia de su padre y trata de tranquilizarlo. Le recuerda que debe confiar en Dios y le dice:

> «No pongas esa cara, papá, hay un proyecto de Dios para cada uno de nosotros».

Cuando Angelo expresa sus dudas sobre Dios y sobre la religión, Pierangelo le responde con serenidad:

> «Papá, la nuestra es una experiencia de fe que hasta ahora yo he visto, hasta este momento, como un don del Señor».

Y, ante la confusión de su padre, le explica:

> «Papá, no hay nada que entender. Solo hay que creer hasta el fondo y rezar».

Pierangelo también le recuerda que la oración no debe ser algo individual, sino algo que se comparte con los demás:

> «Papá, tú no puedes reservarte un espacio de oración solo para ti. La oración debe compartirse con los demás».

De esta manera, aunque es el hijo quien está enfermo, Pierangelo termina adoptando el papel de maestro y guía espiritual de su padre. Angelo empieza a comprender que hasta entonces había hablado de la fe sin darle realmente el valor que merecía. El diálogo con su hijo lo deja profundamente impresionado y lo lleva a plantearse un verdadero camino de fe.

Finalmente, Angelo habla con Giusy, quien también queda conmovida por las palabras de Pierangelo y anima a su marido a aceptar la invitación de su hijo. Así, el encuentro con Pierangelo se convierte para Angelo en un momento decisivo de reflexión y transformación espiritual.

Cuando una vida se convierte en luz para otra.  Hay momentos en la vida en los que las palabras adquieren un valor difer...
27/08/2026

Cuando una vida se convierte en luz para otra.

Hay momentos en la vida en los que las palabras adquieren un valor diferente. Ya no son simplemente palabras: se convierten en una forma de amar, de acompañar y, a veces, incluso de abrir una puerta hacia Dios.

Durante las últimas semanas de vida de Pierangelo, la cercanía con su padre se hace prácticamente constante. Sabe que se aproxima el final y desea hablar con él de aquello que verdaderamente importa. Quiere hablarle de su dolor, de su sufrimiento y también de las grandes preguntas que acompañan al ser humano cuando se encuentra ante el misterio de la enfermedad y de la muerte.

Su padre, sin embargo, se descubre casi desprevenido. Había vivido ocupado en el trabajo, los estudios y las responsabilidades familiares, como tantas personas que atraviesan la vida sin detenerse demasiado ante cuestiones como la religión, la fe, la teología o el sentido último de la existencia.

Pero entonces ocurre algo decisivo. Las palabras de Pierangelo comienzan a romper aquella especie de «cubierta de indiferentismo» que había protegido a su padre durante años. El texto utiliza una imagen extraordinariamente hermosa: «El mecanismo que mantenía estable aquella cubierta se ha roto». Y, cuando esa cubierta se rompe, «de aquella apertura ha entrado una luz nueva, intensísima, deslumbrante».

A veces necesitamos que algo nos sacuda para volver a mirar hacia lo esencial. Una enfermedad, una despedida, una pérdida o la proximidad de la muerte pueden hacernos comprender que hemos dedicado demasiado tiempo a lo urgente y demasiado poco a lo verdaderamente importante.

Pierangelo quizá no pretendía hacer una gran obra de evangelización. Simplemente hablaba con su padre desde aquello que llevaba dentro. Sin embargo, sus palabras fueron abriendo un camino. En ellas aparecieron el Espíritu Santo, la fe, la esperanza, Jesús como amigo, la Iglesia, el designio de Dios y hasta una nueva manera de contemplar la muerte: «la muerte como don divino».

Y aquí aparece una de las verdades más profundas de esta historia: una persona puede convertirse en luz para otra incluso cuando ella misma está atravesando la oscuridad.

Pierangelo se encuentra ante su propia muerte, pero precisamente desde esa situación consigue despertar en su padre preguntas que habían permanecido dormidas. Su sufrimiento no tiene la última palabra. Sus palabras se convierten en una semilla. Su despedida se transforma en comienzo.

Porque quizá evangelizar no siempre consiste en pronunciar grandes discursos. A veces consiste simplemente en hablar desde el corazón cuando llega el momento oportuno. En atreverse a conversar sobre aquello que realmente importa. En ayudar a otra persona a levantar la mirada cuando toda su atención estaba puesta en lo inmediato.

Hay una frase que resume todo este proceso: «Las palabras, las ideas y la convicción con las que Pierangelo se expresa la han hecho saltar, y de aquella apertura ha entrado una luz nueva, intensísima, deslumbrante.»

La fe puede comenzar así: como una pequeña abertura por la que entra la luz.

Y cuando entra la luz, ya no podemos seguir viendo la realidad de la misma manera.

Quizá todos llevamos dentro alguna «cubierta» que necesita romperse: indiferencia, miedo, autosuficiencia, rutina, superficialidad o incluso la falsa seguridad de pensar que tendremos siempre tiempo para preguntarnos por Dios.

Por eso, estos últimos diálogos entre un padre y un hijo nos recuerdan que nunca es demasiado tarde para abrir el corazón a las grandes preguntas de la existencia.

Y también nos recuerdan algo todavía más hermoso: que una vida entregada desde el amor puede continuar hablando incluso después del silencio.

Pierangelo se acerca a la muerte, pero sus palabras comienzan a despertar una nueva vida espiritual en su padre.

Él se va hacia la oscuridad del final, pero deja abierta una puerta por la que entra la luz.

Los últimos «proyectos»Pierangelo se acerca a lo que, por su edad, se define como «mayoría de edad». Los signos de la en...
17/08/2026

Los últimos «proyectos»

Pierangelo se acerca a lo que, por su edad, se define como «mayoría de edad». Los signos de la enfermedad son evidentes, pero durante buena parte del día sigue estando plenamente activo.

Estudia y continúa haciendo proyectos como cualquier otro muchacho de su edad.

Su fe le permite mirar hacia adelante, superar aquella horrible barrera opaca y negra que, de vez en cuando, en los momentos más agudos de la enfermedad, se interpone entre él y aquel horizonte que siempre ve luminoso delante de sí.

Por otra parte, hasta el último día de su vida, da testimonio de la actitud de un verdadero cristiano ante la muerte. Está con su amigo Jesús.

Cuando le preguntan qué se pondría a hacer si supiera que aquel día tendría que morir, responde: «Continuaría haciendo aquello que estoy haciendo».

Pierangelo es precisamente uno de estos: continúa llevando adelante sus proyectos independientemente de lo que pudiera suceder de un momento a otro. Vive su vida como puede, en el presente, sin mirar al pasado y sin condicionarla por un futuro. Hacerlo, además, iría en detrimento de todo lo bello y bueno que puede vivir en el presente.

Su padre, en su «promemoria post mortem», escribirá esta lista de los proyectos que Pierangelo estaba llevando adelante cuando dejó este mundo:

recoger monedas antiguas;

enriquecer su propia biblioteca;

volver a estudiar latín y regresar a la escuela al menos durante el tiempo suficiente para presentarse a los exámenes;

preparar el próximo viaje/vacaciones desde su querida tía en Desenzano del Garda para el siguiente 23 de abril, con regreso alrededor del 4 de mayo. (La zona del Garda es la que él considera «más adecuada para su sed de conocimiento» —palabras del padre—);

prepararse para el cumpleaños de su amiga Valentina.

Entre tantas cosas, hay una que le entusiasma especialmente hasta el punto de emocionarlo con solo pensarlo: ser padrino en la Confirmación de su hermana, para la cual ya ha preparado el regalo.

Está tan preocupado por no encontrarse bien para aquella fecha que recuerda a sus padres lo importante que es que Sara reciba aquel sacramento. Al mismo tiempo, les suplica que, por ninguna razón, cancelen los compromisos ya adquiridos para la fiesta de su querida hermanita.

Los padres, recordando las palabras de Pierangelo, harán que Sara sea confirmada poco más de dos semanas después de su partida, reconociendo al Sacramento una enorme importancia y mentalizandola bien de lo que iba a recibir: al Espíritu Santo.

Bajo el manto de María: un camino hacia el CieloNo deja de ser profundamente significativo que Pierangelo recibiera los ...
15/08/2026

Bajo el manto de María: un camino hacia el Cielo

No deja de ser profundamente significativo que Pierangelo recibiera los Sacramentos de la iniciación cristiana en una iglesia dedicada a María Santísima Asunta al Cielo. Hoy, al celebrar a nuestra Madre Celestial, podemos contemplar también el vínculo que unió su vida de fe con la Virgen: María, que acompaña a sus hijos en el camino de la tierra y los conduce hacia la plenitud del Cielo. Quizá no sea una simple coincidencia, sino una hermosa llamada a recordar que nuestra vida tiene un destino eterno y que, bajo el manto de María, nunca caminamos solos.

Los signos del finalEs la tarde del domingo del penúltimo día de marzo, cuando toda la familia regresa de la última excu...
11/08/2026

Los signos del final

Es la tarde del domingo del penúltimo día de marzo, cuando toda la familia regresa de la última excursión. A la noche siguiente, Pierangelo no se siente demasiado bien. Al tomarse la temperatura comprueba que ha aumentado ligeramente. Él mismo llama a la doctora Amurri para informarla y, ante las preguntas de esta, responde que solamente se siente un poco cansado.

La doctora le cita para la mañana siguiente en la consulta del hospital. Allí, acompañado por su padre, es examinado, pero los médicos no comunican nada especialmente relevante.

Desde ese día, permanecerá siempre en casa, pasando un poco de tiempo levantado y otro poco en la cama. Siempre con la preocupación de evitar excesivas inquietudes a sus padres, en cuanto se siente un poco mejor intenta evitar que le vean acostado.

A medida que pasan los días, el tiempo que permanece en la cama tiende, por desgracia, a aumentar.

El 20 de abril, día del santo de Sara, es la última vez que se le ve sentado a la mesa junto a toda la familia. No consigue comer, pero, aun así, quiere permanecer allí. Él, que nunca ha querido que los demás le vieran sufrir, quiere evitar una vez más que sus familiares, especialmente su hermana, queden afectados por su «no encontrarse bien», especialmente en aquel día de celebración.

Por eso permanece con ellos y «aparenta» unas energías que, en realidad, ya no tiene.

LO STUPORE DINANZI ALLA BELLEZZATestimonio personal sobre Pierangelo CapuzzimatiDespués de leer el libro sobre Pierangel...
04/08/2026

LO STUPORE DINANZI ALLA BELLEZZA

Testimonio personal sobre Pierangelo Capuzzimati

Después de leer el libro sobre Pierangelo Capuzzimati, me quedé pensando en cómo una persona puede encontrar esperanza incluso cuando está pasando por momentos muy difíciles. Su historia me hizo entender que la vida no siempre sale como uno espera, pero eso no significa que pierda su valor o su sentido.

Lo que más me impresionó fue la importancia que Pierangelo daba a la generosidad y al don. Su donador de médula ósea hizo un gesto que quizá para él era simplemente una forma de ayudar, pero para Pierangelo significó una nueva oportunidad para seguir viviendo. Esto me hizo pensar que muchas veces no sabemos cuánto puede cambiar la vida de alguien un acto que para nosotros parece pequeño.

También entendí que ayudar a los demás no debería hacerse para recibir reconocimiento. Creo que lo más bonito es poder hacer algo por otra persona de corazón, sin esperar nada a cambio. A veces no podemos solucionar los problemas de alguien, pero sí podemos acompañarlo, escucharlo o darle un poco de esperanza.

A mis 17 años todavía estoy descubriendo quién soy y qué quiero hacer con mi vida. También tengo días en los que me equivoco, me siento inseguro o no sé qué camino tomar. Por eso, la historia de Pierangelo me hizo pensar que no tengo que tener todo resuelto para seguir adelante. Mi fe me ayuda a confiar en Dios incluso cuando no entiendo lo que está pasando y a recordar que mi valor no depende de ser perfecto.

Al terminar el libro, me quedo con una enseñanza sencilla: la vida adquiere más sentido cuando no pensamos solamente en lo que podemos recibir, sino también en lo que podemos dar. Quiero aprender de Pierangelo a valorar más lo que tengo, confiar en Dios y estar dispuesto a ayudar a los demás cuando lo necesiten.

Porque quizá un pequeño gesto nuestro pueda convertirse, para otra persona, en una razón para volver a tener esperanza.

«Mi amigo Jesús». El amor de Pierangelo por la Eucaristía. (Testimonio anónimo)Conocí muy de cerca a Pierangelo y, si ha...
30/07/2026

«Mi amigo Jesús».

El amor de Pierangelo por la Eucaristía.

(Testimonio anónimo)

Conocí muy de cerca a Pierangelo y, si hay algo que marcó profundamente su vida, fue su amor apasionado por Jesús en la Eucaristía.

Con su manera de comportarse delante del Sagrario nos hacía descubrir, sin necesidad de grandes discursos, lo que significan realmente aquellas palabras: Jesús Eucaristía, Jesús Pan de Vida.

Pierangelo llamaba a Jesús con una sencillez que impresionaba: «Mi amigo Jesús». No era una expresión bonita ni una frase aprendida; era la realidad de su vida. Para él, Jesús no era una idea, un recuerdo o un símbolo. Era una Persona viva, presente en la Eucaristía, con quien hablaba, a quien escuchaba y de quien se sabía profundamente amado.

Pierangelo entendía perfectamente que muchas personas se acercan a la Eucaristía o participan en la Santa Misa por costumbre, por cumplir o sin ser realmente conscientes de que quien está allí es Jesucristo vivo y resucitado. Es como si Él estuviera esperando nuestro amor y, sin embargo, nosotros actuáramos como si fuera simplemente un objeto sagrado o un símbolo. Pierangelo, en cambio, nunca miraba una Custodia, un Sagrario o la Hostia consagrada en las manos del sacerdote; siempre contemplaba a su amigo Jesús.

Sabía que no basta con asistir a Misa o recibir la Comunión físicamente. Muchas veces comulgamos, pero no llegamos a unirnos verdaderamente a Jesús con el corazón. Estamos presentes con el cuerpo, mientras la mente está pensando en el trabajo, en la comida, en los problemas o en lo que haremos al terminar la celebración. Para Pierangelo, recibir la Comunión significaba acoger a una Persona viva que lo esperaba con un amor infinito.

Nos enseñaba, sin pronunciar apenas palabras, que Jesús permanece en el Sagrario esperando una mirada, unos minutos de compañía, un corazón que se abra a Él. Mientras muchos pasan delante del Sagrario sin detenerse, él encontraba allí su hogar. Incluso decía con su ejemplo que hay personas que permanecen más tiempo contemplando una imagen de Cristo que al mismo Cristo vivo presente en el Sagrario. Bastaba verlo rezar para comprender que estaba hablando con Alguien que permanecía escondido bajo las apariencias del pan, pero que era absolutamente real.

Pierangelo nos recordaba con su vida que ninguna devoción, por hermosa que sea, puede sustituir el encuentro personal con Jesús. Amaba profundamente a la Virgen y a los santos, pero sabía que todos ellos conducen a Cristo y que el centro de la vida cristiana es Él, presente en la Eucaristía.

Estaba convencido de que Jesús deseaba derramar su gracia sobre cada persona, pero que muchas veces somos nosotros quienes, con nuestras prisas, distracciones o indiferencia, cerramos el corazón e impedimos que esa gracia diera fruto.

Nunca olvidaré cómo recibió la Sagrada Comunión en la cama del hospital. A pesar de la enfermedad y del sufrimiento, cuando el sacerdote entraba con la Eucaristía, el ambiente parecía transformarse. Cada vez que aparecía con Jesús en la habitación era un verdadero encuentro con Cristo, una auténtica celebración. Su rostro se iluminaba. Miraba la Sagrada Hostia con una ternura inmensa, como quien por fin vuelve a encontrarse con el mejor de los amigos. En aquellos instantes parecía desaparecer el dolor y solo quedaba la alegría inmensa de recibir a su amigo Jesús. Aquella escena explicaba mucho mejor que cualquier predicación lo que significa creer de verdad que Cristo está vivo en la Eucaristía.

Quien lo veía rezar delante del Sagrario comprendía que la Eucaristía no es algo, sino Alguien: Jesucristo vivo, que espera pacientemente nuestro amor y desea encontrarse personalmente con cada uno de nosotros.

Jesús no es una cosa, sino una Persona viva que quiere unir su Corazón al nuestro y transformar nuestra vida desde ese encuentro de amistad.

EL MATRIMONIO, UN PROYECTO DE DIOSVuelven a mi memoria las palabras de una homilía de Su Excelencia Mons. Benigno Luigi ...
23/07/2026

EL MATRIMONIO, UN PROYECTO DE DIOS

Vuelven a mi memoria las palabras de una homilía de Su Excelencia Mons. Benigno Luigi Papa sobre el sacramento del Matrimonio:

«Este cuerpo mío, Señor, te lo entrego a Ti como un don. Tú, a través de mi cuerpo, sigue creando y que el amor que me has regalado continúe transmitiéndose; sigue circulando para volver a Ti.»

Giusy y Angelo, los padres de Pierangelo, se conocieron gracias a que ambos fueron testigos en una boda. El Señor les brindó aquella oportunidad de encontrarse y descubrieron que el encanto había surgido. Entonces decidieron dar forma al proyecto que Dios tenía para ellos.

Angelo estudiaba Arquitectura en la Universidad de Roma. Procedía de Carosino, un antiguo pueblo de profundas raíces, donde sus padres le habían transmitido el respeto, la honradez y los valores familiares, vividos con sencillez, seriedad y compromiso.

En cambio, Giusy era de Faggiano, un pequeño pueblo cercano a Roma. Añoraba sus calles estrechas, el corazón del casco antiguo, el pequeño pinar que todavía bordeaba las afueras, la suave pendiente de la carretera que atravesaba la periferia hacia el pueblo vecino, Roccaforzata. Aquel pinar representaba una riqueza que no solo pertenecía a Faggiano, sino también a los pueblos limítrofes. El aroma de los pinos, el aire puro, las setas recogidas en otoño, los espárragos silvestres, ideales para preparar risottos y sabrosas frituras, y las pasquette, para las que bastaba un breve paseo campestre nada más salir de casa.

Giusy, una vez terminados sus estudios, permaneció en su pueblo natal, Carosino, muy próximo a Faggiano. El corte y la confección eran su gran pasión y los practicaba más por satisfacción personal que por necesidad. Los padres de ambos jóvenes compartían los mismos principios: el respeto por los valores humanos y familiares.

Angelo y Giusy amaban la tranquilidad y el bienestar de sus pueblos. Aunque Angelo había descubierto el atractivo de la gran ciudad de Roma, no quedó deslumbrado por ella; su deseo era regresar a Faggiano y poner sus conocimientos al servicio del lugar que le había visto nacer y crecer. Ahora tenía un motivo más para volver: la nostalgia de su querida Giusy, de sus grandes y bondadosos ojos y de su sonrisa tímida, pero llena de dulzura.

El matrimonio se celebró en la parroquia «Madonna delle Grazie», de Carosino, el 26 de agosto de 1989. Él tenía 28 años y ella 23.

A Pierangelo le encantaba dialogar. Hablaban durante horas de la vida y de temas profundos.Para Pierangelo, la belleza d...
16/07/2026

A Pierangelo le encantaba dialogar. Hablaban durante horas de la vida y de temas profundos.

Para Pierangelo, la belleza de la naturaleza era un momento de paz y de encuentro con Dios.

Una persona con tanta inteligencia, bondad y profundidad no podía haber sido creada para desaparecer en la nada. Por eso imaginaban que Dios tendría un gran proyecto para él: ser un gran médico, un investigador o incluso un sacerdote.

Pierangelo corregía a los demás con mucha delicadeza, sin humillar ni dar sermones.

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