15/07/2026
Tres años después... volví a decir "sí".
Desde entonces han cambiado muchas cosas:
Terminé una etapa de formación en Filosofía en Roma, conocí personas que hoy son familia y aprendí que la vocación se fortalece en lo cotidiano, en las alegrías y también en las pruebas.
Y esta vez, al renovar mis votos perpetuos como Legionario de Cristo, mi corazón estaba lleno de gratitud, nostalgia, gozo y paz.
Entre esos sentimientos, también estaba la nostalgia, porque hace tres años mi mamá estuvo presente y esta vez lo estuvo de una manera distinta. Porque el amor no termina con la muerte y ella sigue acompañando mi camino de otra manera.
Y Dios, que nunca deja de sorprenderme, quiso regalarme otro signo de su providencia: que mi papá pudiera estar conmigo el día de la renovación. Un regalo inmenso, especialmente porque ocurrió apenas unos días antes de que se cumpliera un año de que mi mamá partió a la Casa del Padre.
Renové mis votos. Volví a decir "sí" a esa asombrosa historia de amor que Dios sigue escribiendo conmigo.
Hoy cierro mi etapa de Filosofía y comienzo una nueva con las prácticas apostólicas. No sé exactamente qué vendrá, pero sí sé con Quién voy. Con Aquel que me ha traído hasta aquí, que nunca deja de ser fiel y sigue guiando mis pasos.
Gracias, Señor, por tu fidelidad.
Gracias a mi familia, a mis hermanos legionarios, a mis formadores, amigos y a todos los que han sostenido este camino con su cariño y sus oraciones.
Sigo caminando. Sigo aprendiendo.
Y, una vez más, con todo el corazón te digo, Señor:
Aquí estoy.
Y hago mías estas palabras:
"El que comenzó en ustedes la buena obra la llevará a término." (Flp 1, 6)