02/01/2026
REFLEXIÓN DEL DÍA: ESCUCHO TU VOZ EN EL DESIERTO DE MI ALMA.
Juan 1, 19-28 "Yo soy la voz que grita en el desierto: 'Enderecen el camino del Señor’”.
Esta frase siempre me ha llamado la atención: “soy la voz que grita en el desierto”, y a ti, ¿No te causa curiosidad? La voz que grita en el desierto y entonces ¿por qué grita si está en el desierto?
Tal vez hay que comprender que nosotros debemos vivir en un desierto de silencio, como aquel en que Jesús oró durante 40 días para escuchar la voz de Dios. El desierto del silencio que nos permite hacer oración y estar atentos a lo que nos quiere decir Dios a cada uno de nosotros. Ya nos lo dice Juan, el bautista: “enderecen el camino del Señor”, el camino que a veces desviamos porque se nos complica mucho seguir el del Señor. Creemos que orar toma mucho tiempo, que ir al templo una hora a la semana los domingos a misa ya es mucha dedicación de nuestra parte y si rezamos el Rosario o visitamos al Santísimo, lo vemos como una perdida de tiempo o como una obligación. Sin embargo, todas estas actividades que ofrecemos en el nombre de Dios, son nuestro camino a la Santidad, junto con nuestras acciones de caridad. ¿Cuánto tiempo de tu día lo dedicas a Dios? ¿De tu semana? ¿Al mes? sería buena idea sacar una calculadora para medir el tiempo dedicado al Señor y compararlo con el tiempo que trabajamos, o que vamos a la escuela, o que dedicamos a nuestras actividades de entretenimiento. Tal vez, de esta manera nos sorprenderíamos de lo poco que nos entusiasma la presencia de Dios en nuestra vida.
Por eso Juan, que vino a anunciarnos la llegada de aquel que nos bautizará con fuego, nos pide que enderecemos nuestro camino; la manera en que hacemos las cosas, cuando traicionamos, cuando engañamos, cuando nos aprovechamos de otros, cuando no queremos perdonar. Él quiere que estemos preparados para Jesucristo. Quiere que nuestro desierto se vea lleno de buenas acciones, de paciencia para escuchar la voz de Dios, de amor para poder perdonar, de abundancia para que nuestras bendiciones jamás acaben. Juan nos avisa que el Mesías está cerca, que viene detrás de él, que estemos atentos a su voz para poder reconocerlo y recibirlos con el amor con que él ha venido a dar su vida por nuestra salvación.
Propósito de hoy: Quiero ser la voz que grita en el desierto de mi alma, para poder escuchar la voz de Dios y seguir sus caminos. Quiero estar preparado para ser bautizado con fuego y proclamar que es Jesús quién ha venido a darme la luz del Espíritu Santo para nunca perder el camino.