01/06/2026
¿Cómo llegaron los judíos a Rusia?
La historia judía en Rusia no comienza en la Unión Soviética. Durante siglos, la mayor parte de los judíos del Imperio ruso no vivía en Moscú o San Petersburgo, sino en la llamada Zona de Asentamiento (Pale of Settlement), creada por el Imperio ruso a fines del siglo XVIII tras las particiones de Polonia. Allí quedaron concentradas enormes comunidades judías en territorios que hoy incluyen partes de Ucrania, Bielorrusia, Lituania, Polonia y Moldavia. En el censo imperial de 1897, vivían en esa zona unos 4,899,300 judíos, aproximadamente el 94% de la población judía del Imperio ruso.
Fue allí donde floreció una vida judía intensa: sinagogas, yeshivot, jasidismo, cultura ídish, comercio, estudio de Torá y también pobreza, restricciones legales y antisemitismo. Esa fue la base humana y espiritual de lo que más tarde sería conocido como el judaísmo ruso-soviético.
Bajo la URSS — identidad, silencio y resistencia
Con la Revolución de 1917 y la creación de la Unión Soviética, la vida judía cambió radicalmente. El régimen comunista combatió la religión en general, y también limitó severamente la vida judía religiosa: escuelas judías tradicionales, instituciones comunitarias, educación hebrea y práctica religiosa fueron presionadas o cerradas. Muchos judíos soviéticos siguieron siendo identificados oficialmente como “judíos” por nacionalidad, pero se les dificultó vivir abiertamente como judíos en términos religiosos y comunitarios.
Aun así, el judaísmo no desapareció. Sobrevivió en hogares, memorias familiares, nombres, canciones, comidas, pequeñas prácticas y una identidad que muchas veces se conservó en secreto. Después de la Segunda Guerra Mundial, y especialmente durante la Guerra Fría, surgió también el movimiento de los refuseniks, judíos a quienes se les negaba el permiso para emigrar a Israel. Para ellos, Israel no era solo un destino: era libertad, identidad y retorno.
El desenlace — Aliá, renacimiento y conexión con Israel
La gran transformación llegó al final de la Unión Soviética. Desde 1989–1990, con la apertura de las fronteras y la caída del régimen soviético, comenzó una de las mayores olas de aliá de la historia moderna. Israel absorbió alrededor de un millón de inmigrantes de la ex Unión Soviética desde 1990, una aliá que cambió profundamente la sociedad israelí en ciencia, medicina, cultura, tecnología, música, ejército y vida pública. Fuentes oficiales israelíes describen esa ola como una llegada de un millón de inmigrantes tras la caída del régimen soviético.
Los números muestran la magnitud: solo en 1990 llegaron a Israel 185,227 inmigrantes de la ex Unión Soviética; en 1991, 147,839; y durante los años siguientes continuaron llegando decenas de miles cada año.
Hoy, la comunidad judía rusa sigue existiendo, aunque mucho más pequeña. El World Jewish Congress cita una estimación de 172,500 judíos en Rusia, con aproximadamente la mitad viviendo en Moscú y alrededor del 20% en San Petersburgo.
La conexión con Israel sigue siendo fuerte. Tras la guerra entre Rusia y Ucrania, la aliá desde Rusia volvió a crecer: en los primeros diez meses de 2024, llegaron a Israel 16,695 olim de Rusia, el 61% del total global de nuevos inmigrantes en ese período.
La historia termina —o quizás continúa— con una verdad profunda: intentaron borrar la identidad judía bajo un sistema que quiso controlar la fe, la memoria y la pertenencia. Pero el judaísmo sobrevivió. Lo que se guardó en secreto volvió a florecer. Hoy, millones de israelíes tienen raíces en la ex Unión Soviética, y la historia de los judíos de Rusia es también una historia de esclavitud y libertad, silencio y renacimiento, exilio y retorno.
Am Israel Jai.