09/03/2019
Volviendo a Casa .
“Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti” (v. 18) | Lectura: Lucas 15.11-24.
La historia del hijo pródigo es muy conocida, Es posible que nos guste, porque podemos identificarnos con la historia. pues todos nos hemos apartado de la voluntad de nuestro Padre en algún momento de nuestra vida.
La Biblia nos dice que el hijo pródigo se fue a un “país lejano”.
Esto es Cuando rechazamos la voluntad de Dios, también vamos a parar en un “país lejano”, aunque nunca salgamos del lugar en que vivimos.
Satanás nos atrae con promesas de: nuevas experiencias y entretenimientos, diciendo y prometiendo cosas vanas.
Cuando nos invita a satisfacer la curiosidad y los deseos de la carne, diciendo; "está es la verdadera manera de vivir la felicidad".
Pero la realidad del “país lejano” no cumple esas promesas vacías.
El pecado distorsiona nuestra manera de pensar y actuar hace que perdamos tiempo, dinero, relaciones y familia.
Las habilidades, los deseos y las oportunidades que nos ha dado Dios se desperdician en actividades sin sentido, ya que solo proporcionan una satisfacción temporal y vacía.
Fuera de la voluntad de Dios, es fácil tomar malas decisiones y terminar en problemas. aislados o rechazado llenos de amargura y frustraciones.
El destino final de este viaje, es el “corral de cerdos”, el lugar donde nos damos cuenta de que el pecado no valió la pena.
Después de viajar tan lejos y llegar a este punto tan bajo, podemos llegar a preguntarnos si el Señor podría amarnos de nuevo.
La respuesta es sí. Nuestro pecado nunca supera el alcance de la gracia y el amor de Dios. Si nosotros, al igual que el hijo pródigo, nos arrepentimos y volvemos a nuestro Padre, recibiremos su perdón y seremos recibidos con regocijo.
Y en verdad nuestra vida tiene propósito y felicidad.
Hebreos 4:16 Acerquemonos , pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro.