29/11/2025
LA ORACIÓN DE DAVID AL ESTAR SU NACIÓN EN CRISIS
En Salmo 139:23-24, el rey David oró de esta manera: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.”
David, rey de Israel, se encontró una vez en medio de una crisis nacional muy confusa. Su reino estaba desgarrado por conflictos internos. El esclavo odiaba al amo, el amo odiaba al esclavo. El pueblo le echaba la culpa al gobierno, y el gobierno al pueblo. La nación de Israel se hallaba al borde de una peligrosa guerra civil que amenazaba su propia existencia.
El rey David miró a su alrededor y vio que todos se consideraban perfectos. Cada uno le echaba la culpa al otro. David vio también que la marejada del orgullo pecaminoso subía más y más arriba. Sabía que si continuaba subiendo la nación sufriría un colapso total. Sabía que la depresión económica, la decadencia moral y la ruina total siguen infaliblemente al deterioro espiritual.
Entonces el rey David hizo lo que todas las personas inteligentes deben hacer cuando llegan al final de sus recursos: se volvió a Dios. Dejó de pedirle a Dios la destrucción de sus enemigos, y con sincera humildad y de todo corazón oró a Dios: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”.
Ojalá nos diéramos cuenta de una vez por todas que una nación no puede elevarse más, ser más fuerte o ser mejor que los individuos que la componen. Lo que anda mal en nuestra nación, somos los que la poblamos. Las cosas andan mal porque los hondureños andamos mal. Si la nación se halla confusa es porque la gente lo está. Si es un país sin Dios, lo es porque sus habitantes están sin Él. David se dio cuenta de esta verdad y sabiamente llegó a la conclusión de que para componer las cosas debía empezar por sí mismo. Y por lo tanto oró a Dios para que:
1. LO CONOCIERA
“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos”.
Aquí tenemos, de parte de un gran dirigente, una confesión muy atinada: que un pueblo no se puede elevar en lo económico, en lo moral, ni en lo político, más arriba del nivel de sus propios recursos espirituales. Era un reconocimiento humilde de que las enfermedades de una nación pueden atribuirse a sus males espirituales.
Oremos todos para que, “así como David volvió su rostro a Dios, así también nosotros los hondureños, con toda sinceridad, nos volvamos a Él. Que Dios conozca los pensamientos, las motivaciones y las intenciones de nosotros los hondureños, y que comience el avivamiento de nuestra nación, a fin de que vivamos quieta, sosegadamente y en paz.
“Además, rogamos que los hondureños no solamente podamos conocer a Dios, sino que Dios nos ayude a conocernos a nosotros mismos, y entonces, con corazones sinceros decidamos correctamente a la hora de votar. Amén.
“Por tanto, en estos días oscuros de nuestra historia, volvemos nuestra mirada a Dios de quien viene nuestro socorro. Y, además, elevamos nuestros corazones por encima de nuestro materialismo, nuestro egoísmo, frustraciones y aflicciones. En el Nombre del Señor Jesús. Amén.”
2. LO LIMPIARA
“Y ve si hay en mi camino de perversidad”.
La confesión de pecado es el S.O.S. del alma. Una oración de arrepentimiento es la única oración de un pecador que Dios siempre ha de escuchar y responder. Aunque la misericordia de Dios es eterna, no ha prometido contestar las oraciones de aquellos que insisten en alojar el pecado en sus corazones.
El pecado no es solamente el saboteador de las almas. Es también el destructor de las naciones. Porque lo que mina y desintegra el espíritu humano, destruye además la sociedad. David tenia clara conciencia de que: “La justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones”. (Proverbios 14:34).
OREMOS JUNTOS:
“Dios santo, nosotros tenemos muy claro que Tú no vas a permitir que el pecado no sea castigado: ni en este mundo ni en el venidero. Por tanto, nosotros nos arrepentimos de nuestros pecados personales y también de nuestra pecaminosidad como nación. Confesamos que nosotros los hondureños experimentamos un profundo dolor y tristeza por nuestros pecados, nos apartamos de los mismos, y recibimos perdón y limpieza.
Por tanto, viviremos en amistad y comunión contigo, y también los unos para con los otros, por nuestro propio bienestar y también por el de la nación.
Nos arrepentimos como manda Tu Palabra para que vengan de Tu presencia tiempos de refrigerio para nuestras vidas personales, familiares, congregacionales y para toda nuestra nación. ¡Amen, aleluya!
3. LO DIRIGIERA
“Y guíame en el camino eterno”.
La oración de David seguía un orden adecuado. Primeramente, rogó a Dios que le conociera; después, que Dios lo limpiara y por último que Dios lo dirigiera. Sus pasos hacia Dios eran sinceros, lógicos y bien pensados. Su confianza en Dios fue un acto deliberado, que resultó en el más grande de su vida y así su transformación, como resultado de esta oración, fue completa. ¡Aleluya!
Su nación, pudo entrar en una perfecta armonía con Dios, y como resultado de ello, la paz, el bienestar, el entendimiento y las bendiciones de lo Alto inundaron todos los rincones de Israel.
OREMOS PUESTOS DE ACUERDO:
“Dios amado, que así como en la antigüedad proveíste guía divina para el rey David y su nación, la proveas hoy también para todos nosotros los hondureños.
“Que hoy, más que nunca examinemos la senda de nuestros pies, para que nuestros caminos sean rectos, que no nos desviemos ni a derecha, ni a izquierda y que como familia hondureña apartemos nuestros pies del mal.
“Dios eterno, que el día de mañana Tu guíes nuestros pasos, nuestras mentes y nuestros corazones, y que ejerzamos el sufragio motivados e inspirados por ti para gloria y honra de Tu Nombre. ¡Amén! ¡Aleluya!
“Finalmente Señor y Dios, que acudamos a las urnas determinados, resueltos y confiados de lo que Tú dices en el Salmo 27:1: “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?”
PROCLAMA VICTORIOSA
“EN TU NOMBRE SEÑOR, IREMOS MAÑANA A LAS URNAS SIN TEMOR A NADA NI A NADIE. Y POR SUPUESTO, LLENOS DE FE Y ESPERANZA. ¡AMÉN! ¡AMÉN!”