13/08/2025
𝐄𝐋 𝐃𝐈𝐎𝐒 𝐃𝐄 𝐌𝐈 𝐏𝐀𝐃𝐑𝐄, 𝐀𝐇𝐎𝐑𝐀 𝐌𝐈 𝐃𝐈𝐎𝐒
❞𝐲 𝐝𝐢𝐣𝐨 𝐚 𝐉𝐨𝐬𝐞́: 𝐄𝐥 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐎𝐦𝐧𝐢𝐩𝐨𝐭𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐦𝐞 𝐚𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝐢𝐨́ 𝐞𝐧 𝐥𝐮𝐳 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐭𝐢𝐞𝐫𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐂𝐚𝐧𝐚𝐚́𝐧, 𝐲 𝐦𝐞 𝐛𝐞𝐧𝐝𝐢𝐣𝐨❞. (𝐆𝐞́𝐧𝐞𝐬𝐢𝐬 𝟒𝟖:𝟑)
Pasajes complementarios: Génesis 47:29-30; Génesis 48:1-2; Génesis 28:2-3
Como a todos los hombres, le llegaron los días a Israel (Jacob) para morir, y llamó a José su hijo, y le habló de su anhelo de ser sepultado en la tierra de sus raíces, como seguramente es el anhelo de muchos aquí en esta tierra. A lo cual José le responde que así lo hará y así lo hace, hasta lo último él hizo de conformidad a lo que su padre le pidió.
También, cuando su padre estaba a punto de perecer, José llevó a sus dos hijos delante de su padre, y cuando él supo que su hijo venía se esforzó y se sentó sobre la cama y dijo a José: “El Dios Omnipotente me apareció en Luz en la tierra de Canaán, y me bendijo”. Jacob siempre se refiere a Dios como el Dios Omnipotente, así le conoció y así lo identifica, pues él recibió también la bendición de su padre Isaac cuando salió para Padan-aram, la tierra de su madre, y ¿cómo lo bendijo?: “el Dios Omnipotente te bendiga”. Luego él llega a un lugar que más adelante conoceríamos como Betel, por eso dice aquí la Palabra de Dios, el “Dios Omnipotente me apareció en luz en la tierra de Canaán”. Betel es luz y me apareció claramente, se llama luz porque la luz aclara, tan clara como Dios, se me aparece y me dice: “en la tierra de Canaán y Dios me bendijo”. El Dios omnipotente es aquel que se me aparece en luz, es aquel que es luz en mi vida, que me va guiando y es aquel que me bendice.
Podemos tener el Dios de nuestro padre, recibir la bendición de Dios por medio de nuestro padre, pero hay un momento en el que Dios debe ser nuestro Dios. Debemos experimentar a Dios literalmente, por nuestra cuenta, por ello la importancia de mi comunión personal con Dios, por ello la importancia de la bendición de Dios también sobre mi vida. Dios bendice a mi padre y ha bendecido su descendencia, pero hay un momento dado en el que yo necesito también estar a solas con Dios, igualmente, nuestros hijos; que ellos experimenten al Dios omnipotente, que experimenten aquel Dios que los bendice.
𝐎𝐑𝐄𝐌𝐎𝐒
“Señor, tú eres el Dios omnipotente con el cual yo he tenido ese encuentro personal y si usted no lo ha vislumbrado, no lo ha visto, no ha experimentado aquel Betel en su vida, dígale en este momento: Dios, yo quiero el Dios omnipotente sobre mi vida, el Dios que me bendice, aquella bendición que solamente viene de ti, te entrego mi vida a ti mi Señor y salvador. Tú, el Dios omnipotente que se le apareció a Jacob y le bendijo, también hazlo conmigo hoy, esto es lo que yo necesito ahora, que el Dios omnipotente cubra mi vida, eso es lo que hoy quiero experimentar en mí. Gracias porque tú obraste, y de qué manera, Dios omnipotente, sobre la vida de Abraham, de Isaac, de Jacob, de José, pero tú eres el mismo Dios omnipotente de ayer, lo eres hoy y lo serás siempre; y ahora que tu bendición sea sobre mi vida”.