06/01/2024
Desde el comienzo aun los regalos traídos por los Magos seguramente fueron utilizados para que la familia del Señor pudiera vivir en Egipto durante los dos años que estuvieron allí para esconderse de Herodes.
Jesús nunca fue dueño de una casa ni ninguna otra posesión. Él aprendió un oficio, vivió con sus hermanos y su mamá hasta que empezó su ministerio, y después de eso viajó a través de Israel y áreas circunvecinas con Sus discípulos, durmiendo bajo las estrellas. Ellos fueron sostenidos por contribuciones, y a pesar de que siempre tuvieron lo suficiente, no fueron personas ricas. Los soldados echaron suertes sobre sus ropas, una túnica sin costuras usualmente usada por la realeza, pero lo más probable es que esa fue su única pieza de ropa. La Biblia no dice cómo la obtuvo.
Claro, en cualquier momento Jesús pudo haber producido suficiente riqueza para comprar lo que necesitaba cuando hubiera querido. Él pudo haber tenido un lujoso carro con caballos, caravanas de camellos y siervos, haberse hospedado en los mejores hoteles, y haber comido en restaurantes cinco estrellas. Pero esa no era Su misión. Él vino a vivir una vida ordinaria, como cualquier otra persona, humillándose a Sí mismo aun al punto de convertirse en siervo (Filipenses 2:5-8).
Nada de eso está supuesto a implicar que Jesús estaba opuesto a la riqueza. A Él simplemente no le agrada la manera en que el dinero hace que una persona se centre demasiado en las cosas de este mundo, y no se centre lo suficiente en las cosas del reino. Por eso es que Él nos dijo de no preocuparnos por el dinero, sino que confiáramos que Dios se haría cargo de satisfacer nuestras necesidades (Mateo 6:31-33). Él practicó lo que enseñó.