Iglesia Bautista Metropolitana, Hn

Iglesia Bautista Metropolitana, Hn Iglesia de sana doctrina evangelica bautista, centrada en Cristo y en la Biblia como unica norma para la vida de fe.

Mañana en culto dominical: ¿Qué significa recibir a Jesús? ¿Y qué significa no recibir a Jesús? Juan explica inmediatame...
25/01/2026

Mañana en culto dominical: ¿Qué significa recibir a Jesús? ¿Y qué significa no recibir a Jesús? Juan explica inmediatamente que los que lo recibieron (al Verbo) fueron los que “creyeron en su nombre”. No exigió ningún esfuerzo especial de parte de ellos. No poseían un gran intelecto ni un pasado moral que fuera recto. Ellos simplemente lo vieron, lo escucharon y confiaron en él. Creyeron porque el Espíritu de Dios obró la fe en ellos. “Nadie puede exclamar: ‘¡Jesús es el Señor!’, sino por el Espíritu Santo” (1 Corintios 12:3). Algunos dicen que recibir a Jesús significa saber de él, después aceptarlo, y que una vez que hemos tomado esta decisión, recibimos el privilegio de ser hijos de Dios. Sin embargo, Juan hace énfasis en que cuando nos convertimos en hijos de Dios, somos hijos que “no nacieron de sangre, ni por voluntad de carne, ni por voluntad de varón, sino de Dios”. Los creyentes no tienen ningún lazo de sangre directo con Dios. Nada que produzca estos hijos. Estos vástagos tampoco reciben su existencia porque algún ser humano, incluyéndolos a ellos mismos, haya decidido que se conviertan en hijos de Dios. Ellos nacen “de Dios”. Así como no elegimos a nuestros padres terrenales, tampoco de ninguna manera elegimos a Dios como nuestro Padre; él nos eligió a nosotros. Cuando creemos en Jesús, nuestro nacimiento espiritual está completo. Como dice Santiago: “Nos hizo nacer por la palabra de la verdad” (1:18).

Fe en Jesús. Eso es todo lo que Dios pide para poder realizar lo imposible. De las alturas de la transfiguración, Jesús ...
21/01/2026

Fe en Jesús. Eso es todo lo que Dios pide para poder realizar lo imposible. De las alturas de la transfiguración, Jesús y los tres discípulos descendieron al encuentro de las realidades de la vida cargada de p***s y de pecados. Cuando llegaron donde los nueve discípulos, Jesús se encontró con los maestros de la ley que estaban discutiendo con ellos en presencia de una muchedumbre. La llegada de Jesús resultó más que oportuna, pues los demás discípulos la estaban pasando mal al tratar de defenderse de los maestros de la ley. Ambos grupos estaban de acuerdo en que la incapacidad de los discípulos para librar al muchacho poseído por el demonio en realidad repercutía sobre el mismo Jesús.
Fue el padre del muchacho quien contestó la pregunta que Jesús les dirigió a los maestros de la ley. La descripción que hizo el atribulado padre de la condición de quien era su único hijo fue en extremo deplorable (Lucas 9:38); pero lo más triste de lo que ese padre tenía que informarle a Jesús era que los discípulos no habían sido capaces de sanar al muchacho. Eso explica las palabras que dijo Jesús a continuación; ya estaba en el tercer año de instrucción a los discípulos, y por eso se preguntó en voz alta cuándo iban a aprender; cuánto tiempo más les iba a tomar hacerlo.
Inmediatamente después de estas palabras, Jesús ordenó que le llevaran al muchacho. Al ver que eso implicaba la promesa de hacer algo para remediar su situación, el padre del muchacho le dijo: “Si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros y ayúdanos”. La fe de ese padre se había venido a pique porque los discípulos no habían sido capaces de ayudarle, pero Jesús le dio ánimo, diciéndole: “Al que cree, todo le es posible”. En su ansiedad, el padre exclamó, como también nosotros hacemos muchas veces en las horas difíciles de nuestra vida, “creo, ayuda a mi incredulidad”. Fue una confesión sincera que Jesús no dejó sin respuesta. Con la expulsión del demonio, Jesús sanó al muchacho de quien muchos decían: “Ha muerto”, y fortaleció la fe del padre que vio cómo el Salvador lo levantó tomándolo de la mano, completamente curado.

"Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Lucas 19:10"  Lucas siempre denuncia en su ...
20/01/2026

"Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Lucas 19:10" Lucas siempre denuncia en su Evangelio que a la gente rica le cuesta entregar su vida a Jesus. Jesús cuenta varias parábolas en las que describe a hombres ricos que abusaron de sus bienes (Lucas 12:16–21; 16:19–31). Cuando el joven rico no lo pudo seguir, Jesús habló de la gran dificultad que tiene la gente que posee riquezas para entrar en el reino de Dios (Lucas 18:24, 25). Sin embargo, Jesús agregó: “Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios” (Lucas 18:27). Cuando Jesús pasa por la ciudad de Jericó, esa posibilidad se convierte en una realidad. Lucas presenta a un hombre rico que es verdaderamente hijo de Abraham, que también era un hombre rico. El nombre de Zaqueo viene de una palabra que significa “limpio” o “inocente”. Era el principal de los cobradores de impuestos de Jericó, una importante ciudad comercial. En su cargo tenía que trabajar en estrecha colaboración con el gobernador romano. Con el paso de los años había acumulado una gran cantidad de riquezas, y éstas le podrían obstaculizar fácilmente su entrada al reino de Dios. Cuando Jesús llega al lugar en el que se encuentra Zaqueo subido en el árbol, le ordena que se baje inmediatamente. Una necesidad divina hace que Jesús se quede en la casa de Zaqueo y cene con él. La reacción de la multitud a la entrada de Jesús en la casa de este “pecador” fue la que era de esperar, si nos basamos en las reacciones anteriores (Lucas 15:2). La gente pensaba que era un acto despreciable que un rabino judío entrara en la casa de un cobrador de impuestos. Sin embargo, para Zaqueo la entrada de Jesús fue verdaderamente su día de salvación. Zaqueo expresa su gran gozo por haber sido aceptado por Jesús, y promete que les dará la mitad de sus pertenencias a los pobres y que va a restituir cuatro veces a cualquiera que hubiera defraudado. El comentario final que hace Jesús pone el énfasis en que él ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido. Los fariseos y los intérpretes de la ley consideraban “perdidos” a todos los que eran como Zaqueo, y más allá de toda esperanza de salvación, por causa de su oficio y de su cooperación con los odiados romanos. Sin embargo, este hombre demostró que era más justo que los fariseos que amaban el dinero (Lucas 16:14) y que fallaron en limpiar su vida al no dar al pobre (Lucas 11:41). Zaqueo es el modelo del hombre rico que cambio toda su riqueza por la salvación en Cristo. El rice debe pagar su restacte poniendo su fe en Cristo no en el dinero. Fe y dinero no pueden conciliarse con Cristo. El rescate exije poner toda la confianza en Cristo no en las riquezas.

Mañana en culto dominical seguimos en las profundidades del Verbo de Dios: La Palabra de Dios, que tiene gran significad...
18/01/2026

Mañana en culto dominical seguimos en las profundidades del Verbo de Dios: La Palabra de Dios, que tiene gran significado y que cumple su voluntad, está personificada en Cristo. Expresado de una manera sencilla: no podemos conocer a Dios sin Cristo, que es el Verbo, o la Palabra. Dicho de una manera positiva: Jesucristo nos revela la verdad de Dios. Si usted quiere ver a Dios, mire a Jesús. Si usted quiere acercarse más a Dios, acérquese a Jesús. Si usted quiere vivir de acuerdo a la voluntad de Dios, viva con Jesús. Jesucristo es el Verbo. “El Verbo era Dios”. “Cristo es la imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15; Tito 2:13). Por medio de la Palabra, “fue hecho” el universo creado (“el mundo”). A su debido tiempo, como Dios lo había prometido, el Verbo vino al planeta Tierra (“el mundo”, el hogar de la humanidad) y “en el mundo estaba”. Sin embargo, los seres humanos pecadores e incrédulos (“el mundo”) “no lo recibieron”. Se negaron a saber quién era. Las criaturas no reconocieron a su Creador y Redentor. Fue a su país, a “lo suyo”; y “los suyos”. Pero los de su propio pueblo, que por haber recibido la revelación de Dios debía haber estado esperándolo, “no le recibieron”. Lo que se dijo anteriormente acerca de las tinieblas, que no entienden la luz, resultó en una verdad del pueblo escogido de Dios, Israel, al no reconocer ni recibir al Verbo en medio de ellos. El pueblo que había recibido la promesa rechazó el cumplimiento de la promesa. Sin embargo, el rechazo no fue universal. Otros, incluyendo a algunos que no eran de su propio pueblo, recibieron al Verbo, y a todos los que “lo recibieron… les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”.

Hoy a las 6:30 pm en la Escuela Bíblica Ministerial veremos que, para servir al Señor, debemos limpiarnos de falsas ense...
16/01/2026

Hoy a las 6:30 pm en la Escuela Bíblica Ministerial veremos que, para servir al Señor, debemos limpiarnos de falsas enseñanzas que llevan a la impiedad, o sea, a vivir en pecados que ensucian nuestra vida de santidad. Dios no puede usar como instrumento útil a personas que con hipocresía sirven al Señor en su iglesia. Él quiere instrumentos de honra, no de deshonra. ¿Ya se evaluó cómo está su santidad para ser instrumento útil en la obra este año? Dios quiere oro y plata (cristianos sinceros que están huyendo del pecado); no quiere madera y barro (hipócritas que por seguir falsas enseñanzas creen ser cristianos y con su vida pecaminosa quieren servir a Dios).

Pero se levantó una gran tempestad de viento que echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Él estaba...
15/01/2026

Pero se levantó una gran tempestad de viento que echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal. (Marcos 4.37–38). ¡Cómo no entender la indignación de los discípulos! Imagínese por un momento la escena. Una violenta tempestad arreciaba por todos lados. El viento aullaba y las olas castigaban ferozmente el bote. Los discípulos, empapados por la espuma del mar y el agua que se metía con insistencia en el fondo de la embarcación, luchaban con desesperación para no hundirse. ¿Y él, dónde estaba? En la popa, durmiendo. ¿Cómo evitar la conclusión de que a él no le interesaban sus vidas? ¿Por qué dormía el Maestro? Seguramente dormía, en parte, porque sencillamente estaba agotado, pues había pasado el día entero enseñando a las multitudes. Parece, sin embargo, que su despreocupación tiene otro origen. Las instrucciones de cruzar el lago las había dado él mismo. Podemos decir con toda confianza, no obstante, que estas instrucciones no habían sido por ocurrencia propia. En Juan 5.30 él dijo: «No puedo yo hacer nada por mí mismo». Y en el 6.38 del mismo evangelio aclaró: «He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió». No estaríamos errados, entonces, en afirmar que las órdenes de cruzar el mar las recibió del Padre.
Es en este detalle que podemos encontrar la razón de la postura de Jesús en medio de la tormenta. El Hijo de Dios no estaba preocupado porque sabía que el Padre se encargaría de que llegasen al otro lado; después de todo, la idea de cruzar no había sido de él. Su despreocupación tenía que ver con esa profunda convicción de que había uno mayor que él que velaba por su bienestar. Si Dios había mandado que cruzaran al otro lado, ¿quién lo podía impedir? Como creyentes, necesitamos tener ese espíritu reposado de quienes saben hacia dónde se dirigen. ¿No sería maravilloso que el mismo contraste entre Jesús y los discípulos fuera el que existe entre la iglesia y la atribulada sociedad de hoy? Pero, para eso, necesitamos pastores, padres, madres y creyentes en general que saben hacia dónde se dirigen y por qué van hacia ese lugar. Al igual que Moisés, cuando el pueblo llegó al Mar Rojo y fue presa del pánico, necesitamos poder decirle a nuestra gente: «No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová os dará hoy; porque los egipcios que hoy habéis visto, no los volveréis a ver nunca más. Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos» (Ex 14.13–14). Esta actitud de confianza y paz solamente la podrá tener usted si está absolutamente seguro de lo que está haciendo. Y la única manera de estar seguro de lo que está haciendo es buscando la voluntad de Aquel a quien sirve. Si usted está caminando en las obras que él preparó de antemano para que usted anduviese en ellas (Ef 2.10), entonces, ¡no hay tormenta que pueda pararlo! Avance tranquilo, que Dios está en control. ¿Puede explicar claramente hacia dónde se dirige usted? ¿Sabe por qué se dirige en esa dirección? ¿Qué evidencias tiene de que esa es la dirección que Dios le ha indicado? Confíe en Dios, deje todo en sus manos seguras.

"y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor q...
14/01/2026

"y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. (Juan 10:28-30)". La relación que existe entre Jesús y sus seguidores es una relación íntima, personal. Y como él es el Cristo, el Hijo de Dios, la relación es eterna. Él les da la vida eterna a sus ovejas. Ellas no perecerán para siempre. Nadie se las arrebatará de las manos.
¡Son palabras de gran consuelo para los cristianos! Con Jesucristo estamos seguros siempre. En él creemos y vivimos.
Nuestra seguridad está bien asegurada, es decir, afianzada con el Padre que está en los cielos. Nadie nos puede arrebatar de las manos de Jesús, porque eso significaría arrebatarnos de las manos del Padre, y nadie puede hacer eso. Lo que es verdad respecto del Hijo también es verdad respecto del Padre. Las palabras de Jesús fueron claras. Él proviene de Dios y es el Hijo de Dios. Él es Dios. Él es el Cristo, que concluyó diciendo: “El Padre y yo uno somos.” No es suficiente deducir por sus palabras solamente que él y el Padre pensaban igual o que tenían una relación armoniosa o que trataban a sus ovejas por igual. Jesús dijo que es de una esencia con el Padre, que es Dios. Y así es precisamente como los judíos lo entendieron. Este Dios-Pastor es el Todopoderoso, y las ovejas que van de su mano no tienen nada que temer, pues nada ni nadie pueden hacerles daño jamás. ¡Toda nuestra vida está en sus manos! Aun en medio de batallas y dificultades, sabemos que todo estará bien porque estamos en sus manos de amor.

11/01/2026

El Verbo revelador del Padre. Juan 1:1-18

Juan expresó explícitamente el motivo que le llevó a escribir el Evangelio: «Éstas se han escrito para que creáis que Je...
11/01/2026

Juan expresó explícitamente el motivo que le llevó a escribir el Evangelio: «Éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida en su nombre» (Juan 20:31). No podemos ignorar esta declaración. Juan expresa claramente que su objetivo es presentar a Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios. Y lo hace, no para dar a sus lectores una nueva e interesante información, sino para que den un paso de fe, que crean, y comiencen una nueva vida en Cristo. Y no solo nos lo dice de una forma explícita, sino que además, si hacemos un estudio del Evangelio, veremos que es verdad, que ciertamente hace lo que expresa en Juan 20:31. Una y otra vez presenta evidencias de que Jesús verdaderamente es el Cristo. Cierto es que no hace un uso tan extenso del término en sí como nosotros hubiéramos esperado. Pero la idea está presente de forma constante. Además, Juan deja claro que el mensaje de Jesús es un desafío. La gente se divide, tiene que tomar partido: o se compromete con Cristo, por medio de la fe, para ganar así la vida, o rechazan el entregarse a Jesús y se quedan en la oscuridad y la perdición. En Juan 20:31 resume el propósito del Evangelio, y al leerlo, vemos que cumplió su objetivo. Juan nos enseña la función trinitaria del Logos como Hijo de Dios, como el agente del Padre en la Creación en el sostenimiento del mundo, y como Salvador y Señor del mundo, para que la Iglesia no cayera en el error de menospreciar al hombre Jesús, al Verbo hecho carne.

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