25/05/2026
Hay momentos donde uno se pregunta:
“¿Por qué me está pasando esto a mí?”
Porque uno viene a la iglesia, ora, busca a Dios… y aun así llegan problemas, tristezas, cansancio, puertas cerradas y hasta gente que le hace daño.
Pero algo que debemos entender es esto:
No toda dificultad significa que Dios nos abandonó.
A veces el problema no es castigo… es proceso.
Porque el hierro no se hace fuerte en almohadas… se hace en fuego.
El campesino entiende esto:
La tierra primero se rompe… para después dar fruto.
Y así trabaja Dios muchas veces con el corazón del hombre.
El origen de las dificultades no siempre es el mismo.
Hay tormentas que vienen porque uno tomó malas decisiones.
Otras vienen porque el enemigo se opone.
Otras nacen del cansancio, del desgaste, de la carga de la vida.
Y otras aparecen porque Dios está formando algo grande dentro de nosotros.
José pasó dificultad no porque Dios lo odiara…
sino porque Dios lo estaba preparando para gobernar.
Jonás sufrió porque corrió lejos de la voluntad de Dios.
Elías cayó triste porque el alma también se desgasta.
David sufrió porque hay personas que no soportan ver a otro avanzar.
Y Marta se ahogó en muchas tareas y olvidó sentarse a los pies del Señor.
Por eso no toda dificultad se pelea igual.
Hay dificultades que se vencen arrepintiéndose.
Otras descansando.
Otras resistiendo al diablo.
Y otras simplemente permaneciendo fieles hasta que Dios termine la obra.
Lo peligroso no es la dificultad…
lo peligroso es alejarse de Dios en medio de ella.
Porque el árbol cuando viene el viento no sobrevive por las ramas…
sobrevive por las raíces.
Y el cristiano que permanece pegado al Señor, aunque llore, aunque tiemble, aunque no entienda todo… seguirá de pie.
CONCLUSIÓN
No abandone a Dios por una temporada difícil.
La noche no dura para siempre.
El barro no es el final de la vasija.
Y la tormenta no significa que Dios dejó la barca.
Quizás hoy usted no entiende por qué está pasando todo esto…
pero más adelante entenderá que algunas batallas no llegaron para destruirlo, sino para enseñarle a depender más del Señor.
Porque hay cosas que solo se aprenden llorando.
Hay fuerzas que solo nacen en la prueba.
Y hay personas que conocen verdaderamente a Dios… hasta que ya no tienen otra cosa más que a Él.