05/01/2022
LA PEÑA DE HOREB.
Éxodo 17:1-7.
Ellos viajaban conforme al mandamiento de Jehová, dirigidos por la columna
de fuego y de nubes, y a pesar de todo esto, llegaron a un lugar donde no
había agua que beber. Podemos estar en el camino de nuestro deber, y aún
así, encontrarnos con problemas, las cuales nos las brinda la Providencia para probar nuestra fe, y para que Dios pueda ser glorificado en nuestro alivio.
Entonces llega el descontento y la desconfianza en este aprieto: "Así que el
pueblo tuvo allí sed." (v.3). Si no tenían agua para beber, tendrían sed;
pero esto no quería decir solamente que quisieran agua y sintieran la
inconveniencia de ese deseo, sino que su pasión aguzó sus apetitos siendo
violentos e impacientes en sus deseos. Su sed les hizo ser impíos. Los deseos naturales y muchas ansiedades necesitan ser puestas bajo la guía y control de la religión y la razón. Veamos el lenguaje de este deseo desordenado:
1. Ellos disputaron con Moisés para que les supliese: "Y disputó el
pueblo con Moisés, diciéndole: –Danos agua para que bebamos."(v.2). Lo demandaban como si fuera un deber, y de modo fuerte sospechaban
que no era capaz de rechazar esa obligación. Como fueron surtidos de pan,
insistieron en que también debían ser suplidos de agua. Para aquellos que por fe y cuya vida de oración han descubierto su dependencia de Dios, un favor debe ser humildemente pedido. Pero los desagadecidos e incrédulos creen que el abuso de nuevos favores es la consecuencia de anteriores favores: "No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. "(Santiago 1:7), y están siempre listos para pedirlo todo.
2. Ellos pelearon con Moisés por sacarlos de Egipto, como si, en
lugar de liberarlos, los estuviese llevando a la muerte hasta el
punto de actuar con bajeza y envidia: "–¿Por qué nos hiciste subir
de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a
nuestros ganados?" (v.3). Muchos de los que no solamente han sido
designados bien, sino que hacen también el bien para su generación, han
hecho sus mejores servicios y su paciencia ha sido probada por gente
irracional y desagradecida. Su malicia llega a tal grado contra Moisés que
quieren apedrearlo: "Entonces clamó Moisés a Jehová, y dijo: –¿Qué
haré con este pueblo? ¡Poco falta para que me apedreen!" (v.4).
Jesús también se halló en la misma tesitura: "Jesús les respondió:
–Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de
ellas me apedreáis?" (Jn. 10:32). Las pasiones sin gobierno, provocadas
por el cruce de irrefrenables apetitos, a veces hacen a los hombres culpables de los más grandes absurdos, y obran como malvados que utilizan torturas,flechas y muerte contra sus mejores amigos.