17/06/2025
Pregunta para nuestros amados seguidores,¿aquien nos recuerda la primera imagen?
¿Aquien representa o simboliza la segunda imagen?
Respuestas honestas por favor...
Éste canal trata sobre temas de Apologética Católica, o defensa de la Fe, hacia las objeciones protestantes; que se demostrará mediante vídeos detallados
La misión de todo cristiano es quedar bien con Dios y no con los hombres siguiendo sus mandamientos, fundamentos establecidos por Jesucristo, manteniendo la unidad permanente como una sola iglesia comprometiéndonos a defenderla contra aquellos que por el error de libre interpretación caen en la desobediencia y atacan a la iglesia que cristo fundo poniendo en peligro su salvación, recuerden que tod
a blasfemia contra el espíritu santo no tiene perdón hay que aceptar a MARÍA como madre de Dios amarla y respetarla o creen que a Jesucristo le gusta que hablen mal de la Virgen les dejo esa inquietud allá su conciencia
Pregunta para nuestros amados seguidores,¿aquien nos recuerda la primera imagen?
¿Aquien representa o simboliza la segunda imagen?
Respuestas honestas por favor...
La Trinidad se explica fácil. Si Cristo no es Dios entonces la Redención no tuvo validez pues un hombre no pudo ni podrá redimir al hombre y como no puede haber dos dioses pues ahí está.
Hay un Dios: Deuteronomio 6:4; 1ª Corintios 8:4; Gálatas 3:20; 1ª Timoteo 2:5.
(2) La Trinidad está compuesta de tres Personas: Génesis 1:1; 1:26; 3:22; 11:7; Isaías 6:8; 48:16; 61:1; Mateo 3:16-17; 28:19; 2ª Corintios 13:14. En Génesis 1:1, se utiliza el nombre plural "Elohim". En Génesis 1:26; 3:22; 11:7 y en Isaías 6:8, se usa el pronombre plural para "nosotros". Sin duda, "Elohim" y "nosotros" se refieren a más de dos. Aunque esto no es un argumento explícito para la Trinidad, denota el aspecto de la pluralidad en Dios. La palabra hebrea para Dios, Elohim, definitivamente permite la Trinidad.
En Isaías 48:16 y 61:1, el Hijo está hablando mientras hace referencia al Padre y al Espíritu Santo. Compare Isaías 61:1 con Lucas 4:14-19 y se dará cuenta de que es el Hijo hablando. Mateo 3:16-17 describe el evento del bautismo de Jesús. En este se ve a Dios el Espíritu Santo descendiendo sobre Dios el Hijo mientras Dios el Padre proclama Su complacencia en el Hijo. Mateo 28:19 y 2ª Corintios 13:14 son ejemplos de 3 personas distintas en la Trinidad.
(3) Los miembros de la Trinidad se distinguen el uno del otro en varios pasajes: En el Antiguo Testamento, "SEÑOR" se distingue de "Señor" (Génesis 19:24; Oseas 1:4). El SEÑOR tiene un "Hijo" (Salmos 2:7, 12; Proverbios 30:2-4). El Espíritu se distingue del "SEÑOR" (Números 27:18) y de "Dios" (Salmos 51:10-12). Dios el Hijo se distingue de Dios el Padre (Salmos 45:6-7; Hebreos 1:8-9). En el Nuevo Testamento, Juan 14:16-17 es donde Jesús ruega al Padre que envíe un Consolador, el Espíritu Santo. Esto muestra que Jesús no se consideraba a sí mismo como el Padre o el Espíritu Santo. Tome en cuenta también todos los otros tiempos en los evangelios, en donde Jesús habla al Padre. ¿Estaba hablándose a Sí mismo? No. El habló a otra persona de la Trinidad – al Padre.
(4) Cada miembro de la Trinidad es Dios: El Padre es Dios: Juan 6:27; Romanos 1:7; 1ª Pedro 1:2. El Hijo es Dios: Juan 1:1, 14; Romanos 9:5; Colosenses 2:9; Hebreos 1:8; 1ª Juan 5:20. El Espíritu Santo es Dios: Hechos 5:3-4; 1ª Corintios 3:16.
(5) Hay subordinación dentro de la Trinidad: La Escritura muestra que el Espíritu Santo está subordinado al Padre y al Hijo, y el Hijo está subordinado al Padre. Esta es una relación interna, y no niega la deidad de ninguna persona de la Trinidad. Esta es simplemente un área que nuestras mentes finitas no pueden entender con respecto al Dios infinito. Concerniente al Hijo ver Lucas 22:42; Juan 5:36; Juan 20:21; 1ª Juan 4:14. Concerniente al Espíritu Santo ver Juan 14:16; 14:26; 15:26; 16:7 y especialmente Juan 16:13-14.
(6) Los miembros individuales de la Trinidad tienen diferentes tareas: El Padre es el recurso o causa esencial de: 1) el universo (1ª Corintios 8:6; Apocalipsis 4:11); 2) la revelación divina (Apocalipsis 1:1); 3) la salvación (Juan 3:16-17); y 4) las obras humanas de Jesús (Juan 5:17; 14:10). El Padre pone en marcha todas estas cosas.
El Hijo es el agente a través de quien el Padre hace las siguientes obras: 1) la creación y mantenimiento del universo (1ª Corintios 8:6; Juan 1:3; Colosenses 1:16-17); 2) la revelación divina (Juan 1:1; Mateo 11:27; Juan 16:12-15; Apocalipsis 1:1); y 3) la salvación (2ª Corintios 5:19; Mateo 1:21; Juan 4:42). El Padre hace todas estas cosas a través del Hijo, quien hace las veces de Su agente.
El Espíritu Santo es el medio por el cual el Padre hace las siguientes obras: 1) la creación y mantenimiento del universo (Génesis 1:2; Job 26:13; Salmos 104:30); 2) la revelación divina (Juan 16:12-15; Efesios 3:5; 2ª Pedro 1:21); 3) la salvación (Juan 3:16; Tito 3:5; 1ª Pedro 1:2); y 4) las obras de Jesús (Isaías 61:1; Hechos 10:38). De este modo, el Padre hace todas estas cosas por el poder del Espíritu Santo.
Ninguna de las ilustraciones populares son descripciones completamente exactas de la Trinidad. El huevo (o manzana) falla en que la cáscara, clara, y yema son partes del huevo, no el huevo en sí mismo; así como la piel, la pulpa y las semillas de la manzana son partes de ella, no la manzana misma. El Padre, Hijo y Espíritu Santo no son partes de Dios; cada uno de ellos es Dios. La ilustración del agua hasta cierto punto es mejor, pero todavía no describe adecuadamente a la Trinidad. El líquido, el v***r y el hielo, son formas del agua. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son formas de Dios, cada uno de ellos es Dios. De manera que, mientras estas ilustraciones puedan darnos una representación de la Trinidad, la representación no es completamente certera. Un Dios infinito no puede ser descrito completamente por una ilustración finita. La doctrina de la Trinidad ha sido un tema divisivo a lo largo de toda la historia de la iglesia cristiana.
Mientras que los aspectos centrales de la Trinidad están claramente presentados en la Palabra de Dios, algunos de los asuntos secundarios no están tan explícitamente claros. El Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios; pero hay un solo Dios. Esa es la doctrina bíblica de la Trinidad. Más allá de eso, las cuestiones son, hasta cierto punto, discutibles y no esenciales. En lugar de intentar definir plenamente la Trinidad con nuestras mentes humanas finitas, nos serviría mejor centrarnos en el hecho de la grandeza de Dios y en Su naturaleza infinitamente superior a nosotros mismos. "¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?" (Romanos 11:3)
Gloria al Padre, al Hijo y al Espiritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amen!
AHORA QUE ESTAN DE MODA LOS AGUSTINOS GRACIAS A SS LEON XIV ACLAREMOS ESTE DESATINO
Por Frank Morera - Defensa de la Fe
SAN AGUSTIN PROTESTANTE 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
En su delirio anticatólico las sectas ahora han sacado la bandera absurda de que san Agustín no fue católico. Esto no haría falta aclararlo pues es de una ignorancia supina, pero nunca se sabe…
San Agustín. Serm. 295; PL 38,1348-1352.
“San Pedro, el primero de los apóstoles, que amaba ardientemente a Cristo, y que llegó a oír de él estas palabras: Ahora te digo yo: Tú eres Pedro. Él había dicho antes: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Y Cristo le replicó: «Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Sobre esta piedra edificaré esta misma fe que profesas. Sobre esta afirmación que tú has hecho: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, edificaré mi Iglesia. Porque tú eres Pedro». «Pedro» es una palabra que se deriva de «piedra», y no al revés. «Pedro» viene de «piedra», del mismo modo que «cristiano» viene de «Cristo». El Señor Jesús, antes de su pasión, como sabéis, eligió a sus discípulos, a los que dio el nombre de apóstoles. Entre ellos, Pedro fue el único que representó la totalidad de la Iglesia casi en todas partes. Por ello, en cuanto que él solo representaba en su persona a la totalidad de la Iglesia, pudo escuchar estas palabras: Te daré las llaves del reino de los cielos. Porque estas llaves las recibió no un hombre único, sino la Iglesia única. De ahí la excelencia de la persona de Pedro, en cuanto que él representaba la universalidad y la unidad de la Iglesia, cuando se le dijo: Yo te entrego, tratándose de algo que ha sido entregado a todos. Pues, para que sepáis que la Iglesia ha recibido las llaves del reino de los cielos, escuchad lo que el Señor dice en otro lugar a todos sus apóstoles: Recibid el Espíritu Santo. Y a continuación: A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos.
En este mismo sentido, el Señor, después de su resurrección, encomendó también a Pedro sus ovejas para que las apacentara. No es que él fuera el único de los discípulos que tuviera el encargo de apacentar las ovejas del Señor; es que Cristo, por el hecho de referirse a uno solo, quiso significar con ello la unidad de la Iglesia; y, si se dirige a Pedro con preferencia a los demás, es porque Pedro es el primero entre los apóstoles. No te entristezcas, apóstol; responde una vez, responde dos, responde tres. Venza por tres veces tu profesión de amor, ya que por tres veces el temor venció tu presunción. Tres veces ha de ser desatado lo que por tres veces habías ligado. Desata por el amor lo que habías ligado por el temor. A pesar de su debilidad, por primera, por segunda y por tercera vez encomendó el Señor sus ovejas a Pedro”
San Agustín también escribió: “Cristo, como ves, edificó su Iglesia no sobre un hombre sino sobre la confesión de Pedro. ¿Cuál es la confesión de Pedro? ‘Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente’. Aquí está la roca para vosotros, aquí el fundamento, aquí es donde la Iglesia ha sido construida, la cual las puertas del inframundo no pueden conquistar”
Muchas veces estos individuos hablan del primer párrafo, pero no hablan de este en el mismo libro.
“Aquí dije en algún lugar, «a propósito del apóstol Pedro, que en él como en la piedra está fundada la Iglesia», sentido que muchos cantan con los versos del beatísimo Ambrosio, cuando dice del canto del gallo: «Al cantar el gallo, / él, piedra de la Iglesia, / llora su pecado».
Para que se sorprendan les voy a poner lo que la Iglesia dice en el Catecismo al respecto.
552 en el colegio de los doce Simón Pedro ocupa el primer lugar (cf. Mc 3, 16; 9, 2; Lc 24, 34; 1 Co 15, 5). Jesús le confía una misión única. Gracias a una revelación del Padre, Pedro había confesado: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Entonces Nuestro Señor le declaró: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella» (Mt 16, 18). Cristo, «Piedra viva» (1 P 2, 4), asegura a su Iglesia, edificada sobre Pedro la victoria sobre los poderes de la muerte. Pedro, a causa de la fe confesada por él, será la roca inquebrantable de la Iglesia. Tendrá la misión de custodiar esta fe ante todo desfallecimiento y de confirmar en ella a sus hermanos (cf. Lc 22, 32).
553 Jesús ha confiado a Pedro una autoridad específica: «A ti te daré las llaves del Reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos» (Mt 16, 19). El poder de las llaves designa la autoridad para gobernar la casa de Dios, que es la Iglesia. Jesús, «el Buen Pastor» (Jn 10, 11) confirmó este encargo después de su resurrección:» Apacienta mis ovejas» (Jn 21, 15-17). El poder de «atar y desatar» significa la autoridad para absolver los pecados, pronunciar sentencias doctrinales y tomar decisiones disciplinares en la Iglesia. Jesús confió esta autoridad a la Iglesia por el ministerio de los apóstoles (cf. Mt 18, 18) y particularmente por el de Pedro, el único a quien él confió explícitamente las llaves del Reino.
881 El Señor hizo de Simón, al que dio el nombre de Pedro, y solamente de él, la piedra de su Iglesia. Le entregó las llaves de ella (cf. Mt 16, 18-19); lo instituyó pastor de todo el rebaño (cf. Jn 21, 15-17). «Está claro que también el Colegio de los Apóstoles, unido a su Cabeza, recibió la función de atar y desatar dada a Pedro» (LG 22). Este oficio pastoral de Pedro y de los demás apóstoles pertenece a los cimientos de la Iglesia. Se continúa por los obispos bajo el primado del Papa.
Estos párrafos dan claridad a lo dicho por San Agustín, por supuesto que Pedro es la Piedra por que “Mi padre te lo revelo”, Es la Confeion de Pedro lo que da la importancia a este Apóstol, pero esa Fe no es una fe indeleble o etérea, es la fe de un HOMBRE y ese HOMBRE es Pedro.
El punto cuando los sectarios nos dan este dato es con la intención deliberada de decirnos que San Agustín rechazaba y descartaba a Pedro como hacen ellos en su ignorancia supina, si no solo leyeran a San Agustín para contender con nosotros lo leyeran para aprender sacarían mas provecho (yo creo en milagros) pero ellos lo que desean es entrar en discusión pues tienen “espíritu de contienda”.
En este párrafo de San Agustín este nos da su creencia en el oficio del Obispo de Roma: “San Agustín. C. ep. Man. 4,5.
“Aun prescindiendo de la sincera y genuina sabiduría…, que en vuestra opinión no se halla en la Iglesia Católica, muchas otras razones me mantienen en su seno: el consentimiento de los pueblos y de las gentes; la autoridad, erigida con milagros, nutrida con la esperanza, aumentada con la caridad, confirmada por la antigüedad; la sucesión de los obispos desde la sede misma del apóstol Pedro, a quien el Señor encomendó, después de la resurrección, apacentar sus ovejas, hasta el episcopado de hoy; y en fin, el apelativo mismo de Católica, que son sin razón sólo la Iglesia ha alcanzado….Estos vínculos del nombre cristiano – tantos, tan grandes y dulcísimos- mantienen al creyente en el seno de la Iglesia católica, a pesar de que la verdad, a causa de la torpeza de nuestra mente e indignidad de nuestra vida, aún no se muestra”.
De nuevo acá San Agustín deja claro su sentir y creer en el Oficio de Pedro:
San Agustín. Ep. 53,2
“Si la sucesión de obispos es tomada en cuenta, cuanto más cierta y beneficiosa la Iglesia que nosotros reconocemos llega hasta Pedro mismo, aquel quien portó la figura de la Iglesia entera, el Señor le dijo: “Sobre esta roca edificaré mi Iglesia, ¡y las puertas del in****no no prevalecerán contra ella!”. El sucesor de Pedro fue Linus, y sus sucesores en orden de sucesión ininterrumpida fueron estos: Clemente, Anacleto, Evaristo, Alejandro, Sixto, Telesforo, Higinio, Aniceto, Pío, Sotero, Eleuterio, Víctor, Ceferino, Calixto, Urbano, Ponciano, Antero, Fabián, Cornelio, Licio, Esteban, Sixto, Dionisio, Félix, Eutiquiano, Cayo, Marcelino, Marcelo, Eusebio, Miltiades, Silvestre, Marcos, Julio, Liberio, Damaso, y Siricius, cuyo sucesor es el presente obispo Anastasio. En esta orden de sucesión, ningún obispo donatista es encontrado”.
Una prueba tangente de la obediencia de san Agustín al Obispo de Roma es que en el año 419 sometió su obra para que este le diera el “Placet” o aprobación “Haec ergo quae… respondeo, ad tua potissimum dirigere sanctitatem, non tam discenda quam examinanda, et ubi forsitan aliquid displicuerit emendanda, constitui” (Contra duas epist. Pelag. I, 1 t. XLIV, col 549-551) [Estas cosas que… respondo, he decidido dirigir de modo especial a tu santidad no para instruir sino para que sean examinadas, y donde tal vez haya algo que displiciera, sea enmendado]. Es de entender entonces porqué San Agustín hace también referencia al obispo de Roma como Obispo de la “Sede Apostólica”
En este mismo Siglo V San Agustín escribió al Papa Inocencio para que confirmara las decisiones de los concilios realizados en los años 411, 412 y 416 donde se condenaba el pelagianismo. Al recibo de la confirmación del Papa a su pedido exclamo: ““Ya por este motivo se han enviado dos misivas a la sede apostólica y también de allí han venido dos rescriptos. La causa ha terminado para que finalmente termine el error”. Sermo 131,10,10; Ep 1507.
Acá se ve también con claridad que San Agustín estaba sometido a la Sede Apostólica, San Agustín Considera hereje no al que se equivoca en la fe (Ep. XLIII, I) sino al que “resiste a la doctrina católica que le es manifiesta” (De Bapt. XVI, 23), la cual se expresa en el símbolo bautismal, en los concilios (Ep. XLIV, I) y en la sede de Pedro, que siempre disfrutó del primado (Ep. XLIII, 7)”.
Ahora si ellos le hacen tanto caso a San Agustín por unas palabras sobre quien es la roca deberían también hacerle caso es esto que apunta a su catolicidad:
1) Autoridad de la Iglesia. San Agustín. C. ep. Man. 5,6; cf. C. Faustum 28,2
“No creería en el Evangelio, si a ello no me moviera la autoridad de la Iglesia católica”
2) La Santa Tradición. “…Todo lo que observamos por tradición, aunque no se halle escrito; todo lo que observa la Iglesia en todo el orbe, se sobreentiende que se guarda por recomendación o precepto de los apóstoles o de los concilios plenarios, cuya autoridad es indiscutible en la Iglesia. Por ejemplo, la pasión del Señor, su resurrección, ascensión a los cielos y venida del Espíritu santo desde el cielo, se celebran cada año. Lo mismo diremos de cualquier otra práctica semejante que se observe en toda la Iglesia universal. San Agustín de Hipona, Carta a Jenaro (Ep 54,1-2) / Carta a Dióscoro (Ep 118,32)
3) La Virgen María. Virgen concibió, virgen dio a luz y virgen permaneció” San Agustín. Serm. 51,18
4) San Agustín. Serm. 186,2
“¿Cómo es posible confesar en la regla de fe que creemos en el Hijo de Dios, nacido de la Virgen María, si nacido de María fuera no el Hijo de Dios, sino el Hijo del hombre? ¿Quién niega entre los cristianos que de esa mujer haya nacido el Hijo del hombre? Mas, Dios hecho hombre, y, por tanto, el hombre hecho Dios”.
5)Inmaculada Concepción. San Agustín. De nat. et. gr. 36,42
“Excepción hecha de la santa Virgen María, de la que, por el honor debido al Señor, no tolero en absoluto que se haga mención cuando se habla de pecado…”
6) Bautismo de los niños. “Este nuestro adversario, apartándose con los pelagianos de la fe apostólica y católica, no quiere que los que nacen estén bajo el dominio del diablo, para que lo párvulos (niños) no sean llevados a Cristo, arrancados de la potestad de las tinieblas y trasladados a su reino. Y especialmente acusa a la Iglesia extendida por el mundo entero, donde todos los infantes en el bautismo reciben en todas partes el rito de la insuflación no por otra razón sino para arrojar fuera de ellos al príncipe del mundo, bajo cuyo dominio necesariamente están los vasos de ira desde que nacen de Adán si no renacen en Cristo y son trasladados a su reino una vez que hayan sido hechos vasos de misericordia por la gracia.”/ “ “…No digo que los niños que mueren sin el bautismo de Cristo sean castigados con una pena tan grande que más les valdría no haber nacido; porque el Señor no dijo estas palabras de cualquier pecador, sino de los muy criminales e impíos. Si la sentencia que pronunció sobre Sodoma no se ha de entender sólo de los sodomitas, pues el día del juicio unos han de ser castigados más gravemente que otros, ¡quién puede dudar que los niños no bautizados, que mueren sin pecado personal alguno, con sólo el original, han de sufrir la pena más leve de todas? Ignoro cuál será la naturaleza de esta pena…pero vosotros los consideráis libres de toda culpa no queréis pensar en la clase de p***s a las que los condenáis privando de la vida y del reino de Dios a tantas imágenes suyas y separándolas de sus piadosos padres, a los que tan claramente exhortáis a engendrar. Es injusto que los niños sufran castigo si no tienen pecado; pero, si su castigo es justo, es necesario reconocer en ellos la existencia del pecado original.” Contra Iulianum Pelagianum II, XVIII, 33
7) Eucaristía. Quien recibe el misterio de la unidad y no tiene el vínculo de la paz no recibe un misterio salvador en favor suyo, sino un testimonio contra sí mismo. Si vosotros sois el cuerpo de Cristo y sus miembros entonces vuestro mismo misterio reposa sobre la mesa de la Eucaristía. Vosotros debéis ser lo que veis y debéis recibir lo que sois.
(Homilía 272)
Cristo es él mismo el que ofrece y él mismo el don ofrecido. Ha querido que el sacramento de esta realidad sea el sacrificio cotidiano de la Iglesia que, siendo cuerpo de esta cabeza, aprende a ofrecerse ella misma por él. La Ciudad de Dios, X, 20
+ «Reconoced en el pan lo que colgó del madero, y en el cáliz lo que manó del costado. Todo lo que en muchas y variadas maneras fue anunciado de antemano en los sacrificios del Antiguo Testamento pertenece a este singular Sacrificio que se revela en el Nuevo Testamento».
+ «Cristo se sostuvo a sí mismo en sus manos cuando dio su Cuerpo a sus discípulos diciendo: “Este es mi Cuerpo”. Nadie participa de esta Carne sin antes Adorarla»
La Eucaristia: Alocución a los neófitos.
Fecha: Día de Pascua. Entre el 405 y el 411.
Lo que estáis viendo sobre el altar de Dios, lo visteis también la pasada noche; pero aún no habéis escuchado qué es, qué significa ni el gran misterio que encierra.
Lo que veis es pan y un cáliz; vuestros ojos así os lo indican. Mas según vuestra fe, que necesita ser instruida, el pan es el cuerpo de Cristo, y el cáliz la sangre de Cristo. Esto dicho brevemente, lo que quizá sea suficiente a la fe; pero la fe exige ser documentada.
Dice, en efecto, el profeta: Si no creéis, no comprenderéis. Ahora podéis decirme a mí: «Nos mandas que lo creamos; explícanoslo para que lo entendamos.»
Puede, en efecto, surgir en la mente de cualquiera el siguiente pensamiento: «Sabemos de dónde tomó carne Jesucristo nuestro Señor: de la virgen María. Siendo pequeño, tomó el pecho, fue alimentado, creció, llegó a la edad madura, fue perseguido por los judíos, colgado de un madero, mu**to en el madero y bajado del
madero; fue sepultado, resucitó al tercer día y cuando quiso subió al cielo, llevándose allí su cuerpo; de allí ha de venir a juzgar a vivos y a mu**tos, y allí esta ahora sentado a la derecha del Padre: ¿cómo este pan es su cuerpo y cómo este cáliz, o lo que él contiene, es su sangre?» A estas cosas, hermanos míos, las llamamos sacramentos, porque en ellas es una cosa la que se ve y otra la que se entiende.
Lo que se ve tiene forma corporal; lo que se entiende posee fruto espiritual. Por tanto, si quieres entender el cuerpo de Cristo, escucha al Apóstol, que dice a los fieles: Vosotros sois el cuerpo de Cristo y sus miembros. En consecuencia, si vosotros sois el
cuerpo y los miembros de Cristo, sobre la mesa del Señor está el misterio que sois vosotros mismos y recibís el misterio que sois vosotros. A lo que sois respondéis con el Amén, y con vuestra respuesta lo rubricáis. Se te dice: «El cuerpo de Cristo», y
respondes: «Amén.»
Sé miembro del cuerpo de Cristo para que sea auténtico el Amén. ¿Por qué precisamente en el pan? No aportemos nada personal al respecto, y escuchemos otra vez al Apóstol, quien, hablando del mismo sacramento, dice: Siendo muchos, somos un solo pan, un único cuerpo. Comprendedlo y llenaos de gozo: unidad, verdad,
piedad, caridad. Un solo pan: ¿quién es este único pan? Muchos somos un único cuerpo. Traed a la memoria que el pan no se hace de un solo grano, sino de muchos.
Cuando recibíais los exorcismos, erais como molidos; cuando fuisteis bautizados, como asperjados; cuando recibisteis el fuego del Espíritu Santo fuisteis como cocidos. Sed lo que veis y recibid lo que sois. Eso es lo que dijo el Apóstol a propósito del pan.
Lo que hemos de entender respecto al cáliz, aun sin decirlo expresamente, lo mostró con suficiencia. Para que exista esta especie visible de pan se han conglutinado muchos granos en una sola masa, como si sucediera aquello mismo que dice la Sagrada Escritura a propósito de los fieles: Tenían una sola alma y un solo corazón hacia Dios. Lo mismo ha de decirse del vino. Recordad, hermanos, cómo se hace el vino. Son muchas las uvas que penden del racimo, pero el zumo de las mismas se mezcla, formando un solo vino. Así también nos simbolizó a nosotros Cristo el Señor;
quiso que nosotros perteneciéramos a él, y consagró en su mesa el misterio de nuestra Paz y unidad.
El que recibe el misterio de la unidad y no posee el vínculo de
la Paz, no recibe un misterio para provecho propio, sino un testimonio contra sí. Vueltos al Señor, Dios Padre todopoderoso, démosle, con sincero corazón y en cuanto lo permita nuestra pequeñez, las más sinceras gracias, suplicando con toda el alma
su particular mansedumbre para que se digne escuchar en su bondad nuestras súplicas, alejar con su poder al enemigo de nuestras acciones y pensamientos, aumentar nuestra fe, dirigir nuestra mente, otorgarnos pensamientos espirituales y
conducirnos a su bienaventuranza por Jesucristo, su Hijo. Amén.
Lo mismo ocurrió con el antiguo Israel bajo el Antiguo Pacto. Se produjeron muchos cambios a lo largo de muchos siglos. Pero el establecimiento visible de Dios de la religión verdadera alrededor del Tabernáculo, luego de Judá, Jerusalén y el Templo, siguió siendo el mismo, a pesar de todo el caos a lo largo de los siglos. Las diez tribus del norte de Israel que se separaron fueron completamente destruidas. Mientras tanto, los judíos (de “Judá”) fueron preservados—a pesar de 70 años de exilio en Babilonia—y Jerusalén/el Templo conservó el lugar que Dios les había ordenado.
Lo mismo es válido para la Nueva y Eterna Alianza, cuyo centro ahora es el trono de Pedro en Roma.
Erudito anglicano: la “iglesia católica” de st. AGUSTÍN TENÍA SU CENTRO EN ROMA
Por: Joshua Charles
A menudo se dice que la “Iglesia Católica” a la que se refieren los Padres, particularmente San Agustín, no es la Iglesia Católica que muchos conocen hoy con su centro en Roma.
Ese simplemente no es el caso. Hay un millón de ejemplos que lo demuestran.
Irónicamente, muchos de los Padres abordaron exactamente esta misma objeción en la antigüedad. Muchos herejes intentaron redefinir el término “católico” para adaptarlo a su propia secta. Usaron argumentos prácticamente idénticos a los de muchos grupos heréticos de hoy. Las palabras de los Padres que los refutan podrían citarse hoy, a menudo sin cambios.
Por ahora, simplemente citaré la conclusión del respetado erudito anglicano J.N.D. Kelly con respecto a San Agustín:
“No hace falta decir que Agustín identifica a la Iglesia con la Iglesia católica universal de su época, con su jerarquía y sacramentos, y con su centro en Roma”.
J.N.D. Kelly, “Early Christian Doctrines” (edición revisada), 412-13.
Recuerde, esto fue mucho después de que Roma dejara de ser la capital del Imperio Romano occidental. El emperador pagano Diocleciano había puesto fin a su función administrativa siglos antes. Ésta no era una realidad política y contingente que San Agustín aceptó a regañadientes. Era simplemente la naturaleza de la única Iglesia verdadera debido a la cátedra establecida en Roma por San Pedro (a la que se refiere San Agustín).
Uno de los criterios que utilicé para ayudarme a discernir la verdad sobre a qué Iglesia se referían realmente los Padres fue hacer esta pregunta básica: “¿En qué Iglesia se puede seguir haciendo la afirmación X del Padre Y con la menor calificación?”
Esa Iglesia fue casi siempre la Iglesia Católica. De hecho, la descripción consistente que hace San Agustín de esta Iglesia católica, con el centro de su unidad y autoridad en Roma, sigue correspondiendo a una sola Iglesia hasta el día de hoy.
Nunca esperé que hubiera una correlación 1:1 (de ahí “menor calificación”) y, de hecho, no estoy afirmando que la haya en todos los aspectos. Esa simplemente no es la realidad.
Ni siquiera la Iglesia de la era apostólica era 1:1 en todos los aspectos.
Por ejemplo, un cristiano que vivió y murió en los primeros 20 años aproximadamente después de que Cristo resucitó de entre los mu**tos no habría tenido Escrituras del Nuevo Testamento. Los cristianos de las décadas siguientes lo harían. Este es un cambio enorme y uno de los innumerables ejemplos de cómo la vida de la Iglesia cambia de diversas maneras, pero su esencia sigue siendo la misma.
Entonces, en esta afirmación sobre San Agustín, ¿estoy afirmando que todos los aspectos de ser católico son iguales hoy? No. No fue exactamente lo mismo para San Agustín en el siglo V que para San Ignacio de Antioquía en el siglo I y II, etc. No fue lo mismo para los católicos en el año 100 d.C. que en el año 35 d.C. .
Pero sí significa que la esencia estructural sigue siendo la misma. Esto es parte de la constitución eterna establecida por el mismo Cristo para aquellos bajo el Nuevo Pacto.
San Agustín es claro en muchos lugares que la Iglesia perdurará en su existencia y estructura hasta el regreso de Cristo.
Por lo tanto, si eso es cierto, y si el centro divinamente designado de su unidad y autoridad es Roma, entonces San Agustín necesariamente creía que cualquiera que fuera la Iglesia Católica en el futuro, conservaría su carácter esencial: una organización jerárquica y sociedad sacramental “con centro en Roma”.
8) Autoridad de Iglesia Católica. "En la Iglesia Católica, sin hablar de la sabiduría más pura, al conocimiento de la cual pocos hombres espirituales llegan en esta vida, de manera que la sepan, de la manera más extensa, efectivamente, porque son hombres, todavía con incertidumbre (ya que el resto de la multitud de gente deriva toda su seguridad no de la agudeza de intelecto, sino de la simpleza de la fe,) - sin hablar de esta sabiduría, la cual tu no crees que está en la Iglesia Católica, hay muchas otras cosas las cuales con mucha razón me mantienen en su seno. El consenso de la gente y las naciones me mantienen en la Iglesia; así también su autoridad, inaugurada por milagros, nutrida por esperanza, engrandecida por amor, establecida por edad. La sucesión de presbíteros me mantiene en ella, empezando por el mismísimo sillón del Apóstol Pedro, a quien el Señor, después de Su resurrección, le entregó a cargo que alimente Sus ovejas [Juan 21:15-17], en sucesión hasta el episcopado presente. Y así, finalmente, también el nombre mismo de católica, el cual, no sin razón, en medio de tantas herejías, la Iglesia ha así retenido; de manera que, aunque todos los herejes deseen llamarse católicos, sin embargo, cuando un extraño les pregunta donde se reúne la Iglesia Católica, ningún hereje se atreverá a señalarles a su propia capilla o casa. Tales son, entonces, en número e importancia los lazos preciosos que pertenecen al nombre cristiano los cuales mantienen a un creyente en la Iglesia Católica, como con mucha razón debería ser así, aunque por la lentitud de entendimiento, o por la escasa realización de nuestra vida, la verdad no se muestre completamente por si sola. Pero contigo, no hay ninguna de estas cosas que me atraigan o me mantengan, la promesa de verdad es lo único que es ofrecido. Ahora si la verdad puede ser tan claramente probada a tal punto de no dejar posibilidad de duda, debe ponerse ante todas las cosas que me mantienen en la Iglesia Católica; pero si solamente está la promesa sin ninguna realización, nadie me va a mover de la fe que ata mi mente con tantos lazos tan fuertes a la religión cristiana.
[...] Si tú te encuentras con una persona que no cree aun en las Escrituras, ¿Como le contestarías si esta te dice que no cree? Por mi parte, no creeré en las Escrituras a menos que la autoridad de la Iglesia Católica me mueva a ello. Así que cuando aquellos en cuya autoridad yo he aceptado creer en las Escrituras me dicen que no crea en Maniqueo, ¿Qué más puedo hacer sino aceptarlo? Escoge. Si tú dices, cree a los católicos: Su consejo para mi es que no ponga mi fe en lo que tú dices; así que, creyéndoles, soy prevenido de creerte; - Si tú dices, No creas a los católicos: Tú no puedes con rectitud utilizar las Escrituras para traerme a la fe en Maniqueo; porque fue bajo el mandato de los católicos que yo creí en las Escrituras. - Nuevamente, si tú me dices, estabas en lo correcto al creer a los católicos cuando ellos te dijeron que creas en las Escrituras, pero estabas equivocado al creer sus vituperaciones en contra de Maniqueo: ¿Me crees tan tonto como para creer lo que a ti te da la gana y no te da la gana, sin ninguna razón? Así que es por eso más justo y seguro, habiendo puesto a primera instancia mi fe en los católicos, no ir a ti, hasta que, en vez de que me insistas que te crea, me hagas entender algo de la manera más clara y abierta. Para convencerme, entonces, tienes que poner de lado las Escrituras. Si mantienes las escrituras, yo me apegaré a aquellos quienes me mandaron a creer en las Escrituras; y, en obediencia a ellos, no te creeré en lo absoluto. Pero si por casualidad tienes éxito en encontrar en las Escrituras un testimonio irrefutable del apostolado de Maniqueo, debilitarías mi consideración para con la autoridad de los católicos quienes me dicen que no te crea; y el efecto de esto será, que yo no creeré más en las Escrituras tampoco, porque fue a través de los católicos que yo recibí mi fe en ellas; y así lo que sea que me traigas de las Escrituras no tendrá más peso para conmigo. Así que, si no tienes una prueba clara apostolado de Maniqueo encontrada en las escrituras, yo creeré a los católicos en vez de a ti. Pero si tu encuentras, de alguna manera, un pasaje claramente a favor de Maniqueo, no les creeré ni a ellos ni a ti: ni a ellos, porque ellos me mintieron con respecto a Maniqueo; ni a ti, porque me estas citando esas Escrituras en las cuales he creído bajo la autoridad de "esos mentirosos". Pero lejos de que yo no vaya a creer en las Escrituras; creyendo en ellas, no encuentro nada en ellas que me haga creerte a ti." (San Agustín de Hipona. "En Contra de la Epístola de Mani Llamada "La Fundación" 4:5-6 [397 D.C.])
9) Culto a los Santos. Damos cultos a los mártires con un culto de amor y participación
Del tratado de san Agustín, obispo contra Fausto
El pueblo cristiano celebra la conmemoración de sus mártires con religiosa solemnidad, para animarse a su imitación, participar de sus méritos y ayudarse con sus oraciones, pero nunca dedica altares a los mártires, sino sólo en memoria de los mártires.
¿Pues quién es el obispo, que, al celebrar la misa sobre los sepulcros de los santos, haya dicho alguna vez: «Te ofrecemos a ti, Pedro», o: «a ti, Pablo», o: «a ti, Cipriano»? La ofrenda se ofrece a Dios, que coronó a los mártires, junto a los sepulcros de aquellos a los que coronó, para que la amonestación, por estar en presencia de los santos lugares, despierte un afecto más vivo para acrecentar la caridad con aquellos a los que podemos imitar, y con aquel cuya ayuda hace posible la imitación. Damos cultos a los mártires con un culto de amor y participación, con el que veneramos, en esta vida, a los santos, cuyo corazón sabemos que está ya dispuesto al martirio como testimonio de la verdad del Evangelio. Pero a aquéllos los honramos con mucha más devoción, por la certeza de que han superado el combate, y por ello les confesamos vencedores en una vida feliz, con una alabanza más segura que aquellos que todavía luchan en esta vida. Pero aquel culto que se llama de latría, y que consiste en el servicio debido a la divinidad, lo reservamos a solo Dios, pero no tributamos este culto a los mártires ni enseñamos que haya que tributárselo.
Ahora bien, la ofrenda forma parte de este culto de latría, y por eso se llama idolatría la ofrenda hecha a los ídolos; pero nosotros no ofrecemos nada semejante, ni tampoco mandamos que se ofrezca, en el culto a los ángeles, los santos o los mártires; y, si alguien cae en tan gran tentación, se le amonesta con la verdadera doctrina, para que se corrija o para que tenga cuidado. Los mismos santos y los hombres se niegan a apropiarse estos honores exclusivos de Dios. Así hicieron Pablo y Bernabé, cuando los habitantes de Licaonia, después de haber visto los milagros que hicieron, quisieron ofrecerles sacrificios como a dioses; pero ellos, rasgando sus vestiduras, proclamaron y les persuadieron que no eran dioses, y, de esta forma, impidieron que les fuera ofrecidos sacrificios. Pero una cosa es lo que enseñamos, y otra lo que soportamos; una cosa es lo que mandamos hacer, y otra lo que queremos corregir, y así, mientras vamos buscando la corrección más adecuada, tenemos que tolerar muchas cosas.
10) Primado de Pedro. Esto es lo que hace la Iglesia, dichosa por su esperanza, mientras dura esta vida llena de dificultades. El apóstol Pedro, por la primacía de su apostolado, representaba de forma figurada la totalidad de la Iglesia.
11) SOBRE PEDRO!
Citas de San Agustín cuando comenta Mateo 16,18 o se refiere al Primado de pedro:
“Eran muchos los apóstoles y sólo a uno se dice: Apacienta mis ovejas. ¡Lejos de nosotros decir que faltan ahora buenos pastores; ¡lejos de nosotros el que falten, lejos de su misericordia el que no nos los produzca y establezca! En efecto, si hay buenas ovejas, hay también buenos pastores, pues de las buenas ovejas salen buenos pastores. Pero todos los buenos pastores están en uno, son una sola cosa. Apacientan ellos, es Cristo quien apacienta. Los amigos del esposo no dicen que es su voz propia, sino que gozan de la voz del esposo. Por lo tanto, es él mismo quien apacienta cuando ellos apacientan. Dice: Soy yo quien apaciento; pues en ellos se halla la voz de él, en ellos su caridad. Al mismo Pedro a quien confiaba sus ovejas, como si fuera su «alter ego», quería hacerle una cosa sola consigo, para de este modo confiarle las ovejas. Porque así él sería la cabeza y mantendría la figura del cuerpo, es decir, de la Iglesia”
San Agustín, Sermón 46,30
“La misma confesión, hecha mucho más tarde por Pedro, mereció que le llamara bienaventurado y le diera las llaves del reino de los cielos”
San Agustín, Sobre diversas cuestiones a Simpliciano, I,2,14
“En un solo apóstol, en Pedro, primero y principal en el orden de los Apóstoles y que representaba a la Iglesia, había que significar los dos grupos, esto es, los fuertes y los débiles; porque sin ambos no hay Iglesia”
San Agustín, Sermón,76, Pedro Camina sobre las aguas, 4
“No sin causa hace Pedro las veces de la Iglesia católica entre todos los apóstoles. A esta Iglesia se le dieron las llaves del reino de los cielos cuando se le dieron a Pedro.”
San Agustín, El combate cristiano, c.30
“Y lo lleva a Jesús. Jesús fija en él su mirada y le dice: Tú eres Simón, hijo de Juan, y tú te llamarás Cefas, que significa Pedro. No es gran cosa que el Señor diga de quién es hijo éste. ¿Qué es grande para el Señor? Sabía los nombres de todos los santos que predestinó antes de la existencia del mundo, ¿y te causa extrañeza que le diga a un hombre: ¿Tú eres hijo de tal y tú llevarás tal nombre? ¿Es gran cosa cambiarle el nombre y de Simón hacer Pedro? Pedro viene de piedra, y la piedra es la Iglesia. El nombre de Pedro es, pues, figura de la Iglesia. ¿Quién es el que está seguro sino el que construye sobre piedra?”
San Agustín, Sobre el evangelio de San Juan, 7,14
“Cuando, pues, hubo dicho a sus discípulos: ¿Queréis tal vez iros también vosotros?, respondió Pedro, la piedra aquella, en nombre de todos: ¡Señor!, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.”
San Agustín, Sobre el evangelio de San Juan, 11,5
“Pedro contesta, en nombre de todos, uno por muchos, la unidad por la universalidad.”
San Agustín, Sobre el evangelio de San Juan, 27,9
“Porque ¿quién no sabe que el beatísimo Pedro era el primero de los apóstoles?”
San Agustín, Sobre el evangelio de San Juan, 56,1
“Pedro, el primero de los apóstoles, recibió las llaves del reino de los cielos para atar y desatar los pecados a todos los justos pertenecientes inseparablemente al cuerpo de Cristo, para sostener el gobernalle de esta vida tempestuosa.”
San Agustín, Sobre el evangelio de San Juan, 124,7
“Hablando el Salvador sobre su pasión, por la que fuimos salvados, y, si no la hubiera padecido, no lo hubiéramos sido, Pedro, que poco antes confesó que Cristo era Hijo de Dios, y que en aquella confesión fue llamado Piedra, sobre la que se edificaría la Iglesia, dice al Señor, que habló poco después de esta confesión sobre su pasión: No hay tal cosa, Señor; séate Dios propicio; no sucederá esto. Poco antes le dice el Señor: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló la carne ni la sangre, sino mi Padre, que está en los cielos; y ahora incontinenti le dice: Vete detrás de mí, Satanás. ¿Qué significa vete detrás de mí, Satanás? Sígueme.”
San Agustín, Enarraciones sobre los Salmos, 55,15
“El apóstol San Pedro personificó a la Iglesia”
San Agustín, Enarraciones sobre los Salmos, 108,18
“No fue quitada en absoluto la palabra de la verdad de la boca de Pedro, que representaba a la Iglesia; porque si, turbado por el temor, negó de momento, sin embargo, se restableció llorando; y, confesando, fue después coronado.”
San Agustín, Enarraciones sobre los Salmos, 118, XIII, 3
“En efecto, a Pedro, único sobre quien organiza la Iglesia [Dicit enim Petro, in quo uno format Ecclesiam], le dice: Pedro, ¿me amas? El respondió: «Señor, te amo.» Apacienta mis ovejas.” San Agustín, Sermón,137,3 Obras completas de San Agustín, Tomo XXIII
“En muchos lugares de las Escrituras aparece Pedro simbolizando a la Iglesia, sobre todo donde se dice: Te daré las llaves del reino de los cielos. Todo lo que atares en la tierra, quedará atado también en el cielo, y todo lo que desatares en la tierra quedará desatado también en el cielo. ¿Acaso recibió Pedro estas llaves y no las recibió Pablo? ¿Las recibió Pedro y no las recibió Juan, Santiago y los restantes apóstoles? ¿O no son estas las llaves por las que en la Iglesia se perdonan a diario los pecados? Puesto que Pedro significaba a la Iglesia, lo que se le concedió a él solamente, se le concedió a la Iglesia. Por ende, Pedro significaba a la Iglesia, Iglesia que es el Cuerpo de Cristo”
San Agustín, Sermón,149,7
“Con razón, pues, el Señor, después de su resurrección, confió al mismo Pedro el cuidado de apacentar sus ovejas. No fue, ciertamente, el único entre los discípulos que mereció apacentar las ovejas del Señor; pero, cuando Cristo habla a uno solo, está encareciendo la unidad; habló primero a Pedro, por ser el primero de los apóstoles.”
San Agustín, Sermón,295,4
“El bienaventurado Pedro, el primero de los apóstoles, amador de Jesucristo el Señor a la vez que negador”
San Agustín, Sermón,296,1
“No escuchemos a los que niegan que la Iglesia de Dios pueda perdonar todos los pecados. Esos míseros, por no entender en Pedro la piedra y por negarse a creer que han sido dadas a la Iglesia las llaves del reino de los cielos, las han perdido ellos entre sus manos… Si esos cataros quisieran reconocer su nombre, se llamarían mundanos” San Agustín, El combate cristiano, 31,33
“No escuchemos a los que se apartaron de la unidad y prefirieron llamarse luciferianos antes que católicos… Porque en parte alguna deben reinar las entrañas de misericordia tanto como en la Iglesia católica; como auténtica madre, no debe insultar orgullosamente a los hijos pecadores ni oponer dificultades al perdón de los arrepentidos. No sin motivo hace Pedro las veces de la Iglesia católica entre todos los apóstoles. A esta Iglesia se le dieron las llaves del reino de los cielos cuando se le dieron a Pedro…”
San Agustín, El combate cristiano, 30,32
“Aun dejando de lado, repito, esta sabiduría que vosotros no creéis que se halle en la Iglesia católica, hay muchas otras cosas que me sujetan justamente en su seno. Me sujeta el consenso de los pueblos y las naciones; me sujeta su autoridad incoada con milagros, nutrida con la esperanza, acrecentada con el amor y asentada con la antigüedad. Me sujeta la sucesión de sacerdotes desde la misma cátedra del apóstol Pedro a quien el Señor confió, después de su resurrección, el pastoreo de sus ovejas, hasta el episcopado actual. Me sujeta finalmente el mismo nombre de «católica» que no sin motivo sólo esta Iglesia obtuvo entre tantas herejías.”
San Agustín, Réplica a la carta llamada «del Fundamento», 4
“¿qué te ha hecho la cátedra de la Iglesia romana, en la cual se sentó Pedro, y en la cual hoy se sienta Anastasio?”
San Agustín, Réplica a las cartas de Petiliano, Libro II, 51,18
“Cierto que el cisma se opone a la unidad, pero también se opone a la triple comunión plena de fe, de sacramentos y de amor, cuando se mantiene con soberbia y presunción, porque entonces resiste manifiestamente a la doctrina católica con obstinación, y se hace hereje porque hereje es el que, soberbio y obstinado, rechaza la regla de fe propuesta por la Iglesia católica en unión con Pedro”
Epist. 43 (año 397): 1; De baptismo (año 400-401): 4.
Así que tenemos que San Agustín cree en la autoridad de la Iglesia, en la Santa Tradición, en la Virgen María, en el Bautismo de niños, en la presencia real de Jesús en la Eucaristía, en la autoridad de la Iglesia Católica, en el culto a los Santos y en el Primado de Pedro sobre la Iglesia entre otros artículos de fe, mi estimado amigo, ¡ni te embulles que no vas! San Agustín fue más católico que yo a pesar de par de opiniones que no son infalibles.
Por último, voy a dejar que sea el mismo San Agustín (si, ese que manoseaste) quien te de un consejo:
“Cierto que el cisma se opone a la unidad, pero también se opone a la triple comunión plena de fe, de sacramentos y de amor, cuando se mantiene con soberbia y presunción, porque entonces resiste manifiestamente a la doctrina católica con obstinación, y se hace hereje porque hereje es el que, soberbio y obstinado, rechaza la regla de fe propuesta por la Iglesia católica en unión con Pedro”
Epist. 43 (año 397): 1; De baptismo (año 400-401): 4.
“La mentira capital y la primera que hay que evitar decididamente es la mentira en la doctrina religiosa.”
Créditos a Frank Morera
y su autoría para este tema....
Bendiciones
Comayagua
Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Defensa Cristiana Católica publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.