25/05/2026
Todos tenemos una medida de fe.
La fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. Aunque parezca pequeña, como un grano de mostaza, tiene el poder de crecer y multiplicarse.
Pero cuando la fe se pierde, comienza a entrar la muerte espiritual. El hombre pierde esperanza, propósito y dirección. Muchas veces deja de buscar a Dios porque ya no tiene la certeza de que Él sigue obrando.
La fe no solamente se trata de esperar.
La fe verdadera produce obras. La fe sin obras es mu**ta. Santiago 2:17
Por eso Jesús enseñó que primero debemos buscar el reino de Dios. Porque muchas veces el ser humano no se da cuenta de que perdió algo dentro de sí. Dios puso eternidad en el corazón del hombre, y por eso nada terrenal puede llenar completamente el vacío del alma.
Fuimos creados para Él. Éramos del Padre, pero nos perdimos, y Jesús vino a buscar lo que se había perdido. Él nunca dejó de amar al hombre.
Sin embargo, el pecado separa al hombre de Dios.
El que vive en pecado vive escondido de la presencia del Señor. Así como Adán se ocultó en el huerto, muchas veces el ser humano también se esconde espiritualmente.
Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros. Santiago 4:8
La fe crece cuando comenzamos a morir a lo carnal y dejamos que el Espíritu tenga dominio sobre nuestra vida. Porque cuando la carne le gana al espíritu, el crecimiento se detiene.
El viejo hombre debe morir. La semilla debe romperse para crecer.
La medida de fe comienza pequeña, pero Dios no quiere que nos quedemos siendo semilla toda la vida. Él quiere que crezcamos espiritualmente, que demos fruto y que nuestras raíces sean profundas.
Muchos comenzamos a crecer, pero nos estancamos. Y es ahí donde Dios permite procesos para hacernos madurar.
Pablo de Tarso pasó pruebas difíciles.
Incluso perdió su vista natural por un tiempo, pero ese proceso ayudó a abrir sus ojos espirituales.
A veces los procesos no vienen para destruirnos, sino para acercarnos más a Dios.
Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe. Hebreos 12:2
Jesús es el ejemplo perfecto.
Siendo Dios, se despojó de sí mismo, vino a la tierra y murió por amor a nosotros.
La verdadera fe también implica rendición.
Implica morir al yo, dejar atrás el pecado y volver al Padre.
Porque la fe no solamente se habla.
La fe se vive.
Damos la gloria a Dios, ayer en Cane, La Paz el Espíritu Santo obró el la vida de cada hermano y una alma más es de Cristo, lo cielos y nosotros hacemos fiesta por eso.
Esto recuerda a no desmayar y que nuestra fe día a día se multiplique.
Dios los bendiga grandemente.