21/05/2025
162 años después… ¿estamos más cerca o más lejos?
Hoy celebramos 162 años desde que, en Battle Creek, Michigan, un pequeño grupo de creyentes decidió organizar formalmente lo que ahora conocemos como la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Fue el 21 de mayo de 1863. Con apenas 3,500 miembros y 150 congregaciones, aquellos pioneros tenían un propósito claro: proclamar el mensaje de los tres ángeles y preparar al mundo para el pronto regreso de Cristo.
Hoy, con más de 23 millones de miembros y más de 100 mil iglesias en todo el planeta, parecería que hemos avanzado mucho. Pero no todo crecimiento numérico es sinónimo de progreso espiritual.
Porque, aunque el cuerpo ha crecido, el corazón parece haberse enfriado. Aunque el nombre se ha multiplicado, la misión parece haberse diluido. No se trata solo de mirar con orgullo el pasado, sino de hacer una pausa y preguntarnos con honestidad: ¿estamos más cerca del cumplimiento de nuestra misión o simplemente más cómodos en el desierto?
Un año más vagando es, en realidad, un año más de retraso. No es motivo de fiesta, sino de reflexión. El mundo clama por esperanza, y nosotros nos entretenemos en una ola de mundanalidad y comodidad, olvidando el mandato principal. Jesús no ha regresado no porque no quiera, sino porque su iglesia no ha terminado la obra.
Hoy no deberíamos celebrar solamente una fecha. Deberíamos arrodillarnos con humildad y pedir perdón. Deberíamos volver a las raíces, a ese fuego que ardía en el corazón de los pioneros, a esa urgencia de predicar como si el mundo terminara mañana.
"Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes" — Apocalipsis 10:11.
"Cristo espera con un deseo anhelante la manifestación de sí mismo en su iglesia. Cuando el carácter de Cristo sea perfectamente reproducido en su pueblo, entonces vendrá él para reclamarlos como suyos." — Eventos de los Últimos Días, página 36. Elena G. De White.
-Baluarte.