26/05/2026
El mayor tesoro que puede tener la Iglesia no es un edificio, un programa ni un número de personas — es la presencia del Espíritu Santo.
Cuando somos llenos de Él, las incomodidades se convierten en puertas, el poder de Dios se hace visible y nuestra oración deja de ser solo palabras.
Hoy más que nunca, la Iglesia necesita cuidar ese tesoro