12/05/2026
| Martes, 12 de mayo de 2026 - Evangelio según San Juan 16, 5-11
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: “¿Adónde vas?”. Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza ha llenado vuestro corazón. Sin embargo, os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a vosotros; en cambio, si me voy, os lo enviaré.
Y cuando venga, dejará convicto al mundo con respecto al pecado, a la justicia y al juicio. Al pecado, porque no creen en mí; a la justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis más; al juicio, porque el príncipe de este mundo está juzgado».
Reflexión: Una ausencia que se convierte
El Evangelio de hoy nos muestra a unos discípulos con el corazón "lleno de tristeza". Es una reacción muy humana: cuando sentimos que algo bueno se termina o que alguien a quien amamos se aleja, nos cuesta ver más allá del dolor de la pérdida. Sin embargo, Jesús les hace una promesa que suena paradójica: "Os conviene que yo me vaya".
☑ El regalo del Paráclito: Jesús no se va para abandonarnos, sino para estar presente de una manera nueva y más profunda. Mientras estuvo en la tierra, estaba limitado por el tiempo y el espacio; a través del Espíritu Santo, habita ahora en el interior de cada creyente. Su partida es, en realidad, el inicio de una cercanía sin fronteras.
☑ La luz de la Verdad: El Espíritu Santo tiene la misión de "dejar convicto al mundo", es decir, de poner claridad donde hay confusión. Nos ayuda a reconocer el pecado (la falta de fe), la verdadera justicia (la victoria de Jesús sobre la muerte) y el juicio (la derrota definitiva del mal).
☑ Superar la tristeza: La tristeza de los discípulos nacía de mirar solo lo que perdían. Jesús nos invita hoy a mirar lo que ganamos: la guía constante de un Defensor que nos ayuda a discernir la verdad en medio de un mundo ruidoso.
En nuestra Parroquia Corazón de María, hoy podemos pedir la gracia de no dejarnos abatir por las "ausencias" o los cambios difíciles de la vida. Que el Espíritu Santo nos abra los ojos para descubrir que el Señor sigue actuando en nosotros, dándonos la fuerza para caminar incluso cuando no lo vemos físicamente.
Para meditar hoy: ¿Hay alguna tristeza en mi vida que me impide ver la acción del Espíritu Santo? ¿Confío en que Dios puede sacar un bien mayor incluso de las situaciones que hoy me parecen una pérdida?