12/11/2021
CÓMO CAMBIAR EL MIEDO POR EL AMOR
Me encanta esta cuota que citó Jeffrey R. Holland de C.S. Lewis, un escritor británico que se convirtió al Cristianismo (no es miembro de la Iglesia), refiriéndose a cómo Lewis, se imaginaba que Jesucristo nos hablaba::
"No quiero tu tiempo ni tu dinero ni tu trabajo tanto como te quiero a ti.
Quiero que me entregues tu yo Natural y te daré a cambio un nuevo Yo, de hecho te daré a mí mismo."
CSLewis
Narrado por el apóstol Jeffrey R. Holland, en la Conferencia de Octubre 2021, en la sesión del Sábado por la mañana.
Quisiera compartir mis reflexiones acerca de esta frase.
Me encanta lo que dice C.S.Lewis, acerca de entregarnos a Cristo para que El nos cambie nuestro yo natural, que es enemigo de Dios, a nuestro yo divino, que es nuestra verdadera naturaleza que tenemos todos como hijos de Dios.
Me encanta que el apóstol Holland cite a alguien que no es miembro de la Iglesia en vez de citar una escritura.
Además del hermoso significado de esta frase de Lewis, me alegra saber que los profetas de Dios, son personas abundantes, con mentes abundantes, que no se cierran a solo las escrituras, como fuente de inspiración.
Al hacerlo no niegan que otras personas, aunque no sean de la Iglesia, puedan recibir inspiración para ayudar a los hijos de Dios.
Esto está muy en armonía con un Dios de abundancia, no un Dios de carencia.
Dios nunca ha limitado, ni limitará su amor y conocimiento a sólo un grupo privilegiado de sus hijos.
El amor y el conocimiento de Dios es para todos.
Quienes somos nosotros para cerrar nuestra mente y corazón y decir que porque algo no está escrito en las escrituras no es verdadero?
O que solo los miembros de su Iglesia podemos acceder al conocimiento de Dios?
El amor de Dios, lo encontramos en todos lados, no solo en la Iglesia. Lo podemos sentir en la naturaleza, en todas las creaciones de Dios que incluye los hijos de Dios aunque no sean miembros de la Iglesia.
A los padres que pertenecen a este grupo y están tristes porque sus hijos no van a la Iglesia, les quiero decir como mamá SUD con un testimonio del evangelio de Jesucristo, de su Iglesia y de su verdad, que Dios nos ama a cada uno de sus hijos, que el tiene un Plan perfecto para cada uno de nuestros hijos.
No lo podemos ver con ojos naturales, pero cuando nos llenamos del amor de Dios, y dejemos de ver las diferencias entre nosotros y nuestros hijos, entre nosotros y los hijos de Dios que no pertenecen a su Iglesia, cuando dejemos de juzgar a otros porque nos creemos mejores que otros, porque son diferentes que nosotros y no piensan como nosotros, cuando veamos las IGUALDADES y no las DIFERENCIAS, sólo allí empezaremos a sentir con el corazón el amor de Dios y nos llenaremos de su amor, y sólo así seremos realmente felices.
4 Nefi 1: 15-17
15 Y ocurrió que no había contenciones en la tierra, a causa del amor de Dios que moraba en el corazón del pueblo.
16 Y no había envidias, ni contiendas, ni tumultos, ni fornicaciones, ni mentiras, ni asesinatos, ni lascivias de ninguna especie; y ciertamente no podía haber un pueblo más dichoso entre todos los que habían sido creados por la mano de Dios.
17 No había ladrones, ni asesinos, ni lamanitas, ni ninguna especie de -itas, sino que eran uno, hijos de Cristo y herederos del reino de Dios.
Que hermoso debe ser vivir asi!
Ahora, Por qué vivian felices y no habían divisiones?
Sería porque no pecaban?
No.
Eran felices porque el amor de Dios, moraba en sus corazones y por eso no había divisiones y por eso no pecaban.
Si queremos el mismo efecto en nuestras vidas y la vida de nuestros hijos, tenemos que estar en la frecuencia de Dios, o vibrar en Dios como me gusta decir.
Y esto no se limita a ir a la Iglesia y leer las escrituras.
Esto implica trabajar la autosuficiencia emocional y aprender a regular tus emociones.
Las emociones elevadas son los frutos del Espíritu Santo.
Nuestras emociones impactan nuestras acciones, hábitos y comportamientos.
Vibramos con las emociones que rigen en nuestras vidas.
Si vibramos en amor, cosecharemos más amor.
En tiempos modernos, yo diría:
No había cristianos, ni musulmanes, ni judíos, ni chinos, ni blancos, ni hispanos, ni americanos, ni altos, ni bajos, ni ricos ni pobres. NO se juzgaba al hermano ni se le apartaba por su cultura, su situación financiera, su genero, su condición o preferencia sexual.
Como sobreviviente de haber sido una mamá gallina por muchos años, todavía disfruto llevar a mi última hija al colegio y le encargo mi hija a Dios.
Le digo:
"Padre, cuida a mi hija y yo cuidaré a tus hijos"
Una parte de mi, mi mujer natural tiene temor a veces que mi hija vaya a cometer errores, que se deje influenciar por el mundo.
Sin embargo, cuando menos rechazo o juzgo a aquellos que no se parecen a mí y no tienen mis principios, cuando menos veo las diferencias, cuando veo a otras jóvenes, amigas de mi hija, con amor y por su esencia, no por su aparencia, dejo de enfocarme en esa raya que me divide de otros.
Mientras menos me enfoco en esa raya que me divide de otros, y los veo como hijos de Dios que también quieren ser amados y felices, más veo las similitudes.
En esa vibración de amor, en la Frecuencia de Dios, se aparta el miedo y el rechazo y entra el amor.
El miedo y el rechazo no puede co-existir donde hay amor y aceptación.
La aceptación no es resignarse.
La aceptación pertence a la frecuencia de Dios.
La resignación no pertenece a la frecuencia de Dios.
Cuando sembramos desde la aceptación y el amor, la cosecha es más amor.
Desde el amor entiendo que todo es perfecto, que todo estará bien pase lo que pase.
Silvia Gálvez - Coach Transformacional
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