13/12/2025
A menudo nos vemos como Moisés frente a la zarza: llenos de excusas, mirando nuestras limitaciones y pensando "¿Quién soy yo para hacer esto?". Pero la diferencia entre el Moisés inseguro y el que abrió el mar no fue su propia fuerza, sino quién estaba con él.
Dios no llama a los capacitados, Él capacita a los llamados. Tu inseguridad no es un obstáculo para Dios; es el escenario perfecto para que Su poder se perfeccione en tu debilidad. Si te sientes pequeño hoy, recuerda que no se trata de lo que tú puedes hacer, sino de lo que Él hará a través de ti cuando te atrevas a creerle.