25/03/2026
LA BIBLIA ES ÚNICA.
Ningún otro libro ha sido atacado como ella, examinado como ella o criticado como ella. Y aun así, ninguno ha logrado mantenerse firme como la Biblia. A lo largo de los siglos, muchos de sus críticos han desaparecido, pero la Biblia sigue vigente hasta hoy. Es un libro verdaderamente sorprendente.
Jesús mismo explicó algo clave sobre por qué su mensaje suele generar rechazo cuando dijo: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:19). Con estas palabras, Jesús se presenta como la luz que entra en el mundo para revelar lo que realmente hay en el corazón humano. La luz no solo permite ver el camino, también hace visibles las cosas que están ocultas. De la misma manera, la Palabra de Dios actúa como esa luz que pone en evidencia nuestra condición interior. Como dice Hebreos 4:12, es una palabra viva y eficaz, que discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
Por eso, el mensaje de la Biblia no se limita a enseñar ideas o principios, sino que toca directamente la vida de las personas. Cuando la Escritura señala el pecado —como también se expresa en Juan 3:20, donde se dice que quien hace lo malo odia la luz y no viene a ella para que sus obras no sean reprendidas—, es común que surja rechazo. No necesariamente porque el mensaje sea difícil de entender, sino porque confronta cosas que muchas veces no queremos reconocer ni cambiar. En el fondo, el problema no es la claridad de la Biblia, sino la disposición del corazón para aceptar lo que ella muestra.
En ese sentido, el rechazo hacia la Biblia no contradice su naturaleza, sino que la confirma. Al ser una luz que proviene de Dios, su función es precisamente iluminar, confrontar y dejar al descubierto lo que necesita ser transformado.