21/01/2026
Hermanos guatemaltecos, nuestro corazón está triste. No podemos ser indiferentes ante el dolor que atraviesa nuestra nación en estos días. La violencia ha arrebatado vidas, el miedo intenta instalarse en nuestras calles y la incertidumbre del estado de sitio nos rodea.
Lloramos con las familias de los policías caídos y oramos por la seguridad de quienes están en peligro.
En momentos como este, es fácil preguntarse: "¿Dónde está Dios?".
Pero es precisamente ahora cuando nuestra fe debe dejar de ser una teoría para convertirse en nuestra ancla.
La Palabra de Dios nos dice: "Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo" (Salmo 23, 4).
Hoy, Guatemala pasa por ese valle oscuro. La maldad parece hacer ruido, pero recordemos que el mal no tiene la última palabra.
¿Cuál es nuestro llamado como Iglesia en este momento?
No ceder al pánico, sino acudir a la oración: El miedo paraliza, la fe moviliza. Doblemos rodillas por nuestra tierra. Oremos por protección divina sobre cada ciudadano, sobre las fuerzas de seguridad que arriesgan su vida y por sabiduría para nuestras autoridades.
Ser agentes de paz: Que de nuestra boca no salga más odio ni división. En redes sociales, en la calle, seamos bálsamo. "Bienaventurados los pacificadores..." (Mateo 5, 9).
Orar por la conversión: Esto es difícil, pero es el mandato de Cristo. Oremos para que Dios toque los corazones de piedra de quienes siembran el terror. No hay oscuridad que la luz de Cristo no pueda penetrar.
Guatemala, no estás sola. Dios sigue sentado en Su trono. Levantemos la mirada, cuidémonos unos a otros y mantengamos encendida la lámpara de la esperanza.
Oremos juntos:
Señor Jesús, mira a nuestra Guatemala. Abrazamos a las familias que hoy lloran. Te pedimos protección alrededor de nuestro país. Que tu Espíritu Santo traiga consuelo y que Tu justicia y Tu paz prevalezcan sobre la violencia. En Ti confiamos. Amén.