Milagroso Señor Sepultado
El Santo Cristo Crucificado de las Ánimas
En 1670 ya estaba la imagen de Cristo Crucificado en nuestro Santuario de San Felipe, de lo cual tenemos información de las Cofradías que aparecen en el Santuario del Apóstol San Felipe:
Cofradía del Santo Cristo Crucificado de las ánimas en el año de 1715
Cofradía del Sepultado en el año de 1859
En el año de 1773 en la fiesta
de Santa Marta fue el gran terremoto que destruyó la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala y destruyo también el Santuario del Apóstol San Felipe, toda la Ciudad se traslado menos el pequeño pueblo de San Felipe por ser muy pobres y desde entonces el Santo Cristo Crucificado de las ánimas se queda acostado y enterrado en uno de los muros. Después del terremoto de Santa Marta la imagen queda como un sepultado. En 1780 el 30 de enero el Padre Miguel Rafael Dávila Quiñones trasladó la parroquia de San Sebastián y dejo escrito en el libro de Bautizos que la aldea de San Felipe no se traslado. El señor Arzobispo Dr. Luis Peñalver y Cárdenas en 1804 en visita pastoral por la antigua ciudad de Santiago, encontró en San Felipe un sepulcro como lo dejó escrito en su visita en donde estaba nuestra imagen Milagrosa. En este contexto podemos ubicar un primer grabado anónimo de 1820, publicado en el libro Semana Santa Tradicional en Guatemala , de Luis Luján Muñoz. Que nos aproxima a la importancia que el culto al Señor Sepultado de San Felipe había alcanzado desde principios del siglo XIX. La imagen que se presenta del Señor no es un retrato de la escultura, más bien se representa la misma con la vestimenta cotidiana que lucia en el altar que le servía de trono sepulcral donde se veneraba, según historiador Luján lucia “una especie de gorra o cofia en la cabeza, como usaban los enfermos a fines del siglo XVII o principios de la siguiente centuria” (Ídem. Es interesante en el examen de dicha fuente que nos hace pensar en otro tipo de presentación del Señor que sin duda obedecía a otra forma de culto relacionada con la liturgia de la época de la dominación española de nuestro país. El libro citado anteriormente de (Luján : 1982) nos muestra en la pagina 165, otro “Grabado anónimo en cobre de mediados del siglo XIX” de la misma escultura con la diferencia que se ha cambiado ostensiblemente el entorno y la forma de presentación de la escultura del Señor que en este otro grabado se aproxima más a la idea de un retrato, situación que se hace evidente en la presentación de las manos y rostro aunque no llega a la calidad de reproducción del modelo original, nos hace recordar la imagen a quienes la conocemos reforzado con un letrero tipo cartela que la identifica plenamente. En el análisis de dicha representación es muy importante advertir una nueva presentación de la imagen propia de la segunda mitad del siglo XIX, donde las antiguas vestiduras al estilo de un enfermo o difunto han perdido vigencia a consecuencia del avance de la ideología liberal que habría transformado las antiguas cofradías en hermandades, estas últimas, menos ligadas al Estado y a las prácticas religiosas de los tiempos de la colonia como procesiones de sangre, ayunos extremos y otras manifestaciones de penitencia extrema. El sepulcro de Cristo pasa a ser un vistoso trono funerario de inspiración barroca y la escultura del Señor pasa a lucir vistosas túnicas bordadas en estilo francés que revela la influencia liberal pero como cosa curiosa no abandona el uso del resplandor de Tres Potencias, de antiguo Cristo de Animas, con el cambio de atuendo y entorno que enriqueció su presentación. Este grabado en cobre debió haber sido impreso y sirvió de inspiración para la tarjeta titulada “EL S: SEPULTADO DE SAN FELLIPE” que constituyó valiosa pieza de la colección de tarjetas impresas en Francia por la casa L.TURGIS PARIS Edit. Pré vost Despalangues & Tardif de las esculturas más veneradas en Guatemala lo que hace evidente el posicionamiento del Señor Sepultado de San Felipe a principios del siglo XX. El grabado nos da una idea del retablo en que se veneraba la escultura y podemos fácilmente asociarlo a otros retablos conocidos como de El Santo Sepulcro. El mueble debió haber sido repuesto del anterior donde la presentación de la escultura era bastante diferente en apariencia aunque en esencia debió haber sido similar con la imagen de la Santísima Virgen de la Soledad Sobre el Sepulcro. En los albores del siglo XX encontramos un nuevo tesoro que se suma al culto del Señor Sepultado de San Felipe rescatado por el antropólogo Carlos Navarrete en su libro El Romance tradicional y el corrido en Guatemala. Universidad Nacional Autónoma de México. México, 1987. Pp. 54, 60,61 y 62. En dicha publicación nos refiere un Alabado al Señor de San Felipe, publicado por la Tipografía la Unión Antigua Guatemala. Contemporánea de esta joya de la música religiosa tradicional encontramos una urna realizada con materiales europeos por manos nacionales que fue cedida por la Hermandad del Señor Sepultado de San Felipe para el uso de la escultura de la misma advocación de la iglesia de la Merced de La Antigua Guatemala. Dicha Joya de arte suntuario es la que antiguamente ocupaba el Señor en su tradicional procesión del Santo Entierro cada Viernes Santo. Según evidencias presentadas por el historiador Juan Alberto Sandoval Aldana en un manuscrito inédito que pronto verá la luz pública que aborda la historia de la Semana Santa en La Antigua Guatemala. En el año 1923 fue estrenada la joya más grande con que cuenta el Señor Sepultado de San Felipe de Jesús y que le sirve de casa, su templo construido en estilo neogótico con gran esfuerzo de la comunidad local encabezada por el recordado padre Guitart. En la nueva iglesia se colocó una urna en el mismo estilo que la edificación del templo, elaborada en Francia, según podemos deducir de una inscripción situada en la cabecera exterior izquierda de la misma que dice: “Maurice Lenain, Farricant. 34 Rué St. Sulpice, Paris.” En la que permanece el Señor Sepultado a manera de trono presidiendo el templo del poblado de San Felipe de Jesús. La imagen del Señor Sepultado paso a lucir una nueva presentación que le dio su nueva urna y atuendo inspirado en el estilo neogótico matizado con gusto chapín evidente en la utilización de una cabellera barroca y ropajes de bordados franceses. Esta nueva imagen de la escultura Señor Sepultado, impactó considerablemente a los fieles dentro y fuera de nuestras fronteras, ya que inspiró el modelo para la fabricación en serie del retablo de madera Jesús en el sepulcro de la fábrica El Arte Católico de Francisco Bochaca, puesto a la disposición del publico en su catalogo de ventas editado en Barcelona en 1929. P.74
La nueva presentación del Señor Sepultado de San Felipe fue utilizada también en fotomontajes de su antiguo sepulcro para tratar de enmendar el error que habría causado la publicación de su tarjeta en la colección de grabados franceses y que no muestra un retrato en el sentido estricto de la palabra que fue reforzado por un letrero tipo cartela que dice: “Milagrosa imagen del Señor Sepultado de San Felipe de la Antigua G.”
En el año 1941 nuevamente se dieron pasos adelante en el culto del Señor Sepultado de San Felipe con motivo que por primera vez pasó frente a la Catedral de La Antigua Guatemala , fue aquel Dorado Año cuando se comenzó a adoptar la marcha fúnebre Martirio del maestro Alberto Velásquez como la emblemática de la procesión de Viernes Santo, como era de esperarse en las grandes ocasiones se contó con una partitura transcrita y firmada por el mismo maestro. Esta pieza musical era interpretada en la mayoría de procesiones de Pasión de nuestro medio, sin embargo, su posicionamiento en el ideario nacional se consumó debido a que se le asocia a la solemne procesión del Santo Entierro del Señor Sepultado de San Felipe. Dicha composición obedece a los cánones de la escuela de música alemana desarrollados en la antigua Escuela de Sustitutos fundada en 1875 y cultivada por varias generaciones de compositores alumnos egresados de esta casa de estudios. La composición cuenta con dos partes una introductoria y tema principal, ambas de muy corta duración, medidos para ser expuestas en pocos minutos y pueda ejecutarse perfectamente dentro del templo o en recorrido de una procesión. Las elegantes notas de esta composición fueron el marco propicio para el estreno en aquel recordado año de 1941 de la elegante urna procesional en que sirve actualmente de trono funeral para la imponente procesión del Santo Entierro. Esta valiosa joya de las artes suntuarias nacionales fue realizada por los artistas Francisco Paz Moran y Fidel Guerrero. En aquellos años se sumo otra espléndida joya consistente en un hermoso resplandor de plata que antiguamente era la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, que pasó posteriormente a ser Jesús de las Palmas del templo de Capuchinas, esta presea ya no cabía como parte de la iconografía que representaba la imagen y fue adquirida por el Señor Lino Araujo quien la obsequió al Señor de San Felipe. Según nos relató el historiador José Belgara quien por muchos años fue encargado del adorno de Jesús de las Palmas; las fotografías del antiguo Corazón de Jesús y la primera tomada al Señor Sepultado de San Felipe con este aderezo confirman la veracidad de sus afirmaciones que le fueron relatadas por el recordado altarero Ramiro Araujo (Q.E.D.P.)