03/01/2026
La Iglesia nos recuerda que toda autoridad es pasajera, y que el poder, cuando se ejerce sin justicia, verdad y servicio, termina revelando sus límites. No nos corresponde alegrarnos por la caída de nadie, sino orar por la conversión de los corazones, por las víctimas de la injusticia y por los pueblos que han sufrido a causa de decisiones erradas.
Hoy más que nunca, estamos llamados a orar por Venezuela, por sus familias, por quienes han sufrido silencio, exilio y dolor. Y también a pedir sabiduría para quienes toman decisiones, para que la justicia no sea venganza y la paz no sea solo una palabra, sino un camino real.
Que este momento nos recuerde que solo Dios es juez perfecto, y que nuestra misión como cristianos es ser instrumentos de paz, verdad y misericordia, incluso en los escenarios más complejos de la historia.