13/06/2026
LITURGIA DE HOY🙏
SÁBADO DE LAS 10A SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO
--DEL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (5, 33-37)--
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua.
Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.
Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia". El les respondió: "¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?" Ellos no entendieron la respuesta que les dio.
Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.
---Reflexión---
José y María, el matrimonio que Dios invitó a hacerse cargo del cuidado y desarrollo de su Hijo, conocían la Escritura y no sólo la conocían sino que respetaban la ley, acudían a la sinagoga y participaban de las celebraciones del pueblo judío, no se sentían privilegiados sobre los demás, más bien ese llamado que recibieron y que aceptaron lo tradujeron en una vida plena de obediencia a la voluntad del Padre.
Gran angustia deben haber experimentado ambos al no encontrarlo en la caravana, el mismo Dios les había encomendado el cuidado de quien sería llamado el Hijo de Dios, cuyo Reino no tendrá fin, y en un descuido, lo pierden de vista; han perdido el tesoro y no tienen certeza de que lo van a recuperar. Estoy seguro que los que tienen la bendición de ser padres de familia pueden imaginar la gran angustia que envolvería su corazón al perder un hijo y darse cuenta a un día de camino. José y María actuaron de inmediato, regresaron a Jerusalén a buscarlo, no sabemos qué pasó por su cabeza, pero nos podemos imaginar el difícil escenario.
Si tú tienes la bendición de ser padre o madre ¿será que hoy tus hijos siguen en la caravana contigo para tratar de alcanzar una vida vivida en el Señor? O se han quedado en alguna parte del camino. Y si tú no tienes todavía esa dicha, estoy seguro que el Señor te habrá confiado ya algún tesoro, ya sea en tus padres, en tus hermanos, en amistades para acompañarlos en el camino. ¿Qué estamos haciendo para que los que están cerca de nosotros vayan también en la caravana del Señor? ¿he descubierto el llamado que tengo para dar testimonio y mostrarles a los que están cerca la necesidad de unirnos a esa caravana?
Todos somos llamados a eso, el Papa León XIV nos hizo ese llamado “que todos nos comprometamos a contribuir a la gran misión de la Evangelización —que es siempre una obra de amor— según nuestra propia vocación y los dones que hemos recibido” y ese llamado está sustentado en nuestro bautismo, desde ahí estamos llamados a testificar y a dar razón de nuestra fe por medio de nuestra vida.
Jesús siendo un muchacho se revela ante los doctores de la ley con una sabiduría tal que los dejó asombrados, luego creció y comenzó su vida pública obrando el bien e invitando a todos a la conversión. Esa revelación está en nuestras manos, y sin embargo, muchas veces no queremos escucharla, preferimos mantenernos con nuestras creencias y seguir viviendo como si no pasara nada. Hoy el Señor te invita a asombrarte de todas sus promesas, te invita a conocerlas y a llevarlas a la práctica ¿Qué vas a hacer a partir de hoy para retomar el camino hacia la caravana del Señor? Todos hemos sido llamados a seguirlo y a vivir en plenitud, pero depende de una decisión, que quieras.
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