05/05/2026
En la Iglesia de Cristo no hay lugar para el orgullo, no hay gente intocable. El Señor Jesucristo platicaba con la gente en las calles, se detenía por los niños, etc. Hoy en día, tristemente, en muchas iglesias no es así. El predicador termina de predicar y se encierra en su oficina sin saludar a las ovejas a la salida, por ejemplo. Ese no es el ejemplo que nos dejó nuestro Salvador y Señor.
Yo, el Hijo del hombre, lo hago así. No vine a este mundo para que me sirvan, sino para servir a los demás. Vine para dar mi vida por la salvación de muchos.» (Mateo 20.28-TLA).