14/07/2025
Reflexión de la semana en nuestra iglesia:
Dios no le confía una misión de adulto a un cristiano inmaduro
Dios es sabio. Así como un padre responsable no le da un automóvil a un niño, ni una empresa a un adolescente, Dios no deposita tareas espirituales profundas, responsabilidades ministeriales serias o llamados trascendentales en manos de quienes aún no han crecido en carácter, obediencia y madurez espiritual.
Muchos quieren “hacer cosas grandes para Dios”, pero no han permitido que Dios haga cosas profundas en ellos. Se entusiasman con el escenario, pero no soportan el silencio del discipulado. Sueñan con multitudes, pero no soportan el peso del anonimato. Anhelan autoridad, pero rehúyen la humildad.
La Biblia está llena de ejemplos de preparación antes de la misión:
• Moisés fue preparado 40 años en el desierto antes de liderar al pueblo (Éxodo 3).
• David fue ungido joven, pero no reinó hasta que Dios lo formó en la soledad (1 Samuel 16).
• Pablo fue apartado desde el vientre, pero pasó años en Arabia antes de comenzar su ministerio público (Gálatas 1:17–18).
Cristianos inmaduros quieren hacer la obra sin llevar la cruz, hablar en nombre de Dios sin conocer su corazón, y tomar decisiones eternas sin haber sido forjados por la Palabra.
Hebreos 5:12-14 dice:
“Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios… Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez.”
No se trata de tiempo en la iglesia, sino de transformación por Cristo. Dios busca siervos firmes, que no huyan en medio de la batalla, que no se quiebren ante la crítica, ni se llenen de orgullo cuando Él los usa.
¿Qué nos toca hacer?
• Dejar de poner excusas y comenzar a crecer: en oración, en la Palabra, en servicio sincero.
• Pedirle a Dios que nos madure, aunque eso implique corrección, desierto y silencio.
• Esperar el tiempo de Dios y no forzar puertas que solo se abren con fidelidad.
Dios no tiene prisa, pero sí propósito.
Él no te usará a gran escala para destruirte. Te formará, te probará y luego te confiará una misión conforme a tu madurez.
No te desesperes: Él está más interesado en tu transformación que en tu desempeño.